Emiliano Balbín, presidente del Comité Provincial de la UCR bonaerense, definió el rumbo que busca imprimirle al partido: reconstruir el vínculo con la clase media y reorganizar la estructura “de abajo hacia arriba”. En una entrevista con Ámbito, el dirigente sostuvo que el radicalismo debe “volver a enamorar” a esos sectores que, admitió, el centenario espacio “dejó de representar”. Para eso, fijó como meta central tener un candidato a intendente propio en cada uno de los 135 municipios.
Nieto del histórico Ricardo Balbín e hijo del exintendente de Salliqueló Osvaldo Balbín, el abogado y exdiputado provincial llegó a la conducción por consenso. El acuerdo fue impulsado por el senador Maximiliano Abad y logró reunir a Evolución, alineado con el gobernador santafesino Maximiliano Pullaro, y al sector del exintendente Miguel Fernández. La unidad es casi total en el territorio: solo en 8 de los 135 distritos habrá internas el próximo 7 de junio para definir autoridades locales.
Consultado sobre cómo se alcanzó ese consenso tras años de fricciones, Balbín habló del “compromiso de cada uno de los sectores y sus dirigentes”. Dijo que todos entendían “que era necesario llegar a esta unidad y no a una confrontación, producto de las diferencias y las frustraciones que venimos acumulando”. Para el nuevo titular del Comité, se inicia “una nueva etapa” donde debe primar “el sentido de la unidad y el entendimiento” y la recuperación de “la institucionalidad del partido como herramienta política”.
El diagnóstico interno fue contundente. Balbín afirmó que la UCR atraviesa “una crisis de representación” y recordó que en los últimos 30 años el partido “siempre realizó acuerdos electorales donde no pudo competir de manera individual”. Esa autocrítica explica por qué hoy ve lejana una candidatura propia a la Gobernación. “Es parte de un sueño, claro. Pero hoy el objetivo es recuperar la herramienta y consolidar los liderazgos locales”, señaló.
Por eso, el foco está puesto en los municipios. “Hay que tener los pies en la tierra”, insistió Balbín. Anticipó que el escenario de 2025 será similar al de las últimas décadas, con el radicalismo integrando frentes. Una postulación provincial competitiva la ubica “posible dentro de cuatro o seis años, no a corto plazo”. El desafío inmediato, remarcó, es construir desde los distritos: “Una vez que logremos recuperar el partido como herramienta, el objetivo es instalar un proyecto claro y competitivo, con liderazgos claros”.
Para esa reconstrucción, plantea una reorganización “de abajo para arriba”. Quiere “volver a tener esa sintonía que el partido tuvo durante años y que perdimos en el último tiempo por desencuentros y, a lo mejor, malas decisiones”. El plan incluye reactivar el plenario, el Comité Provincia, los foros, los equipos técnicos y la Convención. “Arrancamos con el pie derecho, y eso es muy importante”, evaluó sobre el acuerdo de unidad.
En el plano de la coyuntura, Balbín se diferenció tanto de Nación como de Provincia. Sobre la disputa entre Javier Milei y Axel Kicillof, fue categórico: “Esa pelea hace que no se resuelvan los problemas y que se deje de gestionar. En el medio, pierden los bonaerenses”. La frase busca posicionar a la UCR como una alternativa de gestión frente a lo que describió como una lógica de confrontación que paraliza al Estado.
Respecto al gobierno nacional, trazó un balance con matices que define su postura opositora: “El presidente logró contener la macroeconomía, pero con un alto costo social”. El comentario marca distancia con la Casa Rosada sin cerrar del todo el diálogo, en línea con un partido que todavía debate su rol frente al oficialismo libertario y la necesidad de sostener la unidad interna alcanzada.
Balbín evitó prometer soluciones mágicas y prefirió hablar de proceso. Dijo que el partido perdió “sintonía” con su electorado histórico y que recuperarla llevará tiempo y trabajo territorial. La meta de 135 candidatos a intendente funciona como ordenador: obliga a formar dirigentes, a discutir proyectos locales y a mostrar gestión municipal como vidriera para disputas mayores en el futuro.
El cierre de su mensaje combinó realismo y ambición. Reconoció las limitaciones actuales del radicalismo bonaerense, pero insistió en que la unidad lograda es el primer paso. Si el partido logra transformar ese acuerdo de cúpulas en estructura militante y candidatos competitivos en cada ciudad, podrá volver a discutir poder. Si no, advirtió entre líneas, el “sueño” de un gobernador radical seguirá siendo eso: un sueño postergado.