viernes 05 de junio de 2026
- Edición Nº2739

Provincia

proyecto legislativo

Tras la muerte del Indio Solari, la Legislatura bonaerense vuelve a intentar saldar una deuda cultural

14:27 | El senador Borgini impulsó un proyecto para declarar Personalidad Destacada post mortem a Carlos Alberto Solari. La iniciativa se suma a otros reconocimientos que, durante años, pasaron por la Legislatura bonaerense sin llegar a una sanción definitiva.



El dolor se apoderó de este viernes y del rock nacional con la muerte de Carlos Alberto Solari, el Indio, a los 77 años. Pero en la provincia de Buenos Aires, territorio donde su obra encontró una de sus legiones más fervorosas, la noticia también reabrió una vieja deuda institucional: la Legislatura bonaerense nunca logró convertir en ley un reconocimiento definitivo para una de las figuras más decisivas de la cultura popular argentina.

En ese marco, el senador Borgini presentó un proyecto para declarar a Solari como Personalidad Destacada de la Provincia de Buenos Aires post mortem, en reconocimiento a su labor ética, cultural y política. La iniciativa busca inscribir oficialmente en el cuerpo legislativo aquello que hace décadas ya había sido consagrado en las rutas, en los barrios, en las remeras gastadas, en los tatuajes, en las banderas y en esa liturgia pagana que el pueblo ricotero convirtió en una forma de pertenencia.

El proyecto destaca que Solari fue una de las figuras más influyentes y convocantes del rock nacional. Nacido en Paraná el 17 de enero de 1949, vivió desde niño en La Plata, ciudad donde se vinculó con el arte, el dibujo y la música. Allí comenzó a gestarse una sensibilidad que, años más tarde, terminaría pariendo junto a Skay Beilinson a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda que excedió cualquier definición musical para transformarse en fenómeno social, cultural y también político.

Los Redondos no fueron apenas una banda, fue una comunidad armada a fuerza de boca en boca, de discos que circulaban como mensajes secretos, de recitales que no se parecían a recitales sino a peregrinaciones. Las llamadas “misas ricoteras” reunieron a miles de personas de distintos puntos del país y convirtieron cada presentación en un ritual colectivo donde la música se mezclaba con la amistad, la resistencia, la intemperie y una forma de fe sin templo, aunque con demasiados altares improvisados.

La propuesta legislativa subraya, además, que Solari construyó su leyenda desde un lugar poco habitual para una estrella de semejante dimensión: la distancia. Rechazó buena parte de las reglas de la industria, evitó durante años la exposición mediática y sostuvo una relación directa con su público, esa reserva, lejos de enfriar el vínculo, lo volvió más poderoso. 

Su etapa posterior con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado mantuvo vivo ese universo. Incluso después de anunciar su retiro de los escenarios por el Parkinson, las misas continuaron convocando multitudes. Ya no se trataba solo de verlo a él, sino de participar de algo que él había encendido y que, con el tiempo, también aprendió a caminar sin su presencia física: una cultura ricotera que lo tuvo como origen, pero que terminó siendo más grande que cualquier biografía.

Una historia de proyectos que no llegaron al recinto

La muerte del Indio también volvió a poner sobre la mesa una serie de iniciativas que en distintos períodos legislativos buscaron reconocer su legado, pero que no alcanzaron una sanción definitiva. En 2022, un proyecto para declararlo ciudadano ilustre obtuvo media sanción, aunque luego perdió estado parlamentario. Más tarde, la propuesta volvió a ser presentada, pero tampoco llegó a completar su recorrido legislativo.

Entre las iniciativas anteriores también figuraron proyectos para declarar de interés legislativo la escultura realizada en La Matanza por el artista Santiago Leguizamón y el colectivo Una Obra Redonda, una representación del Indio hecha con chatarra donada por vecinos. Otra propuesta buscó declarar como patrimonio cultural inmaterial de la provincia de Buenos Aires a la obra musical de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, entendida como un conjunto de expresiones, prácticas y símbolos compartidos por una comunidad.

También hubo reconocimientos vinculados a su libro autobiográfico, “Recuerdos que mienten un poco”, donde Solari revisó parte de su vida y de su obra con esa mezcla de lucidez, misterio y distancia que siempre lo acompañó. Como suele ocurrir en la política, el homenaje caminó por comisiones, expedientes y buenas intenciones, ese laberinto donde muchas veces las cosas importantes quedan esperando turno mientras la burocracia acomoda papeles como si el tiempo no existiera.

La despedida de la política bonaerense

Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, legisladores bonaerenses de distintos espacios despidieron al músico en redes sociales. La vicegobernadora Verónica Magario lo definió como un referente de la cultura argentina y sostuvo que su obra marcó generaciones enteras. Desde el oficialismo, Mónica Macha lo recordó como un artista masivo, de ideas claras, que desafió al sistema e hizo de la música un ritual.

También hubo mensajes de Mayra Mendoza, Malena Galmarini, Mario Ishii, Mariano Cascallares, Soledad Alonso, Fabián Luayza, Ariel Archanco y Diego Garciarena, entre otros dirigentes que destacaron su lugar en la cultura popular. Las despedidas coincidieron en una idea central: Solari no fue solo un músico. Fue una voz que acompañó vidas, una poética que atravesó barrios, juventudes, amistades, dolores, celebraciones y memorias compartidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sus letras, cargadas de referencias literarias, personajes marginales, crítica social y metáforas abiertas, nunca entregaron respuestas fáciles. Tal vez por eso sobrevivieron tan bien al tiempo. Cada oyente pudo encontrar allí una lectura propia, una clave íntima, una frase para guardar en el bolsillo o para escribir en una pared. El Indio hizo de la ambigüedad una forma de precisión: decía sin clausurar, sugería sin domesticar, abría puertas sin explicar demasiado qué había del otro lado.

La importancia de la obra de Solari no puede medirse solo en discos vendidos ni en multitudes convocadas: su lugar en la historia argentina se explica por algo más difícil de producir  como es la construcción de un símbolo. Durante más de cuatro décadas, sus canciones acompañaron a millones de personas y se mezclaron con la vida cotidiana de varias generaciones.

Por eso, el proyecto presentado en la Legislatura bonaerense llega con el peso de lo póstumo, pero también con la urgencia de lo pendiente. El Indio ya era ilustre para quienes alguna vez viajaron kilómetros para escucharlo, para quienes hicieron de sus canciones una brújula torcida, para quienes encontraron en sus letras una manera de nombrar lo que no entraba en discursos prolijos. 

Carlos Alberto Solari murió, pero el Indio no termina de irse. Queda en la lengua común, en los parlantes, en los murales, en las rutas, en las sobremesas interminables y en esa multitud que aprendió que algunas canciones no se escuchan: se habitan.

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