El consultor empresarial Agustín Remondino trazó un duro diagnóstico sobre la situación de las pequeñas y medianas empresas bonaerenses, atravesadas por la caída de la demanda, una capacidad instalada que permanece ociosa y una estructura impositiva que, según advirtió, las coloca en desventaja frente a las radicadas en otras provincias. En ese escenario, alertó que la persistencia de esas diferencias podría empujar a numerosas industrias a trasladar sus plantas hacia distritos con menores costos.
Remondino es creador y director de AR Grupo Consultor, speaker internacional, autor de tres libros vinculados con el liderazgo y la gestión empresarial, MBA en Alta Dirección y Negocios y en Gestión de PyMEs, además de coach ontológico especializado en el acompañamiento de empresas. Durante una entrevista con FM NOW 97.9, analizó el reclamo de las entidades productivas bonaerenses para avanzar con una reducción progresiva de Ingresos Brutos y aliviar la presión fiscal que soportan las firmas del sector.
“La principal dificultad es que las pymes, sobre todo las industriales, dejaron de producir para stockearse y ahora solamente producen sobre la base de la demanda”, explicó. Para Remondino, ese cambio constituye una de las razones centrales del estancamiento productivo y permite entender por qué las empresas trabajan con una utilización de su capacidad instalada cercana al 60 por ciento.
Del stock como refugio a la producción bajo demanda
El especialista señaló que, durante los años de alta inflación, las empresas producían por encima de sus ventas inmediatas porque los bienes funcionaban como una reserva de valor. Las fábricas acumulaban mercadería, los distribuidores llenaban sus depósitos, los comercios adelantaban compras y hasta los consumidores adquirían productos para varios meses, ante la certeza de que serían más caros en el futuro.
Con la desaceleración inflacionaria, esa dinámica se modificó de manera abrupta. Las pymes ya no encuentran incentivos para sobreproducir y, frente a un consumo que no logra recuperarse, ajustan su actividad a los pedidos concretos que reciben. “No hay demanda y, además, con una inflación más baja empiezan a aparecer otras situaciones que las empresas deben atravesar, como administrarse mejor y manejar con mayor precisión sus costos”, sostuvo.
En ese punto ubicó el peso de Ingresos Brutos, un tributo que se aplica en las distintas etapas de la cadena productiva y termina acumulándose sobre el precio final. “Es muy acumulativo, termina cayendo sobre el consumidor, aumenta el costo de producción y, por lo tanto, también el precio que se paga”, explicó.
La desventaja bonaerense frente a Córdoba y Santa Fe
Al analizar específicamente la situación provincial, Remondino marcó diferencias entre la carga que afrontan las firmas instaladas en territorio bonaerense y las condiciones existentes en otros polos productivos del país.
“Si comparamos la provincia de Buenos Aires con Córdoba o Santa Fe, hay mucha diferencia impositiva”, aseguró. Según explicó, esa brecha no solo afecta la rentabilidad de las empresas, sino también su capacidad para competir con productos fabricados en otras provincias y con bienes importados.
“No es lo mismo producir en la provincia de Buenos Aires que producir en Córdoba o Santa Fe. Los costos son menores y eso también puede generar un traslado de muchas industrias de unas zonas hacia otras”, advirtió.
La declaración introduce una señal de alarma para el gobierno de Axel Kicillof, en medio del reclamo de las entidades industriales para reducir gradualmente Ingresos Brutos, combatir la evasión y revisar una estructura tributaria que consideran asfixiante. La discusión, sin embargo, choca contra las dificultades financieras de la Provincia y la caída de recursos nacionales que anteriormente sostenían programas, obras e inversiones en los distritos.
Impuestos, inversiones y un círculo que no se rompe
Remondino comparó la discusión fiscal con el dilema “del huevo o la gallina”: mientras los gobiernos esperan que lleguen inversiones para incrementar los recursos, los empresarios reclaman primero una reducción impositiva para animarse a invertir.
A su entender, el primer paso debe ser ordenar las cuentas públicas y gastar menos de lo que ingresa, para luego generar condiciones que permitan reducir impuestos. No obstante, remarcó que las empresas bonaerenses necesitan respuestas porque la desigualdad tributaria ya tiene consecuencias concretas sobre los precios, la inversión y la localización industrial.
El diagnóstico expone una encrucijada para la Provincia: mantener la presión fiscal para sostener la recaudación o aliviar a un entramado pyme que produce únicamente cuando recibe pedidos, utiliza poco más de la mitad de su capacidad y comienza a mirar hacia distritos donde fabricar cuesta menos.