El endeudamiento dejó de ser una dificultad aislada para transformarse en un problema que atraviesa a millones de familias argentinas. De acuerdo con el denominado Mapa de la Deuda, el 17% de la población —alrededor de ocho millones de personas— presenta algún nivel de incumplimiento en sus compromisos financieros.
El impacto es todavía más profundo entre los jóvenes y alcanza cifras alarmantes en distintos municipios del Conurbano bonaerense. En Almirante Brown, por ejemplo, la morosidad afecta al 41% de las personas menores de 25 años, más del doble del promedio registrado en toda la provincia de Buenos Aires.
Los datos fueron expuestos por Hernán Stebano, integrante del Centro de Estudios para la Ciudad (CEC), durante una entrevista con el programa El Termómetro. El especialista explicó que el relevamiento fue construido a partir de la información publicada por el Banco Central y permite observar el endeudamiento según la edad, el sexo y la ubicación geográfica de las personas.
“Es un mapa interactivo a raíz de información que vuelca el Banco Central. Sucede una situación de endeudamiento de las familias, no es un problema de particulares. Es el 17% de la población, que son ocho millones de personas”, explicó.
Los menores de 25 años, en el centro de la crisis
Uno de los principales datos que arroja el estudio es el fuerte incremento de la morosidad entre los menores de 25 años. Según Stebano, se trata de una tendencia que puede observarse tanto en el Conurbano como en el resto del país, aunque en algunos distritos bonaerenses adquiere una dimensión especialmente grave.
“La provincia de Buenos Aires tiene un endeudamiento del 20% y en Almirante Brown, entre los menores de 25 años, se va al 41%. Eso se da en toda la región y en todo el país”, detalló.
El especialista advirtió que muchos de esos jóvenes todavía no lograron incorporarse de manera estable al mercado laboral, pero ya arrastran antecedentes financieros negativos debido a la situación económica de sus hogares.
“Muchos pibes ni siquiera son parte del mundo del trabajo y ya tienen problemas financieros porque tienen problemas económicos sus familias”, sostuvo.
De esta manera, la deuda familiar termina trasladándose hacia los integrantes más jóvenes. Cuando los adultos ya no tienen margen en sus tarjetas o encuentran cerradas las vías tradicionales de financiamiento, recurren a cuentas, aplicaciones o instrumentos crediticios registrados a nombre de sus hijos.
El riesgo, explicó Stebano, es que esos jóvenes comenzarán su vida económica con antecedentes negativos y con menores posibilidades de acceder posteriormente a préstamos personales, créditos hipotecarios u otras herramientas formales.
“Cuando esos pibes quieran tomar una deuda real van a contar con antecedentes negativos”, alertó.
Del supermercado a las billeteras virtuales
El informe también muestra un cambio en los motivos del endeudamiento. Para una parte creciente de la población, el crédito dejó de estar asociado con la compra de bienes durables o con proyectos de largo plazo y pasó a utilizarse para cubrir necesidades esenciales.
Las familias recurren a la tarjeta de crédito para comprar alimentos, pagar servicios o afrontar gastos cotidianos. Cuando se agota esa posibilidad, buscan préstamos bancarios y, finalmente, acuden a billeteras virtuales, fintech, neobancos o emisoras de tarjetas que ofrecen dinero de forma rápida, pero muchas veces con tasas elevadas.
“Hay una percepción de que la familia se empezó a endeudar con tarjeta para pagar el supermercado, luego con el banco, después cayó en las billeteras virtuales y muchas veces endeudan a los pibes porque no tienen historial”, describió Stebano.
Para el integrante del CEC, en este fenómeno confluyen el deterioro de los ingresos y la conducta de un sistema financiero que amplía el crédito sin evaluar suficientemente las consecuencias sociales.
“Se juntan la irresponsabilidad del sistema financiero y la cuestión económica, que es terrible”, afirmó.
El endeudamiento para cubrir alimentos y servicios aparece con fuerza en la provincia de Buenos Aires, el Conurbano y también en diferentes distritos del sur del país. Se trata de zonas donde, según el especialista, los niveles de ingresos deberían ofrecer una situación relativamente mejor, pero donde numerosas familias tampoco consiguen cubrir el costo de vida.
“En lugares donde tendría que estar mejor la situación, se están endeudando para comer y pagar servicios”, remarcó. Frente a ese escenario, consideró indispensable avanzar con “una recomposición salarial urgente”.
Fintech, créditos rápidos y regulación ausente
Stebano puso especial atención sobre el papel de las empresas financieras digitales. Mientras los bancos tradicionales suelen negarles el acceso al crédito a quienes no tienen ingresos comprobables o antecedentes suficientes, las fintech y billeteras virtuales ofrecen préstamos con menores requisitos.
Esa facilidad de acceso puede convertirse en una trampa para los jóvenes y las familias que necesitan resolver gastos inmediatos, debido a los intereses aplicados y a la rapidez con la que una deuda pequeña puede multiplicarse.
“A muchos jóvenes los bancos no los atienden, pero sí las fintech, los neobancos y las emisoras de tarjetas de crédito, con un marco regulatorio bastante ausente y una irresponsabilidad social donde solo importa prestar y endeudar”, cuestionó.
El especialista también advirtió que estas plataformas utilizan información sobre búsquedas, consumos y transferencias para determinar qué usuarios recibirán una oferta crediticia y bajo qué condiciones.
“El algoritmo incita a tomar deuda en función de búsquedas, de transferencias, y así fijan la tasa”, explicó. En ese sentido, cuestionó “el poder que manejan estas aplicaciones” y sostuvo que la ausencia de controles estatales les permite incrementar todavía más su influencia sobre las decisiones económicas de las personas.
Hostigamiento y utilización de datos personales
Otro de los aspectos cuestionados es el mecanismo utilizado por empresas y estudios de cobranza para reclamar las deudas. Stebano recordó que la legislación de defensa del consumidor prohíbe las prácticas de hostigamiento, aunque denunció que algunos acreedores llegan a comunicarse con familiares, compañeros de trabajo y otros contactos del deudor.
“El vecino no se está endeudando porque quiere, sino por lo básico. Hay una ley de defensa al consumidor que impide el hostigamiento masivo, porque te endeudan y llaman a todos tus contactos utilizando datos que no autorizaste”, señaló.
El integrante del Centro de Estudios para la Ciudad reclamó una mayor intervención estatal, tanto para regular la concesión de créditos por parte de las plataformas digitales como para proteger la información personal de los usuarios.
“La responsabilidad es del Estado para poner un marco regulatorio también en el uso de los datos, porque estamos bastante atrasados en ese sentido”, concluyó.
El Mapa de la Deuda expone así una problemática que supera la responsabilidad individual: familias que encadenan distintos mecanismos de financiamiento para cubrir necesidades elementales, jóvenes que ingresan al sistema con antecedentes negativos y plataformas que amplían su capacidad de ofrecer préstamos y utilizar información personal en un escenario de controles insuficientes.