lunes 24 de agosto de 2026
- Edición Nº2819

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Jubilados en busca de changas: 22.000 se sumaron al trabajo informal en apenas un año

12:44 | Un informe del Instituto Argentina Grande reveló que unas 42.000 personas mayores de 66 años realizaban tareas precarias mientras buscaban empleo durante el primer trimestre de 2026. La jubilación mínima más el bono cubre poco más de una cuarta parte de la canasta estimada para este sector.



La pérdida de poder adquisitivo de las jubilaciones empujó a miles de adultos mayores a buscar changas, realizar ventas informales o prestar servicios ocasionales para complementar sus ingresos. En apenas un año, más de 22.000 personas mayores de 66 años se incorporaron al mercado laboral informal, según un relevamiento del Instituto Argentina Grande (IAG).

El estudio advirtió que durante el primer trimestre de 2026 el 12,6% de las personas de esa franja etaria se encontraba dentro de lo que los investigadores denominan “desempleo ampliado” o “desempleo blue”. Se trata del porcentaje más elevado registrado desde 2017.

El indicador incluye tanto a los desocupados contabilizados oficialmente por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) como a quienes continúan buscando trabajo pese a haber realizado alguna actividad mínima, precaria o sin protección laboral durante la semana anterior a la encuesta.

De acuerdo con la investigadora del IAG Candelaria Rueda, la suma de ambos grupos alcanza aproximadamente a 68.700 personas mayores de 66 años que todavía buscan una fuente de ingresos.

El avance del trabajo informal

Durante el primer trimestre del año, el 7,7% de las personas mayores de 66 años desarrollaba actividades laborales desprotegidas mientras buscaba empleo. Ese porcentaje equivale a alrededor de 42.000 adultos mayores.

La cifra prácticamente se duplicó en comparación con el mismo período de 2025, cuando la proporción era del 3,8% y comprendía a unas 19.700 personas. En términos absolutos, más de 22.000 jubilados comenzaron a realizar trabajos informales en el transcurso de doce meses.

Para ser incluidos dentro de esta categoría, los adultos mayores deben encontrarse buscando empleo, haber trabajado pocas horas o no haber tenido actividad recientemente y desarrollar tareas sin aportes previsionales, estabilidad ni antigüedad.

Las situaciones relevadas abarcan trabajos ocasionales, ventas informales, tareas de cuidado, mantenimiento, reparto y distintos servicios por cuenta propia. Son actividades que aparecen como una alternativa frente a haberes insuficientes para afrontar los gastos cotidianos.

Una mínima que no alcanza

El deterioro del poder adquisitivo aparece como una de las principales explicaciones del fenómeno. Con la fórmula de movilidad vigente, los haberes jubilatorios se actualizan mensualmente de acuerdo con la inflación registrada dos meses antes.

Para septiembre de 2026 se prevé un incremento del 2,1%, correspondiente al Índice de Precios al Consumidor de julio. De esta manera, la jubilación mínima llegará a $428.590.

Con el bono extraordinario de $70.000, cuyo monto permanece congelado desde marzo de 2024, el ingreso total será de $498.590. Pese a las actualizaciones mensuales, distintos análisis sostienen que las jubilaciones todavía arrastran una pérdida de poder de compra respecto de los niveles anteriores a la asunción de Javier Milei.

El congelamiento del bono afecta especialmente a quienes cobran los haberes más bajos, debido a que esa suma pierde valor real con cada aumento de precios.

Una canasta tres veces superior al haber

La distancia entre los ingresos previsionales y el costo de vida queda expuesta al comparar la jubilación mínima con la canasta elaborada por la Defensoría de la Tercera Edad.

Según esa estimación, una persona mayor necesita $1.824.682 mensuales para cubrir sus necesidades básicas. Frente a ese monto, un jubilado que percibe la mínima más el bono solamente alcanza a cubrir alrededor del 27% de la canasta.

Los medicamentos representan el gasto más importante, con un costo estimado de $503.600 mensuales. Le siguen la alimentación, con $410.640; la vivienda, con $360.150; y los servicios, con $151.350.

La brecha ayuda a explicar por qué cada vez más adultos mayores permanecen dentro del mercado laboral o regresan a él mediante empleos informales. Lejos de constituir una elección personal, las cifras muestran que para miles de jubilados las changas se convirtieron en una estrategia de supervivencia frente a ingresos que no alcanzan para sostener los gastos básicos.

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