Las consecuencias de las inundaciones que golpearon al sudeste bonaerense durante la ciclogénesis de mayo ya exceden la emergencia climática. El exceso de agua, la destrucción de caminos rurales y las dificultades para ingresar a los establecimientos comenzaron a comprometer la cosecha pendiente y la planificación de la próxima campaña agrícola.
El escenario más delicado se registra en el partido de Necochea, aunque el impacto también alcanza sectores de Tres Arroyos, San Cayetano y Lobería. Productores de la región advirtieron que existen campos todavía anegados y otros donde el agua retrocedió, pero que continúan aislados debido al deterioro de los accesos.
En algunos puntos del sudeste provincial cayeron entre 240 y 400 milímetros en pocas semanas, mientras que el acumulado anual ya ronda los 700 milímetros. El volumen de las precipitaciones desbordó los sistemas de drenaje y provocó daños severos en la infraestructura vial rural.
Las áreas más comprometidas se encuentran entre la Ruta Nacional 228, la Ruta Provincial 72 y la localidad de Juan N. Fernández. También se reportaron inconvenientes en Orense, partido de Tres Arroyos; San Cayetano, y distintos sectores de Lobería.
Los primeros relevamientos realizados por productores y técnicos del INTA contabilizaron alrededor de 25.700 hectáreas inundadas. Sin embargo, estimaciones del sector indican que el fenómeno habría alcanzado unas 50.000 hectáreas y que actualmente entre 20.000 y 25.000 continúan con diferentes grados de afectación.
La superficie perjudicada podría ser todavía mayor, debido a que algunos lotes ya no tienen agua en la superficie, pero permanecen inaccesibles por el estado de los caminos.
Uno de los puntos críticos se encuentra en la confluencia de los canales Los Ángeles 1 y 2. Según explicó Agustina Balsategui, productora agropecuaria e integrante de la Comisión de Cuencas, allí se formó un cuello de botella que dificulta el escurrimiento normal del agua.
La fuerza de la corriente destruyó puentes y dejó numerosos caminos intransitables. La situación afecta especialmente al límite entre Necochea y San Cayetano, al corredor próximo a la Ruta 228 y a sectores cercanos a La Dulce.
Frente a la falta de accesos, algunos productores deben atravesar campos vecinos o utilizar tractores para llegar hasta las viviendas rurales, asistir a las familias, alimentar al ganado y controlar las instalaciones. Desde la Comisión de Cuencas alertaron que todavía hay personas aisladas.
El deterioro de la red vial también impide retirar la producción almacenada. La cosecha de soja de segunda y maíz acumula importantes demoras, mientras que parte del girasol continúa guardado en silobolsas porque los camiones no pueden ingresar a los establecimientos.
A las pérdidas y los mayores costos logísticos se suma la incertidumbre sobre la implantación del trigo y otros cultivos de invierno. La falta de piso en los lotes y las dificultades para trasladar maquinaria e insumos reducen la ventana disponible para la campaña fina.
La crisis también condiciona las tareas cotidianas dentro de los campos, desde la provisión de alimento para la hacienda hasta el abastecimiento de combustible y otros elementos esenciales.
El municipio, la Dirección Provincial de Hidráulica y las comisiones hídricas mantienen trabajos coordinados para restablecer la circulación y favorecer el drenaje. No obstante, los productores consideran que la magnitud del daño demanda una respuesta más rápida y mayores recursos.
Por ese motivo, reclaman que se declare la emergencia hídrica y vial. La medida permitiría acelerar las obras necesarias y avanzar con herramientas de asistencia económica para los establecimientos afectados.