viernes 18 de septiembre de 2026
- Edición Nº2844

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Jamiroquai en Argentina: una noche cargada de hits a puro groove y sofisticación

17:46 | Distintas generaciones se reunieron para recibir a Jay Kay y compañía para experimentar ese cruce cálido e irresistible entre el funk, disco, soul y acid jazz que caracteriza a la banda.



Anoche, jueves 17, Jamiroquai volvió a pisar un escenario argentino, a casi diez año de su última visita, con un show en el Hipódromo de San Isidro producido por DF Entertainment. En plena gira latinoamericana la banda recorrió más de treinta años de canciones.

Distintas generaciones se reunieron para recibir a Jay Kay y compañía para experimentar ese cruce cálido e irresistible de funk, disco, soul y acid jazz que convirtió a Jamiroquai en una de las bandas británicas más singulares de las últimas décadas.

El reencuentro generacional y la mística de una noche al aire libre

El predio de San Isidro funcionó como un gran punto de convergencia cultural. Desde las primeras horas de la tarde, la marea de fanáticos dio cuenta de un fenómeno que trasciende el paso del tiempo: sombreros estrafalarios, atuendos de estética noventosa y guiños visuales a la iconografía del grupo tiñeron la velada de un color tan nostálgico como efervescente.

Los primeros compases de “(Don’t) Give Hate a Chance” alcanzaron para cambiar el clima del Hipódromo. El bajo del talentoso Paul Turner tomó el control, Jay Kay puso el cuerpo y esa energía luminosa y festiva que atraviesa la música de Jamiroquai hizo el resto. En cuestión de minutos, el predio entero se había convertido en una enorme pista de baile a cielo abierto.

@gggonzalolopez

Sin dar respiro, la contagiosa dinamita pop de “Little L” mantuvo el pulso bien arriba, desatando las primeras ovaciones masivas. Acto seguido, la calidez melódica de “Seven Days in Sunny June” abrió paso a la entrada triunfal de “Space Cowboy”, uno de esos clásicos en los que alcanza una línea de bajo para reconocer inmediatamente el sello Jamiroquai. Con Jay Kay recorriendo el escenario y una banda integrada también por Rob Harris (guitarra), Derrick McKenzie (batería), Matt Johnson (piano), Sarah De Santis (teclados), Fabio De Oliveira (percusión) y Valerie Etienne, Hazel Fernández y Romina Johnson (coros), ajustadísima por detrás, el repertorio siguió sin nostalgia ni solemnidad.

El primer tramo de la noche encontró uno de sus picos de mayor densidad climática cuando sonaron los acordes de “Light Years”. Esta pieza desplegó esa capa de acid jazz psicodélico e hipnótico que definió los primeros años del grupo, sumergiendo a la multitud en una especie de trance colectivo donde el tempo bailable se fusionó con la sofisticación instrumental.

“Alright” continuó ese recorrido festivo, haciendo cantar al unísono a las miles de almas presentes, antes de que el presente se hiciera lugar entre los clásicos. En ese punto estratégico del show, “Disco Stays the Same” fue la encargada de traer el presente de la banda al escenario. La canción, adelanto de su esperado noveno álbum de estudio, encontró su lugar entre los clásicos sin romper el pulso de una noche construida alrededor del movimiento. La respuesta del público fue entusiasta y receptiva, confirmando que la vena creativa del ensamble conserva intacto su olfato para la pista de baile.

El clímax rítmico: una seguidilla imbatible de clásicos

Y si el comienzo había dejado claro que la noche estaría gobernada por el groove, la segunda mitad convirtió esa promesa directamente en una sucesión de clásicos. “Travelling Without Moving” abrió paso a “Canned Heat” y “Cosmic Girl”, dos catedrales del catálogo disco global que desataron un estallido de júbilo indiscutible en el césped del Hipódromo.

Posteriormente, las vibraciones luminosas de “Love Foolosophy” terminaron de llevar al Hipódromo hacia ese territorio en el que un concierto de Jamiroquai se parece cada vez más a una fiesta masiva. La complicidad entre Jay Kay y la platea se volvió total: el cantante dialogó con las primeras filas, jugó con sus movimientos característicos y guió a la multitud en un coro unísono que retumbó en las afueras del recinto.

@gggonzalolopez

El cierre tenía una protagonista inevitable. “Virtual Insanity” cumple 30 años en este 2026 y, sin embargo, pocas canciones podían sonar más pertinentes para despedir la noche. Aquella mirada inquieta sobre un futuro atravesado por la tecnología conserva su potencia, pero también aquello que convirtió a Jamiroquai en un fenómeno global: la capacidad de hacer bailar incluso mientras invita a mirar con otros ojos el mundo que nos rodea.

Sin embargo, cuando la multitud aún ovacionaba el final del set principal, el grupo regresó al escenario para entregar un encore de violencia rítmica inapelable: “Deeper Underground”. Con su icónico riff distorsionado, sus matices roqueros y una base de bajo y batería verdaderamente demoledora, la gema de la banda sonora de Godzilla clausuró la jornada en el punto más alto de tensión y energía.

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