lunes 24 de agosto de 2026
- Edición Nº2819

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CAME desmintió al Gobierno: las familias se endeudan para comprar alimentos y remedios

07:13 | La entidad pyme rechazó que el aumento de las deudas responda a consumos suntuarios, tras las afirmaciones del presidente Milei. Advirtió que la pérdida del poder adquisitivo obliga a financiar productos básicos, mientras la caída de las ventas golpea a comercios e industrias de todo el país.



La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) cuestionó el diagnóstico del Gobierno nacional sobre el endeudamiento de los hogares y aseguró que las familias no recurren al crédito para sostener gastos de lujo, sino para comprar alimentos, bebidas y medicamentos.

El vocero de la entidad, Salvador Femenía, vinculó el crecimiento de las deudas con la pérdida del poder adquisitivo, el atraso salarial y las dificultades de la clase media trabajadora para llegar a fin de mes. Según explicó, la contracción de los ingresos también tiene un impacto directo sobre el comercio y las pequeñas industrias que dependen del mercado interno.

“Cuesta mucho llegar a fin de mes, el sueldo evidentemente no alcanza”, afirmó Femenía en declaraciones a Radio Rivadavia. Para el dirigente, existe una fuerte restricción de ingresos que se refleja en la caída del consumo y en el deterioro de la actividad económica.

Crédito para cubrir necesidades básicas

Desde CAME rechazaron que las tarjetas y los préstamos estén siendo utilizados principalmente para adquirir tecnología, electrodomésticos u otros bienes considerados suntuarios. Por el contrario, señalaron que los únicos rubros que logran mantenerse son aquellos relacionados con necesidades esenciales.

“Vemos que apenas se mantienen los que tienen que ver con lo básico, como alimentos, bebidas y farmacia. Al resto realmente le cuesta mucho mantenerse”, explicó el vocero de la entidad.

El dato revela un cambio profundo en la economía cotidiana: el crédito dejó de ser únicamente una herramienta para adelantar consumos o comprar bienes durables y comenzó a utilizarse para resolver gastos corrientes. Las cuotas, los pagos mínimos de las tarjetas y las financiaciones personales pasaron a formar parte de las estrategias familiares para cubrir necesidades elementales.

Femenía aclaró que este proceso no comenzó con el actual ajuste, sino que tiene antecedentes en los últimos meses de la administración anterior, cuando ya se observaban compras de alimentos y bebidas en cuotas. Sin embargo, sostuvo que la combinación de salarios atrasados, tasas más altas y límites a las negociaciones paritarias profundizó el problema.

El dirigente ubicó uno de los puntos de inflexión después de la recuperación que experimentó la actividad entre finales de 2024 y los primeros meses de 2025. Durante aquel período, muchas personas utilizaron la tarjeta de crédito alentadas por una expectativa de mejora que luego no se sostuvo.

“El crédito es una gran herramienta para impulsar el consumo, pero después se produjo un proceso que tuvo que ver con la suba de tasas y con el límite a las paritarias”, señaló. El resultado fue una mayor carga financiera para hogares cuyos ingresos no avanzaron al mismo ritmo que sus obligaciones.

La recuperación no llega a la economía real

CAME también puso en duda la recuperación económica difundida por el Gobierno. Femenía aseguró que esa mejora no se refleja en los sectores productivos y comerciales representados por la entidad.

El vocero describió un escenario marcado por locales vacíos, cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Advirtió, además, que los nuevos emprendimientos no alcanzan a compensar la cantidad ni la calidad de las unidades productivas que desaparecen.

“Cierran empresas y las que se abren no las reemplazan ni en calidad ni en cantidad”, sostuvo. Como ejemplo, mencionó la presencia de comercios desocupados en centros comerciales de distintas localidades de la provincia de Buenos Aires y del Área Metropolitana, pese a tratarse de las zonas con mayor concentración económica.

Para la entidad pyme, el problema atraviesa a todo el territorio nacional y no se limita a una provincia o actividad particular. Los relevamientos de CAME incluyen a las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, además de las economías regionales vinculadas con la producción primaria.

“La economía del país la dicta el Gobierno central y no hay ninguna provincia que pueda tener una política propia para cambiar esa realidad”, afirmó Femenía.

El mercado interno dejó de traccionar

La caída del consumo minorista también afecta a las industrias que producen para el mercado nacional. La explicación de CAME apunta a una cadena de dificultades: los consumidores compran menos, los comercios reducen sus pedidos y las fábricas enfrentan una menor demanda.

“El mercado interno no tracciona al minorista y el minorista no tracciona a la demanda”, resumió el representante empresarial.

Ese retroceso provoca que se extiendan los plazos de cobro y se multipliquen los problemas financieros. Las pequeñas y medianas empresas no solo acumulan obligaciones con bancos y proveedores, sino también deudas impositivas.

Ante este cuadro, CAME pidió la puesta en marcha de un plan de pagos que permita aliviar la situación de las firmas comprometidas. Femenía advirtió que algunas empresas enfrentan embargos ejecutados por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), lo que agrega presión sobre estructuras productivas que ya operan con ventas reducidas y márgenes estrechos.

Las ventas digitales no compensan la caída

El vocero también rechazó que el crecimiento de las plataformas digitales pueda explicar o compensar el derrumbe de las ventas en los comercios físicos. Según los datos citados por la entidad, el comercio electrónico representa aproximadamente el 18% del comercio total del país.

Para CAME, ese porcentaje resulta insuficiente para revertir el retroceso general de la actividad. La expansión de las compras por internet puede modificar los canales de comercialización, pero no reemplaza la demanda perdida por la disminución del poder adquisitivo.

De este modo, la entidad consideró que la crisis del consumo tiene un carácter estructural y alcanza tanto a los establecimientos tradicionales como a las cadenas productivas que los abastecen.

Costos, impuestos y logística: el combo que golpea a las pymes

La debilidad del mercado interno convive con una estructura de costos que continúa afectando a las pequeñas empresas. Entre los principales problemas, Femenía enumeró las cargas sociales, la presión tributaria y los elevados gastos logísticos derivados de la extensión territorial y las deficiencias de infraestructura del país.

A esos factores se suman las dificultades para acceder al financiamiento, los atrasos en los pagos y las obligaciones acumuladas con proveedores, bancos y organismos recaudadores.

Para la entidad, no existe una única causa que explique la situación del sector. Se trata de una combinación de menor consumo, ingresos deteriorados, mayores costos financieros y ausencia de incentivos capaces de reactivar el mercado interno.

“Todo es un combo y, en momentos de escasez, todos los factores duelen”, concluyó Femenía.

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