Robin M. Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, calificó el episodio como "único y sin precedentes". Según explicó, existen antecedentes de personas que sobrevivieron a problemas médicos durante ejecuciones por dificultades para acceder a una vena, pero no de una persona que haya permanecido con vida después de recibir los medicamentos utilizados para una ejecución mediante inyección letal.
La defensa de Pike sostuvo que la mujer estaba atravesando una "agonía innecesaria" y que el procedimiento podía constituir una violación de su derecho constitucional a no ser sometida a un castigo cruel e inusual.
Los abogados también reclamaron que el Departamento Correccional actuara para salvarle la vida. "No brindar esa atención constituye una indiferencia deliberada ante necesidades médicas legítimas y graves", afirmaron en una presentación judicial.
La Corte Suprema había habilitado la ejecución
El intento de ejecución estuvo rodeado de una intensa disputa judicial desde las primeras horas del martes.
El Sexto Circuito de Apelaciones había suspendido la inyección letal una hora antes del horario previsto. El tribunal consideró que necesitaba más tiempo para analizar las denuncias de abusos sexuales que Pike afirmó haber sufrido durante su infancia y determinar si esas circunstancias habían sido evaluadas adecuadamente al momento de dictarse la condena.
La oficina del fiscal general apeló la decisión ante la Corte Suprema de Estados Unidos, que posteriormente habilitó la reanudación de la ejecución.
El crimen por el que fue condenada
Pike fue condenada a muerte por el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años, cometido en enero de 1995. En ese momento, Pike tenía apenas 18 años y ambas asistían a un centro de capacitación laboral en Knoxville.
Según los fiscales, Pike llevó a Slemmer hasta una zona boscosa porque creía que la joven intentaba quitarle a su pareja.
La acusación sostuvo que la atacó con un cúter y le destrozó el cráneo con un trozo de asfalto. El caso tuvo una fuerte repercusión nacional debido a que un pentagrama fue tallado en el cuerpo de la víctima, lo que generó especulaciones relacionadas con el satanismo. Además, se quedó con un pedazo del cráneo de la víctima que luego presumió.
El novio de Pike, Shipp, también fue condenado por el crimen. Tenía 17 años al momento del asesinato y recibió una pena de prisión perpetua con posibilidad de libertad condicional. Él admitió que fue quien talló el símbolo en el cuerpo de Slemmer.
Pike fue la única condenada a muerte por el homicidio. La mujer nunca negó su participación en el crimen, pero sus abogados pidieron que se consideraran su edad, sus trastornos mentales y los abusos sexuales que denunció haber sufrido en la infancia.
Después del asesinato, Pike fue diagnosticada con trastorno bipolar y estrés postraumático. En su pedido de clemencia sostuvo que en un principio pretendía pelearse físicamente con Slemmer, pero que perdió el control: "Era una chica de 18 años con una enfermedad mental", declaró. "Me llevó muchos años comprender la gravedad de lo que había hecho".
May Martinez, madre de la víctima, había expresado su deseo a que la sentencia se cumpliera: "Cada vez que pienso en ello, pienso en Colleen sintiendo ese dolor y tratando de levantarse y correr". Luego contó que junto a su esposo juntaron dinero para viajar desde Florida para presenciar la ejecución.
Christa Gail Pike se iba a convertir en la primera mujer ejecutada en el estado en más de 200 años.