El 9 de julio de 2007 quedó marcado para siempre en la memoria de millones de argentinos. Mientras el país conmemoraba un nuevo aniversario de la Independencia, la Ciudad de Buenos Aires y gran parte del conurbano bonaerense fueron escenario de una postal tan inesperada como inolvidable: la nieve cayó sobre el AMBA y transformó el feriado patrio en un episodio histórico. Este 9 de julio de 2026 se cumplen 19 años de aquel fenómeno que todavía hoy sigue generando asombro, recuerdos y una pregunta inevitable: ¿cómo fue posible que nevara en Buenos Aires?
Lo que comenzó como una jornada helada, gris y silenciosa terminó convertido en una verdadera celebración popular. Familias enteras salieron a la calle para mirar el cielo, sacar fotos, armar pequeños muñecos de nieve y registrar con cámaras digitales o celulares de la época un momento que parecía sacado de otra ciudad. La escena era extraordinaria: autos, techos, plazas, árboles y veredas cubiertos de blanco en distintos puntos del Gran Buenos Aires, mientras en la Capital Federallos copos sorprendían a vecinos que jamás habían visto nevar en su barrio.
Aquel lunes feriado no fue un día cualquiera. Al tratarse del Día de la Independencia, muchas personas no trabajaban ni tenían clases, lo que permitió que el fenómeno se viviera de una manera colectiva y masiva. La noticia se instaló rápidamente en los noticieros, las radios y las tapas de los diarios: Buenos Aires estaba bajo la nieve, algo que no ocurría con esa magnitud desde hacía décadas.
Según los registros históricos, la última nevada significativa en la Ciudad de Buenos Aires había ocurrido el 22 de junio de 1918, es decir, 89 años antes. Si bien hubo episodios posteriores de nevisca o aguanieve, ninguno alcanzó el impacto visual, social y meteorológico de la nevada de 2007. Por eso, para miles de porteños y bonaerenses, aquella tarde fue la primera vez que vieron nieve caer sobre sus casas.
El fenómeno no fue casualidad, sino el resultado de una combinación meteorológica muy poco frecuente. Días antes, el 6 de julio de 2007, un frente frío acompañado por aire de origen polar avanzó desde la Patagonia hacia el centro del país, provocando un fuerte descenso de temperaturas. Luego, el ingreso de aire frío se reforzó por la presencia de un anticiclón, que favoreció la llegada de humedad desde el océano hacia la región central.
El factor clave llegó el 9 de julio, cuando ingresó aire extremadamente frío en altura: de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, había alrededor de-30°C a 5.000 metros. Al mismo tiempo, cerca de la superficie persistía aire muy frío y húmedo. Esa combinación permitió que se formaran nubes con el desarrollo suficiente para producir nieve y que los copos no se derritieran antes de tocar el suelo.
Los primeros reportes de nieve se registraron en zonas como Pergamino, Venado Tuerto y Junín. Más tarde, el fenómeno llegó al Gran Buenos Aires. Morón fue una de las primeras localidades del conurbano en reportar nevadas, mientras que en Ezeiza la lluvia comenzó a enfriarse hasta transformarse en nieve sólida.
Con el correr de las horas, la postal blanca se expandió por distintos puntos del AMBA. En localidades como Ituzaingó, Lomas de Zamora, La Matanza y Ezeiza, la nieve logró acumularse sobre autos, techos y veredas. En la Ciudad, aunque en muchas zonas los copos se derretían rápidamente al tocar el suelo, el fenómeno alcanzó para cambiar por completo el paisaje urbano y convertir al Obelisco, las plazas y las avenidas en imágenes históricas.