La crisis de las pequeñas y medianas empresas ya no se mide solo por la cantidad de persianas que bajan, sino por lo que pasa puertas adentro de las que logran seguir abiertas: cada vez funcionan con menos trabajadores.
En el último año, las PyMEs formales perdieron 49.300 empleos asalariados registrados. En paralelo, en el mismo universo se sumaron 186.700 trabajadores no registrados y 42.700 monotributistas. El resultado es un crecimiento del empleo total del "Mundo PyME" que esconde una transformación profunda: menos trabajo formal y más modalidades precarias.
El achicamiento de las plantillas es una tendencia de largo plazo. Las empresas de hasta 100 trabajadores tienen hoy una dotación formal 1,5% menor que hace diez años. En el caso de las microempresas, su peso dentro del empleo registrado cayó del 20% al 18% en el mismo período.
El ajuste laboral convive con la desaparición de empresas. A mediados de este año quedaban activas 506.457 PyMEs formales, unas 21.800 menos que en el pico de 2023. Solo en 2025 cerraron cerca de 8.000 firmas y en mayo de este año la cantidad volvió a caer 1,8% interanual, con un dato clave: el 90% de esa baja correspondió a microempresas.
El ajuste silencioso de las que no cierran
El informe advierte que el problema excede a las empresas que cierran definitivamente. Entre las que sobreviven también hay un recorte constante: puestos que no se cubren, contrataciones congeladas y estructuras que operan al mínimo.
Ese escenario se da en una economía con crecimiento desigual. Si bien la actividad subió 4,4% en 2025, los dos sectores que más empleo generan -industria y comercio- retrocedieron 3,9% y 1,3% respectivamente.
Así, mantener una empresa abierta ya no garantiza sostener el nivel de producción ni los puestos de trabajo. La crisis de las PyMEs se traduce en menos asalariados formales y más informalidad y monotributo para sostener la actividad.