Juan Grabois reveló detalles de la reunión privada que mantuvo con el multimillonario germano-estadounidense Peter Thiel, uno de los referentes más influyentes de Silicon Valley. Según relató, durante el encuentro discutieron sobre inteligencia artificial, concentración de la riqueza, ingreso básico universal, religión y el papel que podría ocupar la Argentina ante las transformaciones tecnológicas.
La conversación se desarrolló en la residencia que el empresario adquirió en Barrio Parque, donde se instaló durante este año. Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, mantuvo además distintos contactos con el presidente Javier Milei, cuya experiencia de gobierno despertó el interés de sectores de la elite tecnológica internacional.
“Fui para entender cómo funciona el circo”, explicó Grabois en una entrevista con Radio con Vos. Frente a las críticas que recibió por aceptar la invitación, respondió: “Mejor reunirte con el dueño y no con los gorilitas”.
El dirigente sostuvo que la actividad política también exige conversar con personas ubicadas en las antípodas ideológicas. “Uno tiene que saber reunirse con el más humilde de los cartoneros y con la más alta curia internacional”, afirmó.
De acuerdo con el relato de Grabois, buena parte de la conversación estuvo atravesada por las diferencias entre su perspectiva humanista, católica y partidaria de la intervención estatal, y la posición de Thiel, identificado con una corriente que rechaza las regulaciones sobre la economía y el desarrollo tecnológico.
El referente de Argentina Humana consideró necesario comprender los argumentos de quien definió como uno de los principales “intelectuales orgánicos” de Silicon Valley. A su entender, desaprovechar la posibilidad de discutir directamente con una figura de ese nivel de influencia sería “una estupidez astronómica”.
Grabois señaló que uno de los puntos centrales fue una reciente encíclica del papa León XIV, en la que encontró una crítica a los paradigmas tecnológicos dominantes. Según su interpretación, el documento propone una ruptura con las corrientes “aceleracionistas, desreguladoras y transhumanistas” asociadas a una parte de la elite tecnológica.
El dirigente describió tres grandes modelos en disputa: el proyecto tecnocrático de Silicon Valley, basado en una acumulación sin límites; una alternativa humanista orientada a distribuir la riqueza mediante la intervención estatal; y el modelo chino.
La posible destrucción de puestos de trabajo como consecuencia del avance de la inteligencia artificial también formó parte de la conversación. Grabois planteó la implementación de un ingreso básico universal como herramienta para contener los efectos sociales de la automatización.
Según contó, Thiel manifestó inicialmente su desacuerdo con esa propuesta, aunque habría considerado que podía ser una idea sobre la cual continuar trabajando. El ingreso universal también es defendido por otros empresarios tecnológicos, entre ellos el cofundador de OpenAI, Sam Altman.
Las diferencias más profundas aparecieron alrededor de la regulación. Grabois describió al empresario como un opositor frontal a cualquier intervención estatal sobre la economía y, en particular, sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.
Desde esa mirada, explicó, imponer límites a la tecnología podría frenar el camino hacia el transhumanismo, una concepción que proyecta el uso de herramientas tecnológicas para superar determinadas limitaciones biológicas de la humanidad.
Otro de los aspectos más llamativos de la conversación fue la interpretación religiosa que algunos integrantes de la elite tecnológica realizan sobre los proyectos de regulación mundial.
Grabois sostuvo que, para esos sectores, determinadas expresiones del progresismo internacional representan una amenaza contra las libertades individuales. Dentro de esa construcción, figuras como la activista ambiental Greta Thunberg son asociadas con la idea del anticristo por impulsar acuerdos globales contra la crisis climática.
“No es una pelotudez desde la perspectiva de ellos”, advirtió el dirigente. Según explicó, esa visión considera que las regulaciones internacionales podrían convertirse en una forma de persecución contra quienes concentran poder económico y tecnológico.
Grabois, en cambio, defendió la necesidad de establecer reglas de alcance mundial para enfrentar los daños ambientales, sociales y laborales provocados por procesos económicos que exceden las fronteras nacionales.
Durante la entrevista, el dirigente también advirtió sobre las consecuencias políticas de la acumulación de riqueza en manos de un reducido grupo de magnates tecnológicos.
A su criterio, ese nivel de concentración resulta incompatible con el funcionamiento democrático y podría provocar una reacción social contra los denominados “tecnofeudales”.
“Este nivel de concentración es totalmente insustentable”, afirmó. Grabois planteó que el escenario futuro podría derivar en una victoria de las grandes corporaciones tecnológicas, convertidas en poderes superiores a los Estados, o en la aplicación de regulaciones y una reforma impositiva internacional.
Sobre el final, Grabois aseguró que la Argentina podría convertirse en un “laboratorio” para los intereses de la elite tecnológica global, especialmente por la orientación desreguladora del Gobierno de Javier Milei.
En ese sentido, advirtió que el debate no se limita al eventual acceso a los recursos naturales del país. También involucra, señaló, las consecuencias éticas, laborales y sociales de habilitar desarrollos tecnológicos sin controles públicos.
Para Grabois, la reunión con Thiel le permitió conocer de primera mano una visión de mundo que, aunque se encuentra en las antípodas de la suya, cuenta con recursos e influencia suficientes para intervenir en el futuro económico, político y tecnológico internacional.