La crisis industrial volvió a golpear con fuerza en el corredor Zárate-Campana. Este lunes, trabajadores de distintos gremios marcharon por el centro de Campana para acompañar a los empleados de Cabot, luego de que la empresa anunciara el cierre definitivo de su planta de negro de humo, una decisión que dejará a unas 150 familias sin empleo entre trabajadores directos y tercerizados.
La movilización reunió a obreros de la construcción nucleados en la UOCRA, trabajadores de Fate, estatales, petroquímicos y empleados vinculados al complejo nuclear de Atucha. La consigna que atravesó la protesta fue una sola: la preocupación por la caída de la actividad, el cierre de industrias y la pérdida acelerada de puestos laborales en una de las zonas fabriles más importantes de la provincia de Buenos Aires.
“Hoy el obrero es pobre trabajando”, resumió Antonio, trabajador de la construcción de la delegación Zárate de la UOCRA, en diálogo con C5N durante la protesta frente a la estación ferroviaria de Campana. “Nosotros no queremos planes sociales, queremos trabajo. El trabajo dignifica”, agregó.
La situación de la construcción aparece entre las más golpeadas por la paralización de obras y la baja de la actividad industrial. Cristian, también obrero de la UOCRA, contó que tiene dos hijos y describió el impacto cotidiano de la crisis en los hogares trabajadores. “No podemos llevar un plato de comida a casa, no podemos vivir bien como tiene que vivir un trabajador”, lamentó.
El reclamo excedió el conflicto puntual de Cabot. Durante la marcha también participaron operarios vinculados al proyecto nuclear CAREM 25, en Lima, quienes denunciaron que el freno de la obra dejó a cientos de trabajadores sin empleo. “Era un proyecto estratégico para el país y quedó prácticamente abandonado”, sostuvo uno de los obreros presentes. Otro capítulo más de esa costumbre tan moderna de llamar “ordenamiento” a dejar gente en la calle, como si el hambre fuera un Excel mal cargado.
El eje central de la protesta fue el cierre de Cabot, una empresa dedicada a la producción de negro de humo, insumo clave para la fabricación de neumáticos. Según denunciaron los trabajadores, directivos brasileños llegaron la semana pasada a la planta y comunicaron de manera inmediata el final de las operaciones en Argentina.
“Vinieron dos directivos de Brasil, reunieron a toda la gente en el comedor y notificaron el cierre definitivo de Cabot Argentina”, explicó Mario Di Pablo, secretario general del Sindicato de Trabajadores del Negro de Humo y empleado de la firma desde hace 15 años.
Los trabajadores remarcaron que la planta estaba en funcionamiento, tenía producción y contaba con stock disponible, por lo que rechazaron que el cierre responda a un problema de productividad. “No es un problema de productividad. Es una decisión comercial”, señaló Gustavo, empleado de Cabot con 26 años de antigüedad. “Pasamos muchas crisis y siempre pusimos el pecho”, agregó.
Desde la CGT regional Zárate-Campana también apuntaron contra el modelo económico nacional y advirtieron sobre el impacto de la medida en toda la cadena industrial. Carlos Gutiérrez, secretario general de la central obrera en la región, calificó la situación como “una bestialidad”.
“Cabot es una planta modelo. Tenía stock y producción. Lo que decidieron fue convertir a Argentina en un centro logístico y producir afuera”, afirmó Gutiérrez, en una frase que sintetiza el temor de los gremios: que el cierre no sea un hecho aislado, sino parte de un proceso más amplio de desindustrialización y reemplazo de producción nacional por importaciones.
La preocupación también atraviesa a los trabajadores de Fate, que llevan más de 90 días reclamando por la reapertura de sectores paralizados. Delegados de la empresa del neumático advirtieron que el cierre de fábricas vinculadas a la cadena industrial genera un efecto dominó sobre proveedores, contratistas y empleos indirectos.
“Estamos ante un modelo que no apuesta a la producción nacional”, sostuvo uno de los delegados de Fate presentes en la marcha. “Hoy cierran una fábrica y mañana cae toda la cadena”, advirtió.
A lo largo de la movilización se repitieron testimonios de trabajadores mayores de 50 años, muchos de ellos con décadas de experiencia en industrias altamente especializadas, que temen no poder reinsertarse en el mercado laboral. El cierre no sólo implica la pérdida de un salario: también golpea sobre trayectorias laborales completas, oficios acumulados durante años y hogares que dependen de un único ingreso.
“Tenemos oficio, experiencia y capacitación, pero a esta edad nadie te toma”, expresó Gustavo, trabajador de Cabot de 54 años y padre de familia.
La marcha avanzó por la avenida Roca hasta la plaza principal de Campana, donde los gremios entregaron un petitorio para reclamar políticas públicas destinadas a sostener el empleo industrial y evitar nuevos cierres en la región.
El conflicto en Cabot expone una postal cada vez más repetida en el mundo del trabajo: plantas con capacidad productiva, trabajadores capacitados y cadenas industriales activas que quedan sometidas a decisiones empresariales tomadas lejos del territorio.