Javier Milei volvió a llevar el reclamo argentino por las Islas Malvinas a la Asamblea General de las Naciones Unidas y eligió hacerlo con una crítica frontal al propio organismo internacional, al que calificó como una “organización inútil” por la distancia que, según sostuvo, existe entre sus resoluciones y su capacidad para hacerlas cumplir.
Durante su exposición en Nueva York, el Presidente definió a Malvinas como una “causa nacional” y utilizó la disputa con el Reino Unido como uno de los principales ejemplos para cuestionar el funcionamiento del sistema multilateral. El planteo se produjo además en un momento de creciente tensión con Londres por el avance del proyecto petrolero Sea Lion en la Cuenca Malvinas Norte.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional”
Milei recordó las resoluciones de Naciones Unidas que instan a Argentina y Reino Unido a negociar por la soberanía y sostuvo que, pese al paso de las décadas, continuaron produciéndose decisiones unilaterales en el territorio en disputa.
En particular, hizo referencia a la Resolución 3149 y cuestionó que las decisiones de la Asamblea General puedan permanecer sin consecuencias concretas mientras Reino Unido avanza con medidas que Argentina considera contrarias a sus derechos soberanos.
El Presidente vinculó directamente ese señalamiento con el proyecto Sea Lion, destinado a la explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte, cuyas licencias fueron otorgadas por autoridades británicas y son desconocidas por Argentina.
El Gobierno nacional ya había endurecido su posición en las semanas previas. A comienzos de septiembre anunció procedimientos sancionatorios contra personas y empresas presuntamente vinculadas con actividades hidrocarburíferas sin autorización argentina y posteriormente remitió al Congreso un proyecto denominado Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
“¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos, pero impotente frente a la realidad?”, planteó Milei ante la Asamblea.
Y avanzó todavía más al advertir que “la Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato” y que el país “va a tomar cartas en el asunto”.
De Malvinas a una crítica general contra Naciones Unidas
El cuestionamiento presidencial no quedó limitado a la disputa con Reino Unido.
Milei sostuvo que Naciones Unidas se alejó, a su entender, de los objetivos para los que fue creada y apuntó contra lo que describió como una burocracia internacional distante de los problemas concretos.
También cuestionó el papel de organismos vinculados a la ONU en materia de derechos humanos y expresó críticas sobre sus posiciones frente a Israel, el terrorismo y las persecuciones contra comunidades cristianas en África. Esos planteos fueron formulados desde la interpretación política del mandatario.
La dureza discursiva tuvo, sin embargo, una particularidad: Milei utilizó precisamente el ámbito de Naciones Unidas para reclamar que se respeten resoluciones de ese mismo organismo en relación con Malvinas.
Una inteligencia artificial con menos regulaciones
Otro de los ejes fuertes de la exposición fue la inteligencia artificial.
Milei rechazó los esquemas de regulación preventiva y sostuvo que Argentina debe intentar convertirse en un destino atractivo para el desarrollo tecnológico, con un marco jurídico favorable para las empresas del sector.
El Presidente afirmó que el país dispone de “minerales críticos, energía, talento y capacidad” para insertarse en la cadena de valor de la inteligencia artificial y anticipó una política orientada a reducir las regulaciones previas, limitar determinadas responsabilidades empresarias y establecer incentivos fiscales.
Otra vez la pandemia en el discurso presidencial
Milei también retomó uno de los asuntos recurrentes de sus intervenciones internacionales: las políticas adoptadas durante la pandemia de Covid-19.
Cuestionó las restricciones a la circulación, el trabajo y la educación y utilizó el término “genocidio” para referirse a las consecuencias que, según su interpretación, tuvieron esas decisiones.
En ese mismo tramo defendió la decisión argentina de apartarse de la Organización Mundial de la Salud y volvió a plantear que los organismos multilaterales no deberían avanzar sobre competencias que su Gobierno considera propias de los Estados.