El senador bonaerense Carlos Kikuchi volvió a poner sobre la mesa un proyecto de ley que apunta a restringir el uso de teléfonos celulares en las escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires. La iniciativa propone prohibir el uso de dispositivos electrónicos durante las horas de clase, tanto en instituciones públicas como privadas, con el objetivo declarado de mejorar la concentración y fortalecer los procesos de aprendizaje.
La propuesta establece que los estudiantes no podrán utilizar celulares ni otros dispositivos durante el horario curricular. Sin embargo, introduce una excepción clave: su uso estaría permitido durante los recreos o intervalos, lo que busca equilibrar la regulación sin eliminar completamente el acceso a la tecnología dentro del ámbito escolar.
En los fundamentos del proyecto, Kikuchi plantea que el crecimiento exponencial del uso de teléfonos móviles entre adolescentes obliga a abrir un debate sobre su lugar en el aula. “Resulta necesario lograr una regulación dentro de las escuelas, al igual que en otros ámbitos de la vida cotidiana, en pos de mejorar la calidad educativa y fomentar la concentración y socialización”, sostuvo el legislador.
El argumento central gira en torno al impacto directo que los dispositivos tienen en la dinámica de clase. Según Kikuchi, la presencia constante de celulares “distrae la atención, molesta a los demás y le resta eficacia al dictado de las clases, produciendo trastornos en el aprendizaje”. Traducido: competir contra TikTok no es precisamente un juego justo para ningún docente.
Excepciones pedagógicas y rol institucional
Lejos de una prohibición absoluta, el proyecto contempla excepciones con fines educativos. En esos casos, el uso de celulares deberá estar vinculado a actividades pedagógicas específicas, previamente autorizadas por docentes o autoridades escolares.
Para habilitar estos usos, la iniciativa establece condiciones claras: el empleo de dispositivos deberá formar parte de un proyecto educativo, contar con aval institucional, estar incluido en el plan de estudios y ser comunicado a las familias, incluyendo contenidos, duración y horarios. Es decir, si el celular entra al aula, no es para scrollear memes, sino porque alguien lo pensó antes.
El proyecto ya había sido presentado en 2024, pero perdió estado parlamentario. Ahora, en el marco del nuevo período legislativo, Kikuchi busca reinstalar el debate en la Legislatura bonaerense, apoyándose en estudios que advierten sobre el impacto negativo del uso excesivo de pantallas en el desarrollo cognitivo y emocional de los adolescentes, además de la restricción que ya se encuentra vigente en la provincia, pero en los niveles inicial y primario.
Experiencias concretas: escuelas que ya avanzan
Mientras la discusión legislativa sigue su curso, algunas instituciones educativas comenzaron a tomar decisiones por cuenta propia. Es el caso de la Escuela Secundaria N°58 “Tripulantes del Repunte” de Mar del Plata, que implementará desde el 1 de abril una restricción al uso de celulares en el aula.
Su director, Alejandro Díaz de Tuesta, explicó que la medida surgió a partir de los problemas planteados por los docentes: interrupciones constantes, estudiantes conectados a videojuegos y el uso de auriculares durante las clases. “Los dispositivos sonaban permanentemente y los chicos estaban conectados”, describió.
El proceso incluyó instancias de consulta con toda la comunidad educativa. Primero se informó a las familias sobre los efectos del uso del celular en clase, luego se realizaron encuestas a estudiantes, padres y docentes. El resultado fue contundente: consenso generalizado en que el uso de estos dispositivos afecta negativamente el aprendizaje.
Aun así, el directivo aclaró que la medida no será aplicada desde una lógica punitiva. “No vamos a estar en un rol de policía, apelamos a la buena fe de los estudiantes y la familia”, señaló. Además, adelantó que se trabajará en la actualización de acuerdos de convivencia para acompañar la implementación.
La discusión sobre el uso de celulares en las aulas no es nueva, pero vuelve con fuerza en un contexto donde la tecnología atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana. Entre la necesidad de incorporar herramientas digitales y el desafío de sostener la atención en el aula, el sistema educativo parece buscar un punto de equilibrio que todavía no termina de encontrar.