lunes 03 de agosto de 2026
- Edición Nº2798

Provincia

crisis social y alimentaria

El trueque vuelve al Conurbano: familias cambian ropa y servicios por comida

16:52 | La iniciativa surgió en Villa Astolfi, ante el deterioro de los ingresos y el creciente endeudamiento para cubrir necesidades básicas. Un relevamiento realizado en la provincia de Buenos Aires reveló que siete de cada diez hogares consultados redujeron porciones o saltearon comidas.



El club del trueque, una de las imágenes más representativas de la crisis de 2001, volverá a funcionar en el Conurbano bonaerense. La propuesta tendrá su primer encuentro el sábado 8 de agosto en Villa Astolfi, partido de Pilar, donde vecinos podrán intercambiar alimentos, ropa, herramientas, productos caseros y servicios sin utilizar dinero.

La iniciativa nació durante una serie de asambleas vecinales y es organizada por la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi junto con referentes locales de Libres del Sur. La convocatoria ya reúne a más de 50 personas en un grupo de WhatsApp creado para coordinar los intercambios.

El encuentro se realizará entre las 10 y las 16 en Soler 2851, cerca de la estación Villa Astolfi del ferrocarril San Martín. La participación será abierta, gratuita y sin restricciones. La organización dispondrá mesas y tablones, aunque también podrán acercarse quienes tengan pocos objetos para ofrecer.

Endeudarse para llenar la mesa

La recuperación del trueque aparece en un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo y las crecientes dificultades para acceder a productos esenciales. La propuesta comenzó a gestarse luego de una campaña por la emergencia alimentaria y de un relevamiento realizado por Libres del Sur entre más de 1.300 familias de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.

Según los resultados difundidos por la organización, la mitad de los hogares consultados debe endeudarse para comprar alimentos. Además, el 60% dejó de consumir carnes, lácteos, frutas o verduras por falta de dinero, mientras que el 70% redujo las porciones o directamente salteó alguna comida.

Ana Barreto, dirigente local de Libres del Sur y una de las impulsoras del encuentro, explicó que la demanda de asistencia alimentaria creció en comedores, merenderos y otros espacios comunitarios. Allí, numerosas familias se acercan para solicitar productos básicos como fideos, arroz, aceite y azúcar.

“Hay una realidad de los que menos tienen que es muy cruda. La verdad es que realmente pasan hambre”, advirtió.

Los testimonios relevados incluyen hogares que reemplazan el almuerzo por mate para reservar los alimentos disponibles para la cena y adultos que dejan de comer para priorizar a sus hijos. Barreto señaló que muchas personas sienten vergüenza al contar estas situaciones.

La crisis alcanza a trabajadores registrados

El deterioro alimentario ya no afecta únicamente a personas desocupadas o vinculadas con la economía informal. De acuerdo con el relevamiento, también alcanza a trabajadores registrados y jubilados cuyos ingresos no resultan suficientes para cubrir el costo de vida.

Algunas familias recurren a tarjetas de crédito, compras en cuotas o préstamos personales para completar la compra mensual del supermercado. Esa dinámica genera un círculo de endeudamiento que se renueva y profundiza mes a mes.

En ese escenario, los organizadores observaron que cada vez más personas instalan mantas en plazas o estaciones ferroviarias para vender o intercambiar ropa usada, objetos y mercadería. Esa modalidad espontánea fue uno de los antecedentes directos del nuevo club del trueque.

Alimentos, ropa, herramientas y servicios

Los primeros ofrecimientos ya comenzaron a circular en el grupo creado para organizar la jornada. Además de alimentos y prendas de vestir, los participantes proponen intercambiar herramientas, accesorios, tortas, budines y distintos servicios personales.

Una vecina, por ejemplo, ofrece productos de elaboración casera, mientras que otra propone realizar servicios de manicura. La intención es que cada participante pueda aportar aquello que tiene o sabe hacer y recibir a cambio algún producto o prestación que necesite.

La convocatoria superó las expectativas iniciales y alcanzó a vecinos que no participaban previamente en organizaciones sociales o comunitarias. Para sus impulsores, esa respuesta evidencia que la necesidad atraviesa a sectores sociales cada vez más amplios.

Una postal que remite a 2001

La reaparición del club del trueque generó una comparación inevitable con la crisis de comienzos de siglo. “No puede ser, ¿cómo podemos volver al trueque? Estamos retrocediendo en el tiempo”, fue una de las reacciones que, según Barreto, se repitió entre los vecinos.

La dirigente consideró, sin embargo, que existen diferencias entre ambos períodos. Destacó que actualmente funciona una red de sindicatos, organizaciones sociales, comedores y espacios comunitarios que actúan como contención y permiten organizar respuestas colectivas frente a la emergencia.

Aunque la postal recuerde a 2001, el regreso del trueque expone una problemática plenamente actual: familias que trabajan, pero necesitan endeudarse o desprenderse de sus pertenencias para garantizar la comida cotidiana.

“La idea es poder ayudar a la gente y que haya una salida colectiva a toda esta miseria, todo el hambre y la pobreza”, resumió Barreto.

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