India tiene cuatro años y medio, pero su pequeño cuerpo conoce desde muy temprano la dureza de una enfermedad que no da tregua. A los tres meses de vida le diagnosticaron epilepsia refractaria y, desde entonces, las convulsiones forman parte de sus días, con crisis que, según cuenta su mamá, continúan afectando su organismo y, especialmente, su cerebro.
Se alimenta, toma agua y recibe la medicación a través de una sonda. Los fármacos son fuertes, le provocan mucho malestar en la panza y, aun así, no consiguen evitar los episodios cotidianos. Sin embargo, cuando Alejandra Flores habla de su hija, no comienza por aquello que la enfermedad le impide hacer, sino por la fuerza con la que se aferra a la vida.
“India es una guerrera día a día, ella la pelea, la lucha. Las garras que pone para seguir adelante nos dan fuerzas a nosotros; es una bendición”, expresó en diálogo con InfoMiBA.
Esa fortaleza sostiene a una familia del barrio San Carlos, en La Plata, atravesada por el cansancio, la incertidumbre económica y la falta de respuestas, pero decidida a buscar una alternativa que pueda mejorar la calidad de vida de la niña. Por eso, Alejandra y Ariel, el papá de India, iniciaron una colecta solidaria: necesitan reunir alrededor de 30 millones de pesos para llevarla a México, donde podría acceder a un tratamiento de radiofrecuencia realizado con un dispositivo que, de acuerdo con la información recibida por sus padres, no se encuentra disponible en la Argentina.
Alejandra y Ariel conocieron la existencia de esa tecnología al ver Los dos hemisferios de Lucca, la película que relata el viaje de una familia a la India en busca de un tratamiento para su hijo. La experiencia de aquel niño y los cambios que sus padres observaron después del procedimiento despertaron en ellos una pregunta inevitable: si había representado una oportunidad para otra familia, ¿podría también ayudar a India?
La película fue apenas el punto de partida. Después llegaron las averiguaciones, las consultas y la noticia de que el dispositivo también se encuentra en México, una alternativa más cercana que les permitió comenzar a imaginar el viaje.
“Al nene le fue hermoso y para nosotros este dispositivo es una esperanza de vida, una posibilidad de que India pueda seguir adelante”, relató Alejandra.
La expectativa de sus padres no está puesta en una promesa extraordinaria, sino en algo tan esencial como brindarle bienestar, favorecer su desarrollo y ofrecerle herramientas para el futuro. Hay una pregunta que los acompaña todos los días y que Alejandra expresa con la angustia de quien sabe que no podrá cuidar eternamente a su hija: qué ocurrirá cuando ellos ya no estén.
“Pensamos cómo se va a manejar India, cómo se va a defender el día de mañana si nosotros no llegamos a estar. Eso nos duele muchísimo y es lo que nos marca hasta hoy; por eso queremos llevarla, para que tenga una mejor calidad de vida”, explicó.

El presupuesto cercano a los $30 millones no contempla únicamente el tratamiento con el dispositivo. También incluye el viaje, la estadía durante los meses que deberán permanecer en México y una atención integral con seguimiento neurológico diario, fonoaudiología, terapia y kinesiología, prestaciones indispensables para acompañar su evolución.
Mientras la familia intenta reunir los fondos, India atraviesa una dificultad urgente en la Argentina. Tiene cobertura de IOMA, pero desde hace cuatro meses se encuentra sin internación domiciliaria porque, según denunció su mamá, la obra social dejó de pagar tanto la prestación como la atención del especialista. El reclamo de la mamá de India se suma a muchos más sobre las deficiencias de la obra social que se encuentra bajo la lupa, precisamente por su falta de respuestas.
Desde entonces, Alejandra intenta realizar en su casa los ejercicios que necesita su hija, apoyada en todo lo que aprendió durante estos años, aunque reconoce que su esfuerzo no puede sustituir la intervención cotidiana de profesionales.
“Yo le hago los ejercicios y todo lo que puedo, pero no es lo mismo. India necesita su internación domiciliaria”, sostuvo.
La falta de esa asistencia profundiza la desigualdad entre lo que la niña necesita y aquello a lo que efectivamente puede acceder, por eso el proyecto de viajar a México también contempla que allí pueda recuperar una rutina intensiva de terapias y atención especializada.
Ariel trabaja como mecánico y es actualmente el único sostén económico de la familia. Alejandra, en tanto, trabajó durante 25 años en el Ministerio de Capital Humano, pero hace aproximadamente uno fue despedida, en momentos en que las necesidades de India exigían todavía más estabilidad y recursos.
“Me despidieron teniendo todo en regla y sabiendo lo que estaba atravesando India. No les importó su situación y para mí fue un shock, porque ocurrió justo cuando empezábamos con todo esto”, contó.
Ahora también busca trabajo. Su pedido no está separado de la campaña ni es un dato secundario: conseguir un empleo significaría poder contribuir nuevamente con los ingresos familiares, sostener los tratamientos de su hija y afrontar los gastos cotidianos que continúan acumulándose mientras esperan concretar el viaje.
Para alcanzar el objetivo, la familia impulsa la campaña Todos por India y organiza una jornada solidaria con música, bingo y sorteos. Además de transferencias de dinero, reciben comidas y productos gastronómicos, ropa y distintos artículos que puedan utilizarse como premios y ayudar a recaudar fondos.

Quienes quieran colaborar pueden hacerlo mediante el alias todos.porindia, a nombre de Alejandra E. Flores. También pueden seguir la campaña en Instagram, en la cuenta @todosxindia, donar elementos para las actividades, acercarle una propuesta laboral a su mamá o, simplemente, compartir la historia para que llegue a más personas.
Cada aporte, por pequeño que parezca, puede transformarse en una parte del viaje, una terapia o un día más de estadía. Para Alejandra y Ariel, la solidaridad es hoy el puente posible entre la realidad que enfrenta su hija y la oportunidad que buscan ofrecerle.
“Ojalá algún día ese dispositivo pueda llegar a la Argentina y todos los niños que lo necesiten tengan esa bendición”, desea Alejandra. Mientras tanto, desde San Carlos, la familia sigue haciendo lo que aprendió de India: poner las garras, pedir ayuda y avanzar, aun cuando el camino parece imposible.