La tensión dentro del peronismo bonaerense volvió a quedar expuesta, esta vez alrededor de un tema especialmente sensible: la crisis alimentaria y sanitaria en la provincia de Buenos Aires. Lo que empezó como un reclamo legislativo del senador Mario Ishii para declarar la emergencia en ambas áreas terminó derivando en un nuevo capítulo de la interna entre sectores del oficialismo provincial, con cruces públicos, frases filosas y pases de factura que ya nadie se esfuerza demasiado en disimular. Una sutileza política digna de una topadora entrando a un living.
El punto de partida fue la última sesión del Senado bonaerense, donde Ishii reclamó el tratamiento sobre tablas de dos proyectos para declarar la emergencia alimentaria y sanitaria. El exintendente de José C. Paz sostuvo que la situación social “no puede esperar” y advirtió que “no puede haber hambre en la provincia de Buenos Aires”. Según planteó, la iniciativa buscaba darle herramientas al Gobierno provincial para reforzar la asistencia estatal frente a una demanda creciente de alimentos, medicamentos e insumos básicos.
Pero la lectura del Ejecutivo fue otra. Consultado durante su conferencia de prensa habitual, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, respondió a los cuestionamientos y buscó bajarle el tono institucional al reclamo, aunque terminó elevando la temperatura política. Primero agradeció la “preocupación” de algunos legisladores y aseguró que el Gobierno de Axel Kicillof trabaja todos los días para garantizar alimentación, empleo, acceso a medicamentos y atención sanitaria. Hasta ahí, manual de convivencia interna, pero acto seguido llegó la frase que hizo ruido.
“Más allá de las intenciones de cada uno, difícilmente se solucione un problema de esta magnitud con una ley. Lo que hacen falta son los recursos que le quitó el Estado nacional a la provincia de Buenos Aires para mejorar la situación de los bonaerenses”, sostuvo Bianco. El funcionario reconoció que una norma puede establecer un marco, pero insistió en que sin financiamiento no hay política pública capaz de sostener una respuesta de fondo.
Y entonces llegó el dardo: “Si el poncho no aparece, difícil que el chancho chifle”. La frase fue interpretada rápidamente como una alusión directa a Ishii, conocido por usar poncho, y cayó pésimo en su entorno.
Desde sectores cercanos al senador no dejaron pasar la respuesta y salieron al cruce con una crítica directa. En este caso fue fue Pablo Mansilla, Secretario de Gobierno de José C. Paz: “Lo que no aparece es la materia gris de los garcas, no está en el ADN ayudar en la crisis, cuando el pueblo está sufriendo. ¿Dónde está el clio? Dicen que tiene olor a vela”. La respuesta, lejos de bajar la espuma, terminó de confirmar que la discusión ya no circula solamente por los despachos legislativos, sino también por el barro digital, ese ecosistema donde la política suele perder los zapatos y también la compostura.
La discusión ocurre en un momento delicado para el peronismo bonaerense, donde las diferencias entre el entorno de Kicillof, el cristinismo y los armados territoriales aparecen cada vez con menos filtros. Aunque el gobernador viene pidiendo no alimentar la interna “a cielo abierto”, los cruces se repiten y la Legislatura funciona como caja de resonancia de disputas que exceden largamente el contenido de cada proyecto.
La interna, por ahora, no muestra señales de cierre, al contrario: cada respuesta abre una réplica, cada réplica se sube a redes, y cada frase queda disponible para el próximo pase de factura.