El aumento del transporte público dejó de ser apenas un dato tarifario para convertirse en una señal concreta del deterioro del poder adquisitivo. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), entre noviembre de 2023 y abril de 2026 los boletos de colectivo, tren y subte en el Área Metropolitana de Buenos Aires registraron incrementos nominales que superaron ampliamente a la inflación acumulada del período, estimada en 303,5%.
El dato central del informe es contundente: el colectivo multiplicó su valor hasta por 16, el subte por casi 18 y el tren por 10. En el caso de los colectivos, la tarifa mínima de jurisdicción nacional pasó de $52,96 a $700, con una suba nominal del 1.221%. En CABA, el boleto llegó a $715,24, mientras que en la provincia de Buenos Aires alcanzó los $871,30, con un aumento nominal del 1.545%. En términos reales, esto implica incrementos de entre 228% y 307% por encima de la inflación.
El subte aparece como el caso más extremo dentro del AMBA. La tarifa pasó de $80 en noviembre de 2023 a $1.414 en abril de 2026, lo que representa una suba nominal del 1.668% y un incremento real del 337%. El tren, aunque tuvo la menor variación relativa, también quedó por encima de la inflación: pasó de $33,29 a $280 en abril, con una suba nominal del 741% y una mejora real para la tarifa del 119%. Desde mayo de 2026, además, el boleto ferroviario metropolitano subió a $330.
El informe del CEPA mide el impacto sobre el Salario Mínimo Vital y Móvil y muestra que el transporte comenzó a ocupar una porción mucho mayor del ingreso mensual de los trabajadores de menores recursos.
Para una persona que usa un colectivo de ida y vuelta durante 22 días hábiles al mes, el gasto pasó de representar el 1,5% del salario mínimo en diciembre de 2023 al 8,6% en abril de 2026. En el caso de quienes combinan colectivo y subte, la incidencia trepó del 2,6% al 17,3%. Y para quienes realizan viajes multimodales desde el Gran Buenos Aires, combinando colectivo, tren y subte, el peso pasó del 2,5% al 14,7%.
La lectura social de esos números es clara: viajar dejó de ser un gasto menor dentro de la economía familiar. Para miles de trabajadores, estudiar, trabajar, buscar empleo o realizar trámites implica destinar una parte cada vez más grande del ingreso solo a moverse. El transporte, que debería funcionar como una herramienta de integración urbana, empieza a operar como una barrera económica.
El informe vincula esta dinámica con una doble presión. Por un lado, las tarifas aumentaron muy por encima de la inflación. Por otro, el salario mínimo quedó muy por detrás de la evolución general de precios. Según CEPA, el SMVM pasó de $156.000 en diciembre de 2023 a $357.800 en abril de 2026, un incremento nominal del 129%, muy inferior a la inflación acumulada. Esto significó una caída real aproximada del 43% en su poder de compra.
A esa pérdida de ingresos se suma otro componente clave: la reducción de subsidios y el encarecimiento de los costos operativos. El precio del gasoil acumuló una suba del 536% entre noviembre de 2023 y abril de 2026, más de 230 puntos por encima de la inflación general. Para las empresas de colectivos, el combustible representa una parte central de los costos, por lo que su aumento funcionó como argumento para nuevas recomposiciones tarifarias.
Sin embargo, la recomposición no se produjo en un contexto de mayor inversión pública. El CEPA advierte que el Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte, que financia obras e infraestructura ferroviaria y vial, registró una caída real del 17,5% entre los presupuestos 2025 y 2026. En términos concretos, el usuario paga más, pero el sistema recibe menos respaldo para mejorar su funcionamiento. Una ecuación brillante, si el objetivo fuera cansar a la población en cámara lenta.
El impacto también alcanza a los estudiantes. La Beca Progresar, congelada en $35.000 desde marzo de 2025, perdió capacidad frente al aumento de los boletos. En diciembre de 2023 alcanzaba para cubrir 839 boletos con descuento; en abril de 2026, apenas 111. La caída del poder de compra fue del 87%. Para quienes viven lejos de sus lugares de estudio o necesitan combinar medios de transporte, el beneficio resulta cada vez más insuficiente.
El informe también expone una fuerte desigualdad territorial. Tras la eliminación del Fondo Compensador del Transporte Público del Interior, en febrero de 2024, las ciudades del interior debieron afrontar aumentos más pronunciados. Mientras el boleto mínimo en el AMBA de jurisdicción nacional se ubicaba en $700 en abril de 2026, en San Martín de los Andes llegaba a $2.300, en Rawson a $2.192, en Santa Fe a $1.900 y en Corrientes a $1.890.
En esa comparación aparece con fuerza el debate federal. El AMBA continúa teniendo las tarifas más bajas del país pese a los aumentos históricos, mientras que muchas ciudades del interior enfrentan boletos que duplican o triplican ese valor. Córdoba y Rosario, por ejemplo, registraban una tarifa de $1.720, un 146% por encima del boleto mínimo del AMBA. En Salta, el boleto figuraba en $1.450, con un aumento nominal del 1.218,2% respecto de diciembre de 2023.
La consecuencia final del ajuste tarifario también se observa en la demanda. El CEPA señala que la cantidad de pasajeros comenzó a caer de manera más marcada a partir de octubre de 2025 y se profundizó en febrero de 2026. En la comparación interanual de ese mes, el colectivo cayó 11,7%, el tren 23,6%, el subte 6,4% y el sistema total 12,9%.
Esa caída no se explica únicamente por el precio del boleto. El informe la vincula también con una contracción estructural de los viajes, asociada al cierre de empresas y a la pérdida de empleo formal. Menos actividad económica implica menos trabajadores desplazándose hacia sus lugares de trabajo. Así, el sistema entra en una lógica difícil: menos pasajeros generan menos ingresos, y menos ingresos alimentan nuevas presiones para aumentar tarifas.
En ese escenario, el transporte deja de ser una política de acceso y pasa a convertirse en otro filtro social. Quien vive más lejos, quien gana menos, quien estudia, quien combina dos o tres medios para llegar a destino, paga proporcionalmente más. El ajuste, como casi siempre, no viaja en auto: espera el colectivo, carga la SUBE y calcula si llega a fin de mes.