jueves 23 de julio de 2026
- Edición Nº2787

Notas de opinión

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Infancias hiperconectadas: el 95% de los chicos argentinos de 9 a 17 ya tiene celular con internet

17:37 | Con celulares cada vez más tempranos y plataformas diseñadas para retenerlos, los chicos crecen en una disputa permanente por su atención. Una especialista analiza los efectos en la salud mental y plantea que el principal recurso de cuidado sigue siendo el vínculo con los adultos.


por María Scipioni



por María Scipioni


En la Argentina, la infancia digital dejó de ser tendencia: es infraestructura cotidiana. Kids Online Argentina, de UNICEF y UNESCO, muestra que el 95% de los chicos de 9 a 17 años cuenta con un celular con internet y que el primer dispositivo llega, en promedio, a los 9,6 años. El dato no habla solo de tecnología: marca una nueva economía de la atención, donde plataformas, escuela, publicidad, crianza y salud mental compiten por el mismo recurso escaso: el tiempo emocional de los chicos. 

María Scipioni, psicóloga clínica especializada en salud mental materna, infantil y adolescente, propone correr el eje de una falsa dicotomía. “Creo que la edad de entrega de un celular debe seguir siendo algo a pensar.” La pregunta, dice, no es únicamente cuándo, sino para qué. “Antes de hablar de cómo acompañar me parece que debemos preguntarnos que es lo que buscamos cuando entregamos un celular a un niños de 9 años.” En hogares atravesados por agendas extensas, inseguridad y fatiga adulta, el celular muchas veces aparece como solución práctica. Pero esa solución abre una puerta de entrada a algoritmos diseñados para retener usuarios. 

Los datos acompañan la advertencia. UNICEF y UNESCO relevaron que más de la mitad de los chicos de 9 a 17 años usa inteligencia artificial y que 6 de cada 10 busca información en internet todos o casi todos los días para estudiar. La conectividad no es el problema en sí: puede ser acceso, aprendizaje y autonomía. El riesgo aparece cuando se confunde acceso con madurez. Scipioni remarca: “Cuando hablo de acompañar me refiero a que los adultos podamos estar disponibles, que podamos conversar sobre lo que ven, las plataformas que utilizan, como los hacen sentir, por que las eligen y cómo interactúan con ellas.” 

La salud mental infantil empieza a mostrar señales en zonas concretas: sueño, irritabilidad, atención, autoestima y vínculos. “Las señales más frecuentes que encontramos tienen que ver con el cambio en el estado de ánimo.” Y agrega: “Los chicos duermen mal porque se quedan hasta tarde con el celular, eso les genera mal humor e irritabilidad.” La OMS advirtió que el uso problemático de redes sociales en adolescentes subió del 7% en 2018 al 11% en 2022, y que el 12% está en riesgo de uso problemático de videojuegos. No es pánico moral: es evidencia sobre hábitos que alteran rutinas básicas. 

La dimensión económica también existe. Cada minuto de atención infantil tiene valor para plataformas cuyo negocio se apoya en permanencia, recomendación, datos y publicidad. Por eso no alcanza con culpar a madres y padres. Scipioni lo sintetiza con una frase que debería entrar en la agenda pública: “Las plataformas están diseñadas para generar adicción, sobre todo en chicos cuyo sistema nervioso no está completamente desarrollado para poder regularse.” La UNESCO informó en 2026 que 114 sistemas educativos, el 58% de los países monitoreados, ya tienen prohibiciones nacionales sobre celulares en escuelas. La tendencia global muestra que el debate dejó de ser doméstico. 

El costo más silencioso es el desplazamiento del juego, del aburrimiento y del conflicto cara a cara. “Estamos viendo una gran pérdida de habilidades socioemocionales que son muy importantes para la vida y para el desarrollo emocional.” En la infancia, aburrirse no es perder el tiempo: es crear recursos internos. Scipioni advierte que “Por eso el juego libre es tan importante en la infancia, porque es el espacio en el que se construyen esas habilidades.” 

La salida no parece estar en la prohibición total ni en la vigilancia permanente. “El problema es creer que no podemos hacer nada. Nuestro mayor recurso para el cuidado y la prevención es el vínculo con nuestros hijos. El diálogo. Y no debemos subestimarlo.” El desafío, para familias, escuelas, Estado y empresas, es reconstruir una regla básica: ningún niño debería quedar solo frente a un sistema diseñado para capturar su atención.

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