lunes 06 de julio de 2026
- Edición Nº2770

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De 30.000 a menos de 9.000: el derrumbe silencioso de los tambos argentinos

16:49 | El sector lácteo profundiza su concentración mientras el pequeño productor queda cada vez más afuera del negocio. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea, en junio se perdieron otros 33 establecimientos y ya quedan apenas 8.870 tambos en funcionamiento en todo el país.



La crisis del sector tambero argentino dejó hace tiempo de ser una señal de alerta para convertirse en una tendencia estructural. Mes a mes, los informes del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina vuelven a mostrar el mismo movimiento: cada vez hay menos tambos, menos productores chicos y una mayor concentración de la producción en establecimientos de gran escala.

La última medición, correspondiente a junio, confirmó que desaparecieron 33 tambos respecto de mayo y 231 en comparación con el mismo mes de 2025. Esto representa una caída interanual del 2,56%, en línea con el ritmo de retroceso que se viene observando en los últimos relevamientos.

El dato no aparece aislado. A comienzos de 2026, la cantidad de tambos perforó por primera vez el piso de los 9.000 establecimientos. Desde entonces, la tendencia no logró revertirse. Actualmente, el país cuenta con 8.870 unidades productivas en funcionamiento, 107 menos que en enero.

La comparación histórica permite dimensionar la magnitud del derrumbe. Hasta 2023, Argentina todavía conservaba más de 10.000 tambos. A fines de los años ochenta, antes de otra gran crisis sectorial, la cifra superaba los 30.000. En cuatro décadas, la actividad perdió más del 70% de sus establecimientos.

Una crisis que expulsa al productor chico

La caída en la cantidad de tambos no implica necesariamente una reducción proporcional de la producción total, sino un cambio profundo en la estructura del negocio. El sector se achica en cantidad de actores, pero se concentra en manos de establecimientos cada vez más grandes.

Según OCLA, los tambos con más de 500 vacas representan apenas el 7,1% del total, pero concentran el 29,7% de los animales y aportan más de un tercio de la producción nacional de leche.

En el otro extremo, los tambos de menos de 100 vacas constituyen el 32,7% de las unidades productivas, pero reúnen solo el 8,1% del rodeo y generan menos del 10% de la leche del país.

La asimetría es contundente: mientras los establecimientos grandes ganan peso relativo, los pequeños productores quedan cada vez más expuestos a los costos, la falta de rentabilidad, la volatilidad de precios y la dificultad para sostener inversiones. El resultado es un proceso de expulsión silencioso, sostenido y difícil de revertir.

Menos tambos, menos vacas

El deterioro también se refleja en el stock bovino. En junio, la cantidad de vacas lecheras cayó 1,91% respecto de mayo y 0,26% en la comparación interanual. Actualmente, hay 1.527.750 cabezas en producción, unas 4.017 menos que en junio de 2025 y 62.224 menos que en junio de 2024.

En los últimos diez años, la reducción del rodeo lechero avanzó a una tasa anual del 1,66%. Es decir, no solo cierran tambos: también disminuye la cantidad de animales destinados a la producción láctea.

Este dato profundiza la preocupación sobre el futuro del sector, especialmente en las cuencas donde el tambo chico cumple un rol económico y social clave. Cuando cierra una unidad productiva, no solo desaparece una empresa familiar: también se resiente el empleo rural, la actividad comercial de los pueblos y una forma de arraigo territorial que cuesta reconstruir.

La concentración como contracara del cierre

El único indicador que crece es, paradójicamente, el que mejor expresa el proceso de concentración. El promedio de vacas por tambo pasó de 150 animales en 2023 a 174 en la actualidad. En 2024 había sido de 162 y, desde marzo de este año, la media se mantiene por encima de las 170 vacas por unidad productiva.

Ese aumento no necesariamente refleja una mejora generalizada del sector. Más bien muestra que, cada vez que un tambo chico cierra, los que permanecen tienden a ser más grandes y a absorber una mayor proporción del negocio.

La producción láctea argentina, de este modo, avanza hacia un esquema con menos actores, mayor escala y menor participación de los establecimientos familiares. La pregunta de fondo es si ese modelo puede sostener la diversidad territorial, el empleo rural y la presencia de productores en las distintas cuencas lecheras del país.

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