Juan Miguel “El Alemán” Wolk, represor de la última dictadura cívico-militar y exjefe del centro clandestino de detención conocido como el Pozo de Banfield, murió a los 92 años en la ciudad de Mar del Plata, donde cumplía prisión domiciliaria.
El excomisario de la Policía Bonaerense había sido condenado por crímenes de lesa humanidad cometidos en el denominado circuito represivo de los pozos de Banfield y Quilmes. Durante sus últimos años residió en una vivienda del barrio Punta Mogotes, ubicada sobre la calle Benedetto Croce al 3040.
En ese domicilio contaba con custodia permanente de la Prefectura Naval, luego de haber incumplido en reiteradas oportunidades las condiciones impuestas para acceder al arresto domiciliario.
La confirmación de su muerte se produjo luego del retiro de la garita de seguridad instalada frente a la propiedad. Durante la noche anterior se había registrado la llegada de ambulancias al lugar.
El jefe del Pozo de Banfield
Wolk estuvo al frente del Pozo de Banfield, una dependencia de la Policía Bonaerense situada en la esquina de Vernet y Siciliano que funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio durante el terrorismo de Estado.
Por ese lugar pasaron cientos de militantes políticos, trabajadores y estudiantes que fueron sometidos a cautiverios ilegales, tormentos y desapariciones forzadas. Entre las víctimas estuvieron jóvenes secuestrados en septiembre de 1976 durante el operativo represivo conocido como La Noche de los Lápices.
El represor fue señalado como responsable directo del funcionamiento operativo del centro clandestino y de los tormentos aplicados contra las personas detenidas ilegalmente.
Condenas, impunidad y una muerte falsa
La trayectoria judicial de Wolk estuvo atravesada por distintos intentos para evitar el accionar de los tribunales. Durante la década de 1980 fue condenado a 25 años de prisión, pero recuperó la libertad tras la sanción de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
En 2000, el Gobierno nacional rechazó un pedido de extradición presentado por el juez español Baltasar Garzón, quien pretendía juzgarlo en Madrid por los crímenes cometidos durante la dictadura argentina.
Años después, cuando fue citado por la Justicia Federal de La Plata en el marco de los Juicios por la Verdad, el excomisario presentó un acta de defunción falsa con la intención de simular su propia muerte y frenar el proceso judicial.
La maniobra fue descubierta por Marta Ungaro, hermana de Horacio Ungaro, uno de los estudiantes desaparecidos durante La Noche de los Lápices. Ungaro logró constatar que Wolk permanecía con vida, residía en la Costa Atlántica y continuaba cobrando sus haberes como oficial retirado de la Policía Bonaerense.
Finalmente, el represor fue llevado nuevamente ante la Justicia y condenado por delitos de lesa humanidad. Murió mientras cumplía la pena bajo el beneficio de la prisión domiciliaria.