PAíS | 20 JUL 2026

INFORME

59% de los chicos de 8 años ya tiene celular propio: las escuelas prohíben, pero el impacto en el aprendizaje es incierto  

Un informe revela que 6 de cada 10 alumnos de 3er grado tienen teléfono. Al menos 11 provincias avanzaron con restricciones en las aulas. Los estudios internacionales muestran que baja la distracción, pero no siempre mejora el rendimiento.




Seis de cada diez chicos de 8 años en Argentina tiene celular propio. El dato surge del informe “Celulares: ¿prohibir o no prohibir?” de Argentinos por la Educación, en base al operativo Aprender 2024.

Según el estudio, el 59% de los alumnos de 3er grado de primaria cuenta con un teléfono móvil. Otro 23% no tiene dispositivo propio pero usa el de algún familiar. Solo el 18% no accede a un celular.

La tenencia es alta en todo el país, pero con brechas. En Santa Cruz, Catamarca y Tierra del Fuego supera el 65%, mientras que en Misiones y Formosa ronda el 40%. Por nivel socioeconómico también hay diferencia: 63% en el quintil más alto frente a 52% en el más bajo. En secundaria el número trepa al 90%, según Aprender 2023.

11 provincias ya regularon el uso en las escuelas

Ante la preocupación por atención, aprendizaje y bienestar, al menos 11 jurisdicciones –el 45% del país– sancionaron leyes, resoluciones o protocolos.

CABA, Santa Fe y Formosa aplican limitaciones amplias en inicial y primaria. Buenos Aires solo restringe en secundaria. Mendoza autoriza el uso únicamente con fines pedagógicos y bajo supervisión. Salta y Tucumán dejan que cada escuela adapte la norma. El 55% restante aún no tiene marcos definidos.

A nivel internacional la tendencia es similar. Según UNESCO, los países con alguna restricción formal pasaron de menos de 25% en 2023 a cerca de 60% en 2026. Hay modelos como Francia, Países Bajos y Chile con prohibiciones generales, y otros como Brasil, Finlandia y Dinamarca que permiten uso pedagógico.

¿Sirve prohibir? La evidencia es dispar

La mayoría de las investigaciones coincide en un punto: las restricciones reducen el uso del celular y las distracciones en clase. Las normas más estrictas logran bajar de forma importante el tiempo de pantalla durante la jornada.

Sin embargo, el impacto en el rendimiento académico es ambiguo. Algunos estudios muestran mejoras moderadas, sobre todo en alumnos de bajo desempeño o sectores vulnerables. Otros no encuentran cambios significativos, incluso con prohibiciones estrictas. En convivencia y bullying los resultados también son mixtos.

"No hay que dejarse deslumbrar por las tecnologías"

Para Andrea Goldín, coautora del informe e investigadora del CONICET en la UTDT, la prohibición “barre el problema bajo la alfombra”. 

“Considero que no hay que dejarse deslumbrar por las tecnologías, sino aprender a usarlas con objetivos pedagógicos claros, no que ellas nos usen a nosotros”, sostuvo.

Alejandro Artopoulos, de la Universidad de San Andrés, planteó que la prohibición es una respuesta reactiva a una crisis de salud mental: “Ni el prohibicionismo es una solución, ni deberíamos culpar solo a los algoritmos”.

Lucía Fainboim, de Bienestar Digital, advirtió sobre la naturalización: “Me preocupa que hayamos naturalizado que un niño de ocho años tenga un celular propio. Las plataformas piensan al niño como posible usuario y consumidor. Los adultos tenemos que pensarlos como niños que merecen una infancia plena”.

Melina Masnatta, especialista en tecnología educativa, cerró: “Más que discutir si prohibir o no, el desafío es preguntarnos cómo mediar el uso de la tecnología con criterios pedagógicos para mejorar la convivencia y los aprendizajes”.