La industria textil argentina atraviesa un escenario crítico. La actividad acumula una caída del 31,3% en comparación con 2023, opera apenas al 40% de su capacidad instalada y ya perdió más de 22.000 puestos de trabajo desde fines de ese año. El desplome del consumo interno, la apertura importadora y el deterioro del poder adquisitivo configuran una combinación que golpea de lleno a uno de los sectores productivos más intensivos en mano de obra.
De acuerdo con un informe de la Fundación Pro Tejer, el nivel de actividad del sector registró una baja interanual del 23,3%. Si la comparación se realiza contra dos años atrás, la contracción alcanza el 31,3%. El deterioro se profundizó durante el primer trimestre, cuando la producción textil cayó 26,9% respecto de 2026 y 33,7% frente a 2023.
El retroceso contrasta con el desempeño de la industria manufacturera en general, que mostró una mejora interanual del 5% y una caída acumulada mucho menor, del 2,3%. Mientras algunos rubros empiezan a mostrar señales de recomposición, el textil continúa sin encontrar piso.
El impacto más sensible se observa en el empleo. Según datos de la Secretaría de Trabajo, en febrero la industria manufacturera perdió 2.978 puestos registrados. De ese total, 928 correspondieron a los sectores textil, confección, cuero y calzado. Es decir, uno de cada tres empleos industriales destruidos en ese mes perteneció a esta cadena productiva.
Desde diciembre de 2023, el sector acumula más de 22.000 puestos de trabajo perdidos. Detrás de esa cifra hay talleres que reducen turnos, fábricas que suspenden producción, pymes que achican personal y familias que quedan fuera de una actividad históricamente vinculada al trabajo formal, la producción local y el entramado industrial de distintas regiones del país.
La gerenta general de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, Celina Pena, advirtió que la recuperación del sector “todavía no se consolida” y que el contexto “se vuelve cada vez más complejo”. En ese sentido, remarcó que la producción continúa en retroceso, el empleo cae mes a mes y las empresas trabajan con niveles de utilización de la capacidad instalada históricamente bajos.
Según FITA, las fábricas textiles operaron al 40% de su capacidad instalada, prácticamente sin variaciones respecto del mes anterior y por debajo del nivel registrado un año atrás. El promedio general de la industria, en cambio, alcanzó el 59%, lo que expone la brecha entre el comportamiento del conjunto manufacturero y la situación particular del sector textil.
Desde Pro Tejer señalaron que la cadena de valor textil e indumentaria atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La entidad sostuvo que el deterioro del poder adquisitivo, la pérdida de empleo, la apreciación cambiaria, la apertura importadora acelerada y los altos costos sistémicos están generando un cuadro crítico para la producción nacional.
La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también muestra una fuerte contracción. En marzo retrocedió 8,9% interanual y se ubicó 19% por debajo de los niveles de producción de 2023. Para la Fundación, se trata de caídas profundas y persistentes en una cadena con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas, intensiva en empleo y con despliegue federal.
El consumo tampoco ofrece alivio. Las ventas continúan débiles y no alcanzan para recomponer el nivel de actividad. Un ejemplo fue el desempeño del Hot Sale de mayo, cuyas operaciones registraron una baja cercana al 10% interanual en términos reales. La postal es conocida: menos poder de compra, menos ventas, menos producción y más capacidad ociosa. Un círculo virtuoso, pero al revés, porque aparentemente también hacía falta inventar eso.
A la contracción del mercado interno se suma otro factor clave: el avance de las importaciones. Pro Tejer alertó sobre el ingreso masivo de productos del exterior, favorecido por la desregulación comercial y por un esquema macroeconómico que vuelve más competitivos a los bienes importados frente a la producción nacional.
Según el informe, las importaciones de indumentaria crecieron 79% en cantidades y 48% en dólares, hasta alcanzar un récord histórico de 23.482 toneladas y 333 millones de dólares. Las confecciones importadas también marcaron máximos históricos, con subas del 55% en cantidades y del 25% en valores.
Para la entidad, en un contexto global de sobreoferta de textiles e indumentaria, Argentina se transformó en un mercado de destino para excedentes externos. Esa dinámica desplaza producción local y profundiza la crisis de las empresas nacionales, que deben competir en condiciones cada vez más desiguales.
En paralelo, los precios del sector vienen creciendo muy por debajo del promedio general. En abril de 2026, las prendas de vestir y el calzado aumentaron 12,7% interanual, mientras la inflación general fue del 32,4%. Desde diciembre de 2023, el rubro acumuló una suba del 125,4%, casi la mitad del avance registrado por el nivel general de precios, que llegó al 221,6%.
Ese dato muestra que el problema no pasa por una escalada de precios del sector, sino por una demanda interna debilitada y por una estructura de costos que deja poco margen de maniobra a las empresas. Con ventas deprimidas, importaciones en alza y capacidad instalada ociosa, el textil aparece como uno de los sectores más golpeados del actual modelo económico.
Ante este panorama, Pro Tejer reclamó medidas urgentes para contener la destrucción de empleo y sostener a las empresas. También planteó la necesidad de avanzar en reformas estructurales de competitividad, alivio fiscal, financiamiento, infraestructura y reducción de costos sistémicos.