El presidente de Industriales Pymes Argentinos, IPA, Daniel Rosato, reclamó la sanción urgente de una ley de emergencia económica ante lo que definió como una “crisis terminal” del sector industrial manufacturero. En su exposición en el Senado advirtió que, sin un “salvataje”, podrían cerrar “10.000 Pymes más” y perderse “entre 500 y 600 mil puestos de trabajo” antes de fin de año.
La presentación se basó en el último informe del Observatorio IPA, elaborado por el economista Federico Vaccarezza. El documento indica que la caída del empleo formal privado ya no es estacional: acumula 27 meses de contracción y una destrucción de 376.582 puestos asalariados desde diciembre de 2023.
Rosato cuestionó la asimetría con las grandes empresas. “El Estado le está dando a las empresas grandes los RIGI y el súper RIGI que representan miles de millones de dólares, y nosotros las Pymes no tenemos ningún financiamiento de nada; pareciera que cuando pedimos algo estamos pidiendo limosna”, señaló.
Caída de producción y apertura importadora
El Índice de Producción Industrial, IPI, retrocedió 2,8% interanual en abril y anuló la mejora de marzo, según el informe. El Observatorio detalla que “cuatro de cada diez máquinas en las fábricas argentinas siguen completamente paradas debido a la falta de demanda local”.
El titular de IPA también apuntó a la competencia externa: “Nos hacen competir con países como China. A nivel mundial, la mayoría de los países le ponen condiciones para que ingresen esos productos, porque entran a precio dumping; mientras que en la Argentina eso se está permitiendo y nos acusan de que no somos competitivos”.
Macro, costos y consumo
El informe marca una dualidad macroeconómica: mayo cerró con un superávit comercial récord de USD 3.504 millones, pero bajo “compresión recesiva”. Mientras crecen las exportaciones de agro y energía, las importaciones de bienes de capital e insumos cayeron 7%, lo que “consolida un modelo donde los números financieros cierran a costa del achicamiento de la industria nacional”.
El EMAE se desaceleró en abril a 1,6% interanual y 1,5% mensual desestacionalizado, y “la economía argentina sigue atrapada en una meseta inestable”. A eso se suma la presión de costos: la inflación interanual se mantuvo en 33,2% por ajustes en tarifas y combustibles, en un contexto de tipo de cambio administrado. El Observatorio lo describe como un “efecto pinza” sobre los costos en pesos.
El consumo interno también se debilita. Las ventas en supermercados acumulan cinco meses de caída real, con una baja superior al 3,5% en los primeros cinco meses del año. El dato más crítico, según IPA, es que “las familias financian el 58% de sus compras básicas estirando el saldo de las tarjetas de crédito”.
En el plano fabril hay polarización: crecen los sectores ligados a exportación o a commodities energéticos y químicos, mientras textil y metalmecánica profundizan la parálisis. El dólar minorista oficial cerró junio en $1.500 tras una licitación del Tesoro por $3 billones.
Vaccarezza sostuvo que el desafío para la segunda mitad del año estará en “la tensión entre el dólar y las tasas de interés bancarias” y en “poner en marcha la actividad doméstica para evitar un deterioro aún más pronunciado”.