Aunque falta más de un año para las elecciones de 2027 y ni siquiera están definidas las reglas con las que se votará, el peronismo bonaerense empezó a mover sus piezas. En el entorno de Axel Kicillof circula la intención de llegar a fin de este año con una candidatura provincial más ordenada, capaz de representar la continuidad de la gestión y competir por la sucesión en La Plata.
No existe todavía una definición ni un nombre consagrado. Sin embargo, dentro del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) reconocen la necesidad de evitar que la dispersión interna se prolongue hasta el comienzo formal de la campaña. El desafío consiste en encontrar una figura que exprese al gobernador, conserve el respaldo de los intendentes y pueda proyectarse más allá del núcleo estrictamente kicillofista.
En ese tablero aparece un actor que comenzó a despertar interés: el denominado Grupo AFA, integrado inicialmente por los intendentes Federico Otermín, de Lomas de Zamora; Federico Achával, de Pilar; Gastón Granados, de Ezeiza; y Nicolás Mantegazza, de San Vicente.
La posibilidad que entusiasma a algunos sectores del axelismo es que la candidatura oficial pueda legitimarse mediante una PASO frente a una figura surgida de esa liga municipal. Otermín y Achával aparecen, por ahora, como los dirigentes con mayor proyección dentro del grupo. Pero se trata de una especulación temprana, condicionada por la evolución de la interna y por la continuidad —o no— de las elecciones primarias.
Katopodis, Alak y una carrera de baja intensidad
Gabriel Katopodis y Julio Alak son los dos dirigentes del MDF que dejaron señales más visibles respecto de una eventual candidatura a gobernador.
Katopodis intenta construir desde su lugar al frente del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos y su principal activo es la relación que mantiene con numerosos intendentes, consolidada durante su paso por la gestión nacional y provincial. En ese marco, busca exhibir presencia territorial y cercanía con las demandas municipales, aunque enfrenta una dificultad que excede su voluntad: la paralización de obras causada por el ajuste nacional.
La suspensión de proyectos, incluso algunos con financiamiento internacional previamente acordado, limita la capacidad del ministro para mostrar resultados en una cartera cuya fortaleza política depende, precisamente, de la ejecución de obra pública.

Alak, en tanto, se apoya en una extensa trayectoria que incluye responsabilidades nacionales, provinciales y municipales. Desde la intendencia de La Plata comenzó a reconstruir vínculos con dirigentes de la vieja guardia justicialista y procura dialogar con sectores moderados o conservadores del electorado peronista.
Por el momento, ninguno desplegó una campaña abierta. Son movimientos de baja intensidad, pensados para instalar nombres sin precipitar una disputa que podría profundizar las tensiones existentes entre el kicillofismo y el kirchnerismo.
Ferraresi se mueve y Kreplak cuida los puentes
Otro nombre dentro del universo cercano a Kicillof es Jorge Ferraresi quien días atrás dejó la administración municipal en manos de Magdalena Sierra. En su distrito interpretan que, ante la posibilidad de que no se modifique la restricción a las reelecciones indefinidas, el dirigente buscaría consolidar la sucesión local y reservarse para una disputa provincial.

Ferraresi cuenta con estructura territorial, experiencia de gestión y capacidad para intervenir en la interna, aunque también genera resistencias dentro de otros sectores del peronismo.
La lista podría ampliarse. El ministro de Salud, Nicolás Kreplak, también comenzó a ser mencionado luego de que trascendiera la realización de un sondeo destinado a medir su nivel de conocimiento y sus posibilidades electorales.

Kreplak no integra formalmente el MDF, pero mantiene una relación estrecha con Kicillof. Su estrategia, al menos hasta ahora, consiste en evitar una ruptura con Máximo Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Esa posición le permite conservar vínculos con ambos sectores, aunque podría volverse difícil de sostener si la pelea por las candidaturas obliga a tomar partido.
El Grupo AFA quiere jugar su propio partido
Mientras el axelismo busca ordenarse, el Grupo AFA avanza con una lógica diferente. Sus integrantes pretenden construir una liga de intendentes que no quede subordinada a La Cámpora, al MDF ni al Frente Renovador, aunque sin romper vínculos con ninguna de esas estructuras.
Su objetivo es convertirse en la cuarta pata del peronismo provincial y reclamar un lugar en la mesa donde se resolverán la estrategia, las alianzas y las candidaturas de 2027.
Esa construcción ya empezó a extenderse más allá de los cuatro fundadores. En encuentros recientes participaron o fueron mencionados intendentes como Marisa Fassi, de Cañuelas; Juan Pablo García, de Dolores; Federico Susbielles, de Bahía Blanca; Gustavo Cocconi, de Tapalqué; y Gustavo Walker, de Pila. También mantienen contactos con Gustavo Menéndez, de Merlo, y con el diputado Juan Pablo de Jesús.
La presencia de dirigentes con procedencias y realidades territoriales diferentes muestra que el espacio busca dejar de ser una conversación exclusiva entre intendentes del conurbano. Necesita sumar representación en el interior bonaerense si pretende discutir en condiciones más equilibradas con estructuras de alcance provincial.
En el axelismo admiten que esta liga exhibe, al menos por ahora, un grado de coordinación que el propio MDF todavía no consiguió. Esa organización explica por qué algunos empiezan a imaginar una primaria entre ambos espacios como una forma de ordenar la oferta electoral sin llegar a una ruptura.
Otermín y Achával, los nombres con mayor proyección
Otermín y Achával son mencionados como las figuras mejor posicionadas para representar al Grupo AFA en una eventual competencia provincial, teniendo en cuenta que ambos gobiernan municipios importantes, cuentan con volumen electoral propio y pertenecen a una generación que intenta presentarse como renovación del peronismo.

Sin embargo, ninguno asumió públicamente una candidatura: si bien Achával sostuvo que su decisión es continuar en política y construir acuerdos, pero evitó presentarse como jefe del espacio. También repartió reconocimientos entre sus compañeros de armado, una señal destinada a preservar el carácter colectivo de la liga.
Granados fue más explícito al defender la posibilidad de competir en una PASO. Para el intendente de Ezeiza, los candidatos deberían surgir del universo municipal y una primaria no tendría por qué ser interpretada como una fractura.
Esa posición conecta con la mirada de algunos dirigentes del MDF: una competencia acordada podría otorgar legitimidad territorial al ganador y evitar que la candidatura sea percibida como una decisión tomada exclusivamente por las conducciones partidarias.
Pero la hipótesis todavía enfrenta varios interrogantes,atento a que no está claro qué ocurrirá con las PASO, cómo evolucionará la relación entre Kicillof y el kirchnerismo ni qué posición asumirá Sergio Massa. Tampoco puede descartarse que el Grupo AFA termine articulando con alguno de esos sectores o que las candidaturas se resuelvan mediante un acuerdo general.
Un pedido de reunión todavía sin confirmación
Desde la liga de intendentes dejaron trascender que habrían solicitado un encuentro con Kicillof para analizar la situación social, las herramientas disponibles en la gestión provincial y el escenario político de 2027. Hasta el momento, sin embargo, no existe confirmación pública de una fecha ni de que la reunión haya sido formalmente acordada.
Por eso, el eventual encuentro debe ser leído como una intención política antes que como un hecho consumado. Para el Grupo AFA, sentarse con el gobernador significaría obtener reconocimiento como interlocutor autónomo. Para Kicillof, abrir ese diálogo podría servir para ampliar su base de sustentación y contener a intendentes que no quieren quedar atrapados en la confrontación con La Cámpora.
Los jefes comunales también reclaman una tregua dentro del peronismo. Consideran que la disputa entre el kicillofismo y el kirchnerismo consume energía mientras los municipios afrontan el crecimiento del desempleo, la precarización laboral y una mayor demanda de asistencia.
En ese punto, la liga procura ubicarse en una posición de equilibrio: respalda la caracterización crítica de Kicillof sobre el rumbo del Gobierno nacional, reconoce herramientas de la gestión provincial y cuestiona los ataques permanentes contra el gobernador. Al mismo tiempo, evita incorporarse al MDF y mantiene abiertos los canales con La Cámpora y el massismo.
El riesgo de quedar en el medio
La búsqueda de ecuanimidad puede convertirse en la principal fortaleza del Grupo AFA, pero también en su mayor debilidad. Si consigue tender puentes y ampliar su representación territorial, podría transformarse en un actor determinante para ordenar al peronismo. Si evita todas las definiciones para preservar sus márgenes de maniobra, corre el riesgo de diluir su identidad.
La liga deberá demostrar que tiene algo más que una voluntad de moderar la interna. Para consolidarse necesitará una propuesta política propia, acuerdos programáticos y una conducción capaz de resolver quién representará al espacio cuando llegue el momento de competir.
El axelismo enfrenta un desafío similar. Tener varios nombres disponibles no equivale a contar con una candidatura consolidada. Katopodis, Alak, Ferraresi y eventualmente Kreplak expresan perfiles distintos, pero ninguno logró todavía despegarse con claridad.
Así, el cierre de 2026 aparece como un primer plazo político, no necesariamente definitivo. Kicillof necesita ordenar su sucesión provincial mientras construye su proyección nacional; los intendentes quieren ganar protagonismo; el kirchnerismo conserva estructura y capacidad de veto; y el massismo todavía no mostró todas sus cartas fuertes.
La eventual PASO entre un candidato del MDF y una figura como Otermín o Achával podría funcionar hoy como una hipótesis atractiva, pero antes deberán definirse las reglas electorales, las alianzas y, sobre todo, si el peronismo bonaerense logra transformar su interna permanente en una competencia con algún grado de convivencia.