Hay lugares a los que uno entra para comer y otros en los que, además, siente que está entrando en otra época. El Almacén, en General Belgrano, es uno de ellos. Ubicado en Avenida Italia 592, en la esquina con Ayacucho, el restaurante recrea un antiguo almacén de ramos generales del interior bonaerense, con objetos que permiten conocer parte de la vida cotidiana de los pueblos de la provincia.
“Es un restaurante ambientado como un antiguo almacén de ramos generales del interior de la provincia de Buenos Aires”, explica Ariel Cabral, socio propietario de El Almacén. La diferencia está en que, en este caso, la ambientación no se construyó con utilería: gran parte de los elementos que pueden verse en el lugar son auténticos y fueron recuperados de antiguos comercios y almacenes de campo de la zona.
Botellas que conservan su contenido original, latas, envases, carteles y distintos objetos forman parte de una colección que busca preservar algo más que una estética. “Más que una ambientación, El Almacén busca recrear y preservar una parte de la historia y de la vida cotidiana de los pueblos de nuestra provincia”, cuenta Cabral.
La frase que hoy identifica al lugar nació casi de casualidad. Hace algunos años, una periodista visitó El Almacén y describió la experiencia como estar comiendo dentro de un museo. Su nota llevó como título “Un museo donde se come”, una definición que los propietarios sintieron que resumía perfectamente el espíritu del restaurante.
Desde entonces, la frase quedó incorporada como parte de la identidad del lugar.
Y si hay algo que refuerza esa identidad es la propia historia del edificio. Construido a finales del siglo XIX, es uno de los más antiguos de General Belgrano. En 1906 funcionó allí el primer cine del pueblo, cuando la ciudad todavía no contaba con energía eléctrica. Una publicidad de la época anunciaba incluso “comodidad para caballos”, para que quienes llegaban al cine pudieran dejar allí sus carruajes y cabalgaduras.
Con el paso de los años, el edificio tuvo distintos usos: fue prostíbulo, escuela y también almacén de ramos generales. Entre 1934 y 1958 funcionó justamente como uno de esos comercios que hoy busca recrear El Almacén.
El restaurante abrió sus puertas en marzo de 2006 y este año alcanza un nuevo aniversario: 20 años formando parte de la vida de General Belgrano.
“Sentimos que El Almacén se ha convertido en un clásico de la ciudad y, de alguna manera, también en un lugar donde se conserva y se comparte una parte de nuestra historia”, señala Cabral.
La propuesta gastronómica acompaña esa búsqueda de recuperar sabores y costumbres. La carta incluye pescados, carnes vacunas, cordero, cerdo, pastas caseras y parrilla, además de una selección de vinos.
Entre los clásicos aparecen las empanadas, uno de los imperdibles de la casa, y una preparación que se convirtió en el plato estrella: la cazuela de cordero al disco de campo.
“La idea es que nuestra propuesta gastronómica acompañe la identidad del lugar: una cocina reconocible, abundante y ligada a los sabores tradicionales”, explica el propietario.
Así, la experiencia no termina en el plato. La propuesta invita también a recorrer el espacio, mirar los objetos y descubrir las historias que guarda cada rincón.
Para quienes llegan por primera vez a la ciudad, Cabral recomienda conocer algunos de sus lugares más representativos: el río Salado, las Termas del Salado y el Bosque Encantado.
Y, por supuesto, también propone hacer una parada en El Almacén.
Durante el verano, además, el lugar suma su patio, donde funciona una vermutería con espectáculos en vivo. El espacio mantiene la identidad del restaurante y suma nuevos elementos históricos, entre ellos tres automóviles de la década de 1920.
Después de dos décadas, El Almacén continúa combinando gastronomía, patrimonio e historias locales. Una propuesta que invita a sentarse a comer, pero también a mirar alrededor, descubrir objetos de otros tiempos y conocer un poco más de la historia de General Belgrano.
Porque quizás ahí esté el verdadero diferencial del lugar: no se trata solamente de comer en un antiguo almacén, sino de sentarse a la mesa y viajar, por un rato, a otra época.