sábado 20 de junio de 2026
- Edición Nº2754

País

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La promesa de autonomía choca con la precarización en las plataformas

09:23 | Conductores y repartidores se multiplican en las calles, mientras los ingresos caen y crecen las alertas por saturación del sector.



La economía de plataformas se consolidó en los últimos años como una de las salidas laborales más rápidas para quienes buscan ingresos en Argentina. Aplicaciones de reparto, transporte de pasajeros y logística urbana ganaron terreno en un mercado laboral golpeado por la pérdida de empleos formales, la caída salarial y el aumento de la informalidad. Sin embargo, el crecimiento acelerado del sector empieza a mostrar límites: más trabajadores en la calle, demanda que no acompaña al mismo ritmo e ingresos cada vez más inestables.

De acuerdo con estimaciones sindicales, alrededor de un millón de personas trabaja actualmente vinculada a plataformas digitales en el país. La cifra incluye unos 700.000 trabajadores dedicados al traslado de personas y otros 300.000 al reparto de alimentos. Aunque los números exactos son difíciles de precisar, por tratarse de información sensible para las empresas, distintas compañías reconocen un fuerte aumento de inscriptos y usuarios activos.

Cabify informó que cuenta con unos 40.000 conductores registrados para manejar en su plataforma, con un crecimiento promedio del 25% desde el año pasado. DiDi, por su parte, señaló que más de medio millón de personas generaron ganancias a través de su aplicación, entre conductores de autos y motos, lo que representó un incremento interanual del 48%. En el caso de Uber, los datos difundidos corresponden a la Ciudad de Buenos Aires, donde más de 350.000 personas obtuvieron ingresos mediante la plataforma durante el año pasado.

El fenómeno también se observa en el reparto de alimentos. PedidosYa registró 64.000 repartidores activos en mayo, mientras que Rappi había informado que durante el año pasado más de 151.000 personas completaron al menos un pedido, con un salto significativo respecto del período anterior.

Una salida rápida en medio de la recesión

El avance de estas modalidades laborales se explica, en buena parte, por la necesidad de generar ingresos en un contexto económico adverso. Para muchos trabajadores, las plataformas funcionan como complemento salarial; para otros, como refugio ante la pérdida de un empleo formal. La baja barrera de ingreso, la posibilidad de comenzar a trabajar rápidamente y cierta flexibilidad horaria convirtieron a estas aplicaciones en una opción cada vez más extendida.

Pero esa misma expansión empieza a generar tensiones. Desde el Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación advierten que la recesión empuja a más personas hacia la actividad, mientras el consumo, especialmente en el rubro de alimentos, continúa retraído. El resultado es una suerte de cuello de botella: más repartidores y conductores disponibles, pero menos demanda suficiente para sostener los ingresos de todos.

La secretaria general del gremio, Belén D’Ambrosio, describió una situación cada vez más compleja para quienes trabajan en delivery. Según planteó, la ganancia por pedido cayó como consecuencia del aumento de la oferta laboral y de una demanda que no acompaña en la misma proporción. También cuestionó la falta de transparencia en los criterios que utilizan las aplicaciones para calcular los pagos.

A esto se suma un fenómeno cada vez más visible: el alquiler o préstamo de cuentas, pese a que está prohibido por las plataformas. Según el sindicato, ocurre en casos de trabajadores bloqueados, inmigrantes sin documentación argentina para registrarse e incluso adolescentes que salen a repartir con cuentas de terceros para colaborar con los ingresos familiares.

El límite del “empleo refugio”

Especialistas advierten que las plataformas pueden absorber parte de la mano de obra expulsada por otros sectores, pero no de manera ilimitada. El economista Haroldo Montagu, director de la consultora Vectorial, explicó que la incorporación de trabajadores depende de que las altas sigan abiertas. Sin embargo, si la cantidad de conductores y repartidores crece más rápido que la demanda, el efecto directo es una caída en los ingresos.

En ese escenario, los trabajadores deben hacer más horas para compensar tarifas más bajas o comisiones más altas. La investigadora Mariana González, de FLACSO-CONICET, también observa señales de agotamiento en esta dinámica. Entre los indicadores que menciona aparecen el aumento de la informalidad, el crecimiento del trabajo independiente informal y la suba del monotributo en paralelo a la destrucción de empleo formal.

Desde la llegada del actual gobierno nacional, se perdieron cientos de miles de puestos registrados, mientras creció la cantidad de monotributistas. Para los especialistas, ese movimiento puede leerse como una señal de precarización y no necesariamente como creación genuina de empleo. Es decir: menos trabajo estable, más rebusque y una economía que empieza a normalizar la inestabilidad como si fuera innovación. Hermoso milagro moderno, con mochila térmica incluida.

Otro dato que aporta señales de alerta es el patentamiento de motos. Según un informe de Fundación Mediterránea, entre enero y abril se había registrado un fuerte crecimiento, vinculado en parte al auge del reparto y la logística de última milla. Pero en mayo hubo una caída mensual del 16,9%, lo que podría marcar un límite en la capacidad de las plataformas para seguir incorporando trabajadores al mismo ritmo.

Entre la oportunidad y la precarización

No todos los análisis son pesimistas. El exministro de Producción y titular de la consultora ABECEB, Dante Sica, sostiene que el crecimiento del trabajo en plataformas forma parte de una tendencia global que en Argentina llegó con cierto retraso. Desde esa mirada, se trata de nuevas modalidades laborales asociadas al comercio electrónico, la logística urbana y los cambios en los hábitos de consumo.

Sica considera que el proceso recién está en una etapa inicial y que el e-commerce todavía tiene margen para expandirse en el país. En ese sentido, las plataformas podrían seguir creciendo a medida que aumenten las operaciones digitales y la demanda de entregas de última milla.

Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto: si estas modalidades representan una oportunidad real de empleo o si funcionan, sobre todo, como una respuesta precaria frente a la falta de trabajo formal. Lo cierto es que la “uberización” del empleo ya no es un fenómeno marginal. Forma parte del paisaje cotidiano de las ciudades argentinas y expone, con crudeza, las transformaciones de un mercado laboral donde conseguir ingresos no siempre significa acceder a derechos.

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