martes 21 de julio de 2026
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El costo oculto de ignorar las emociones en el trabajo: la nueva alerta para líderes y empresas

26/06/2026 15:15 | Aunque no figura en los balances, la brecha emocional se convirtió en un factor clave para entender el clima laboral, la productividad y la retención de talento. Ignorar lo que sienten las personas dentro de las organizaciones ya no es una omisión menor: es un riesgo estratégico para empresas y líderes.


por Lina Zubiria - Coach Ejecutiva Organizacional & de Equipos



por Lina Zubiria - Coach Ejecutiva Organizacional & de Equipos


Cuando se habla de los desafíos del mundo laboral suelen aparecer la brecha generacional, la brecha digital o la brecha de habilidades. Sin embargo, existe otra brecha que impacta silenciosamente en los resultados de las organizaciones: la brecha emocional.

Las empresas invierten en tecnología, procesos y estrategia, pero muchas veces dejan fuera una dimensión clave para la sostenibilidad de cualquier transformación: la emocional. 

Esa brecha que no aparece en los balances ni en los reportes, pero que impacta directamente sobre la productividad, la retención y el clima organizacional. Es la distancia entre lo que las personas sienten en el trabajo y lo que las organizaciones están preparadas para acompañar.

Durante años predominó la idea de que la vida personal y la vida profesional podían mantenerse separadas. Hoy sabemos que eso no es posible. Las personas llegan al trabajo con sus emociones, preocupaciones, expectativas y desafíos personales. Ignorar esa realidad tiene un costo cada vez más alto.

Además, el contexto demográfico está transformando la composición de la fuerza laboral. Diversos estudios proyectan que en los próximos años 6 de cada 10 colaboradores tendrán más de 45 años, convirtiéndose en la generación que más tiempo permanecerá activa en el mercado laboral. Este escenario plantea nuevos desafíos para las organizaciones, que deberán aprender a gestionar equipos cada vez más diversos y acompañar trayectorias laborales más extensas.

Los datos muestran la magnitud del problema. Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión y la ansiedad generan pérdidas de productividad cercanas a USD 1 billón por año a nivel global. Por su parte, Gallup reporta que solo el 20% de los trabajadores se siente comprometido con su trabajo, mientras que la mayoría opera con distintos niveles de desconexión emocional.

Lo más preocupante es que el fenómeno también alcanza a quienes lideran. Gallup señala que una de las principales causas de la caída global del engagement es el agotamiento de los propios managers. Cuando quienes deben acompañar a los equipos también están emocionalmente sobrecargados, la desconexión se vuelve sistémica.

La dimensión emocional dejó de ser un tema exclusivo del área de Recursos Humanos para convertirse en una cuestión estratégica. Los equipos con mayor bienestar emocional muestran menor ausentismo, mayor creatividad, mejor comunicación y más capacidad de adaptación al cambio. Y aun así, sigue siendo la dimensión menos atendida en la mayoría de las agendas corporativas.

Desde nuestra experiencia acompañando procesos de diseño de culturas sanas, humanas y resilientes, cerrar esta brecha no requiere grandes presupuestos. Requiere decisión, coherencia y prácticas que pongan al ser humano en el centro, no por una mera cuestión “humana” sino de sostenibilidad de las organizaciones. Hoy que los cambios sean sostenibles no dependen únicamente de nuevas estrategias y/o estructuras organizacionales, sino también de desarrollar en los líderes las habilidades humanas que les permitan cuidar y desafiar a los equipos en entornos inciertos. 

Las organizaciones que hoy eligen trabajar en reducir la brecha emocional no solo cuidan a sus personas, sino que las desafían en una cultura que las distingue, las involucra y las valora para lograr la sostenibilidad del negocio. 

Sin personas, no hay organizaciones. Tan simple como eso.

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