La pérdida del empleo no terminó con la espera por cobrar lo trabajado. Despedidos de Granja Tres Arroyos se manifestaron este viernes frente a la planta de La Lonja, en Pilar, para reclamar salarios atrasados, aguinaldos e indemnizaciones, en un conflicto que comprende 1.250 desvinculaciones en distintas plantas de la compañía avícola.
“Prácticamente estamos mendigando, porque esa plata es nuestra, pero la estamos mendigando”, expresó Fernando, quien trabajó ocho años en la empresa. En declaraciones televisivas aseguró que le adeudan seis meses de sueldo, además del aguinaldo y la indemnización, y cuestionó que los representantes de la firma no se presenten a las instancias de mediación.
El trabajador contó que tiene dos hijas y que sostiene el hogar con changas y los ingresos de un emprendimiento de su esposa, vinculado con eventos durante los fines de semana. “No venimos a pedir que nos regalen nada, porque esa plata nosotros la trabajamos”, sostuvo, al explicar el motivo de la protesta.
Del trabajo estable a vivir de lo que aparezca
Luis, otro de los despedidos, llevaba siete años en la planta y afirmó que no cobra desde mayo. Desde entonces, realiza trabajos de pintura, albañilería y electricidad, mientras el salario de su esposa permite cubrir parte de la alimentación, las cuentas y el colegio de su hija.
“Nos echaron a todos, nos dieron la espalda, nos dejaron a la deriva sin nada”, manifestó. Su testimonio expuso la incertidumbre de quienes, además de buscar otra ocupación, continúan esperando una respuesta por los ingresos pendientes.
También describió las dificultades de compañeros que comenzaron a trabajar con aplicaciones de transporte. Según relató, algunos deben pagar hasta $400.000 semanales por el alquiler de un vehículo y manejar entre nueve y doce horas diarias para intentar obtener una ganancia.
Deudas y cuestionamientos a la representación gremial
Marcela, quien se desempeñaba en el servicio médico de la planta, aseguró que también fue despedida y que atraviesa una situación de endeudamiento. “Yo debo más de 21 millones de tarjetas, porque había sacado un auto para trabajar de Uber”, relató.
La exempleada cuestionó, además, la actuación del gremio durante las asambleas y sostuvo que sus intervenciones críticas le generaron conflictos con la representación sindical. También denunció que se facilitó el acceso a créditos mientras se acumulaban atrasos salariales, una situación que, según su relato, agravó las dificultades económicas de los trabajadores.
Los testimonios reunidos en La Lonja muestran cómo la falta de pago se extiende sobre toda la vida familiar: las cuentas se acumulan, los ingresos de las parejas sostienen gastos esenciales y las changas reemplazan al empleo perdido. Frente a la planta, el reclamo sigue siendo concreto: cobrar los salarios, el aguinaldo y las indemnizaciones que denuncian adeudados.