jueves 05 de noviembre de 2026
- Edición Nº2892

Municipios

POLÍTICA

La costa bonaerense se achica: Monte Hermoso y Pehuen-Có ya pierden hasta un metro de playa por año

10:43 | Un relevamiento del Ministerio de Ambiente y el CONICET sobre 800 kilómetros de litoral reveló que el 66% está muy degradado. La erosión no es solo por el mar: la urbanización sobre médanos, los espigones y el turismo aceleran la pérdida.



Las playas bonaerenses están retrocediendo y el fenómeno ya no es una proyección a futuro. Es un proceso en marcha.

Un informe elaborado por el Ministerio de Ambiente de la provincia junto al Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET) analizó 104 puntos estratégicos entre Magdalena y Coronel Rosales, a lo largo de unos 800 kilómetros de costa.

El resultado es contundente: solo el 14% de los sectores relevados conserva buenas condiciones. El 66% presenta una degradación geomorfológica alta y el 20% restante, un deterioro intermedio.

Monte Hermoso y Pehuen-Có, en la zona más golpeada

En el sudoeste bonaerense, Monte Hermoso y Pehuen-Có aparecen entre las localidades más afectadas. Allí la costa retrocede entre 50 centímetros y un metro por año.

En Pehuen-Có, algunas playas urbanas ya tienen menos de 50 metros de ancho. La erosión come los médanos, genera escarpas y derrumbes y pone en riesgo calles y caminos cercanos a la costa. Para frenar el impacto de las tormentas, en varios sectores se colocaron grandes bolsones de arena en la base de los médanos.

En Monte Hermoso, el retroceso también amenaza la infraestructura turística y la principal atracción del destino: sus playas.

Cuánto más podría perderse

Las proyecciones del estudio advierten que el problema se va a agravar.

Para 2045, el retroceso promedio de la línea de costa se estima entre 17,8 y 19,6 metros. Hacia 2100, la pérdida podría llegar a entre 47,4 y 69,7 metros, según el escenario climático.

El aumento del nivel del mar, las sudestadas cada vez más intensas, las lluvias fuertes, la suba de las temperaturas y las olas de calor aparecen entre los factores que pueden acelerar el proceso.

No es solo el mar: la mano del hombre también erosiona

El informe deja en claro que el cambio climático no explica todo. Las intervenciones humanas modifican el funcionamiento natural de las playas.

La construcción sobre los médanos, la urbanización de la primera línea de costa y las obras rígidas de defensa, como espigones y escolleras, alteran el movimiento de la arena. Pueden proteger un sector, pero trasladan el problema a la playa de al lado.

De hecho, el 86% de las defensas costeras relevadas son estructuras rígidas: el 58% son espigones y escolleras y el 28% enrocados.

Qué proponen para frenar el deterioro

Frente a este escenario, el Ministerio de Ambiente propone avanzar hacia un Manejo Costero Integrado.

Entre las medidas recomendadas figuran recuperar los médanos con vegetación nativa, limitar la circulación de vehículos sobre la arena y promover balnearios desmontables y de bajo impacto.

El estudio también plantea coordinar políticas entre municipios, para que una obra pensada para contener la erosión en un distrito no termine agravando el deterioro en otro.

Mar Chiquita, Quequén, Miramar y La Costa también en alerta

El problema no se concentra en el sudoeste. Se extiende a casi todo el litoral.

En Mar Chiquita, en Camet Norte y Santa Clara del Mar, se registraron retrocesos de hasta 94 metros en los últimos 20 años. La erosión afecta acantilados y playas, mientras los espigones modificaron el traslado natural de sedimentos.

En Quequén, en Bahía de los Vientos, la prolongación de la escollera sur del puerto alteró el transporte de arena. El resultado es un desequilibrio: algunos sectores acumulan arena y otros la pierden. También hay daños en la avenida costanera y riesgo para viviendas sobre los acantilados.

En Miramar, los acantilados de materiales blandos sufren el golpe permanente del oleaje, con desprendimientos que amenazan construcciones cercanas.

En el Partido de La Costa, Santa Teresita, Las Toninas y Mar de Ajó figuran entre las localidades vulnerables. Allí la urbanización sobre médanos, la eliminación de dunas y los desagües pluviales que descargan directo sobre la playa profundizan el deterioro.

En Mar del Plata, en tanto, la ocupación urbana alcanza casi todo el frente marítimo y la conservación de algunas playas depende de trabajos periódicos de reposición de arena.

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