La cobertura del nivel inicial en Argentina registró avances importantes en los últimos diez años, sobre todo entre los niños de 3 y 4 años. Aun así, el país todavía se ubica entre los niveles más bajos de la región para los chicos de 3 años y mantiene desigualdades profundas por nivel socioeconómico. Los datos surgen del último informe de Argentinos por la Educación, elaborado por Martín Nistal y Lucía Vallejo, que compara tasas de asistencia y brechas sociales en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay.
Según las cifras de 2024, el 83% de los niños argentinos de entre 3 y 5 años asiste al nivel inicial. El porcentaje es similar al de Chile con 82% y al de Perú con 83%. Sin embargo, queda por debajo de Uruguay, que lidera la región con 93% de cobertura en esa franja. El estudio advierte que el principal desafío está en las edades más tempranas y en los hogares de menores ingresos.
El problema se concentra en los 3 años. En Argentina solo asiste el 55% de los chicos de esa edad, muy por debajo del 91% a los 4 años y del 98% a los 5. Las brechas por nivel socioeconómico son marcadas. Entre los niños de 3 años del quintil más pobre solo va al jardín el 41%, el registro más bajo entre los países analizados. En cambio, en los hogares de mayores ingresos la asistencia sube al 63% y en los sectores medios trepa al 71%.
Las diferencias también son fuertes a los 2 años. Apenas el 10% de los niños argentinos más pobres accede a algún espacio educativo, frente al 44% de los sectores más ricos. Esa brecha de 34 puntos se reduce con la edad. A los 4 años, el 83% del quintil más bajo asiste contra el 97% del quintil más alto, una diferencia de 14 puntos. A los 5 años la cobertura es casi universal, con tasas de entre 97% y 100% en todos los sectores.
En el promedio regional, el nivel inicial muestra una expansión sostenida pero con desigualdades. En Argentina, la brecha de asistencia entre el quintil más pobre con 74,8% y el más rico con 89,8% alcanza 15 puntos para niños de 3 a 5 años. El informe señala que el acceso sigue condicionado por los ingresos del hogar y que los chicos de contextos vulnerables son quienes más se beneficiarían de la educación temprana.
Entre 2014 y 2024, Argentina fue uno de los países que más amplió la cobertura. La asistencia a los 3 años pasó del 40% al 55%, un aumento de 15 puntos, el segundo mayor crecimiento después de Uruguay. A los 4 años subió del 75% al 91%, un salto de 16 puntos, el más alto de la región para esa edad. Solo Uruguay con 97% y Perú con 94% tienen niveles mayores de cobertura en chicos de 4 años. A los 5 la escolarización ya estaba casi universalizada.
Ianina Tuñón, del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, sostuvo que la asistencia en contextos de pobreza actúa como catalizador del entorno familiar. Los chicos que van al jardín reciben más estímulos en el hogar, como cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos, frente a sus pares del mismo nivel socioeconómico que no asisten. Para Tuñón, cerrar las brechas de asistencia potenciaría el capital cultural y emocional dentro de los hogares más vulnerables.
Gabriela Fairstein, profesora de la UBA y FLACSO, consideró alentador el aumento de cobertura pero advirtió desafíos pendientes. Señaló que la asistencia sigue siendo menor entre los sectores más vulnerables y que la oferta para sala de 3 está fragmentada, con muchas instituciones fuera del sistema formal. Sumó el ausentismo creciente desde la pandemia y la deuda de cobertura para el tramo de 0 a 2 años. Destacó que el descenso de la natalidad es una oportunidad histórica que requiere decisión política de inversión.
Florencia Lopez Boo, profesora de la Universidad de Nueva York, remarcó que la primera infancia es clave para la formación de capital humano y que la región aún enfrenta graves desafíos de cobertura y calidad. Apuntó que la asistencia al jardín a los 3 años es alrededor de 10 puntos superior en zonas urbanas que en rurales, por lo que pidió priorizar intervenciones costo efectivas en zonas rurales donde el acceso es más limitado.
Celia Rosemberg, investigadora del Conicet y profesora de la UBA, advirtió que el desafío pendiente se concentra en las edades más tempranas y en los sectores vulnerados. A los 2 años, apenas el 10% del quintil más pobre asiste en Argentina, frente al 42% en Chile y el 54% en Uruguay. A los 3 años, el 41% local contrasta con el 49% de México, el 55% de Perú, el 57% de Chile y el 82% de Uruguay. Señaló que esto implica desigualdad temprana en experiencias educativas de calidad, sistemáticas y lingüísticamente ricas.
Carolina Semmoloni, del Centro de Investigación Aplicada en Educación, explicó que el acceso fragmentado se da en un contexto donde casi la mitad de las familias con niños pequeños vive en situación de pobreza. Indicó que la oferta estatal para el primer ciclo, de 45 días a 3 años, sigue siendo escasa frente al sector privado. Por eso, la responsabilidad suele transferirse a las familias y al mercado, lo que refuerza desigualdades. Consideró que la baja de la natalidad desde 2016 es una oportunidad para planificar la expansión con equidad.
Alejandra Perinetti, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, agregó que las dificultades económicas, la precarización laboral y la falta de redes de cuidado impactan en la asistencia. Afirmó que ampliar la cobertura no puede pensarse solo como infraestructura o vacantes disponibles. Reclamó políticas integrales que acompañen a los territorios con desigualdades más persistentes y sostuvo que garantizar acceso a espacios educativos y de cuidado desde edades tempranas mejora trayectorias y ayuda a interrumpir ciclos de exclusión.