Hay personajes que nacen de una estrategia digital, de un plan prolijamente pensado para ganarle al algoritmo, y hay otros que aparecen cuando la vida aprieta, cuando el prejuicio se vuelve comentario, cuando la piel, o el origen empiezan a ser discutidos por desconocidos desde la comodidad bastante cobarde de una pantalla. En ese lugar nació La Marrona, el nombre con el que la influencer @themarronafashionicon construyó una comunidad alrededor de la moda, la belleza y una idea que parece sencilla pero todavía incomoda: mostrar una estética real, marrón, argentina, popular y sin pedir permiso.
En diálogo con InfoMiBA, la creadora de contenido con más de 100 mil seguidores en redes como Tik Tok, contó que su regreso a las redes en 2024 estuvo marcado por un video viral que llegó a tener cerca de cinco millones de reproducciones, pero que terminó ocultando por la cantidad de comentarios discriminatorios que recibió. “Me abrumó un poquito, así que lo terminé ocultando”, recordó. Ese episodio, lejos de apagarla, terminó funcionando como punto de partida para una identidad digital que hoy reivindica aquello que otros intentaron usar como ataque.
“Creo que Marrona nació de eso. Al ver tanta repercusión de gente diciéndome que no soy argentina por mi color de piel, por mis rasgos, que por qué tenía mi acento argentino”, relató. Y agregó que, frente a esos cuestionamientos, sintió la necesidad de “reclamar mi nacionalidad y mi derecho a Argentina”.
Ver esta publicación en Instagram
Una publicación compartida por MARRONA | Argentina & Nativa 🤎 🇦🇷 (@themarronafashionicon)
Un nombre que salió de la comunidad
La Marrona no nació en una agencia de marketing ni en una carpeta con colores pastel y frases motivacionales, esa industria tan humana de fingir espontaneidad con tres reuniones previas. El nombre, según contó, apareció en un comentario de una seguidora, cuando ella usaba con frecuencia la palabra “marrona” en sus videos de moda y outfits callejeros.
“Una seguidora me comentó ‘Marrona fashion icon’ y yo lo vi y me encantó, me encantó, me encantó el nombre”, recordó. Desde entonces, esa definición empezó a funcionar como marca, pero también como declaración de principios. Para ella, la palabra condensa su color de piel, sus raíces familiares vinculadas al norte argentino y una forma distinta de nombrar la belleza morocha.
“Mis papás son de Salta, yo nací acá, pero sí tengo como el norte arraigado en mi piel”, explicó. En ese cruce entre Buenos Aires, el conurbano, la memoria familiar y la experiencia cotidiana, La Marrona encontró una identidad propia: “Siento que marrona incluye mi color de piel con ciertos orígenes en el norte, y más que nada nace también de demostrar que el color marrón es lindo”.
La belleza real, sin brillo para aclarar la piel
Cuando habla de belleza real, La Marrona no lo hace desde una consigna decorativa, sino desde una experiencia personal atravesada por la inseguridad, la adolescencia y una cámara que siempre estuvo cerca. Contó que de chica y adolescente le gustaba sacarse fotos, pero que durante mucho tiempo les subía el brillo para verse más clara.
“Yo le ponía muchísimo brillo a las fotos, muchísimo brillo para verme más clara, porque en ese momento no existían los filtros”, relató. Con el tiempo, ese gesto dejó de ser un truco de edición y se volvió una evidencia de algo más profundo: la necesidad de corregirse para entrar en una imagen aceptada.
“Para mí era como proteger mi inseguridad”, explicó. Sin embargo, al construir su autoestima, empezó a soltar esa búsqueda de aclararse en las fotos y trasladó esa decisión a su contenido actual. “Ya no le pongo los filtros y el brillo que antes le ponía”, dijo.
Para La Marrona, mostrar belleza sin disfrazarla no implica únicamente aparecer sin maquillaje perfecto o sin edición excesiva. También significa mostrar emociones, cansancio, frustraciones y contradicciones. “La belleza sin filtro es mostrar la realidad tanto estéticamente como emocionalmente”, sostuvo.
Contra la vida perfecta de las redes
En un ecosistema digital donde todavía abundan las vidas empaquetadas como si nadie tuviera deudas, cansancio, ansiedad o un bondi que no llega, La Marrona eligió mostrar otra cosa. Sus videos no buscan siempre el fondo impecable ni la postal aspiracional. Muchas veces, simplemente apoya el celular en la calle, muestra el outfit y sigue con su día. Antes, admitió, también se dejaba llevar por la estética esperada: iba a Palermo, Recoleta o Puerto Madero para sacarse fotos, mientras su vida cotidiana transcurría en otro lado. Con el tiempo, entendió que esa distancia entre lo mostrado y lo vivido no representaba lo que quería comunicar.
“Yo creo que se construye a base de seguridad, de realismo, a base de que no te importe lo que piensen los demás, a base de mostrar la verdad”, afirmó. Esa transparencia, según dice, también se traslada a su relación con las marcas y los lugares que visita: si algo no le gusta, lo dice; si algo le encanta, también.
En esa decisión hay una crítica directa a la belleza imposible que circula en redes. “Mostrarme tan real también es medio contrarrestar eso”, señaló. Y marcó que detrás de un viaje, un lujo o una experiencia linda también hay trabajo, esfuerzo y una realidad que no siempre entra en el encuadre.
Piel canela, identidad y una pelea política
La piel canela aparece en su contenido como una marca estética, pero también como una posición personal, social y política. La Marrona no esquiva esa palabra. Al contrario, la abraza para discutir una representación que durante años dejó a las mujeres morochas en los márgenes de la moda, la belleza y la publicidad.
“Para mí fue una decisión personal, estética y política. Fue una decisión completa, un poco de todo”, definió. En lo personal, explica, reivindicar su piel la ayudó a construir una autoestima que no siempre tuvo; en lo estético, le permitió generar contenido para mujeres que no encontraban tips pensados para su tono de piel; y en lo político, abrió una discusión sobre los prejuicios asociados a la piel marrón.
“La piel marrón es sinónimo de pobreza, la piel marrón es sinónimo de clase social baja, la piel marrón no puede viajar, la piel marrón no puede ser profesional”, enumeró, para graficar los estereotipos que todavía circulan. Frente a eso, su presencia en redes busca mostrar otra imagen posible: una mujer marrón que viaja, trabaja, se cuida, emprende, elige su estilo y construye una comunidad. También cuestionó la escasa representación en televisión y medios, donde, según observó, las personas de piel marrón suelen aparecer encasilladas en roles determinados. “Cuando hay una piel marrón en la tele, o es empleada doméstica, o trabaja en relación de dependencia”, señaló.
El molde de belleza que todavía pesa
Uno de los ejes más fuertes de su relato aparece cuando habla de la estandarización de la belleza. Para La Marrona, el problema no fue únicamente recibir comentarios hirientes, sino haber crecido y creado contenido en un sistema donde ciertos rasgos parecen tener ventaja de entrada. La piel clara, el pelo rubio, los ojos celestes y una estética asociada a lo aspiracional siguen funcionando como una especie de moneda fuerte en el mercado de la imagen.
Ella lo explica desde su propia experiencia como creadora. Durante años buscó que marcas la vieran, la contactaran, le ofrecieran colaboraciones o la convocaran a eventos. Iba a lugares, preparaba outfits, intentaba mostrarse, pero siempre aparecía la misma barrera mental: la sensación de que, frente al canon instalado, su imagen tenía que esforzarse el doble para ser considerada.
“Lo más difícil fue el estándar de belleza”, reconoció. Y lo planteó sin vueltas: muchas veces sentía que, si ella se postulaba para una marca y también se presentaba una mujer rubia de ojos celestes, la elección ya parecía inclinada de antemano. Ese pensamiento, según contó, la llevó incluso a procrastinar durante años. No porque no quisiera crecer, ni porque no tuviera contenido, ni porque no hubiera trabajo detrás, sino porque había una pregunta previa que la frenaba: cómo imponerse en un espacio que parecía haber decidido antes quién merecía ser visible. “Siempre fue la barrera más difícil que yo tuve que romper”, afirmó.
De buscar validación a encontrar su propio mercado
La Marrona también habla desde un territorio. Construirse como influencer desde Buenos Aires y el conurbano, lejos de la postal típica de las redes, fue parte de su proceso. Durante un tiempo, contó, ella también buscaba escenarios más “lindos” para sacarse fotos. Iba a Palermo, Recoleta o Puerto Madero, lugares más asociados a la estética aspiracional, y después volvía a una vida cotidiana que no siempre aparecía en cámara.
Con el tiempo, decidió mostrar más esa realidad. Hoy puede apoyar el celular en una calle, grabar su outfit y seguir con su día, sin necesitar que todo parezca una campaña internacional de perfume carísimo filmada por gente que jamás tomó un colectivo.
El punto de quiebre llegó cuando se viralizó un video vinculado a su trabajo como vendedora de live y comenzaron a contactarla marcas, especialmente de la zona mayorista de Flores. Allí encontró algo que no había visto en otros espacios: interés real por su trabajo, más allá de su color de piel, su estilo de vida o la perfección de su feed.
“Me di cuenta de que había un público al que yo estaba aspirando, marcas a las que yo estaba aspirando, que por ahí no me querían pagar por mi trabajo. Pero sin querer, en las redes sociales encontré un público que sí me quería pagar, que sí me quería como imagen de marca”, contó.
La moda como escudo y como raíz
En su presente, La Marrona también está atravesando una búsqueda estética nueva, vinculada a un estilo más criollo, neogaucho y argentino. No desde el disfraz ni desde la caricatura, sino desde pequeños gestos que conecten con sus ancestros del norte y con una idea de patria más nativa que eurocéntrica. “La moda para mí es como mi escudo de seguridad”, definió. En esa frase aparece buena parte de su universo: vestirse no solo como una cuestión de gusto, sino como una forma de plantarse, de decir de dónde viene, de ocupar un lugar y de defender una identidad.
“Estoy buscando construir un estilo criollo argentino, pero sin perder lo clásico”, explicó. Su objetivo, dice, es mostrar detalles que hablen de sus raíces sin caer en algo demasiado cargado. “Dejar de tomar el eurocentrismo como bandera y empezar a tomar lo nativo argentino criollo como bandera”, resumió.
“Si no encajás, no es problema tuyo”
Hacia el final de la entrevista, La Marrona dejó un mensaje para las chicas que miran su cuenta, se sienten distintas, no encajan en los moldes clásicos de belleza y todavía no se animan a mostrarse. Su respuesta no tuvo tono de frase motivacional en taza de desayuno, por suerte, sino de experiencia concreta. “Le diría que empiece, que a pesar de sus pensamientos negativos y los estándares que están establecidos, le diría que empiece con poco”, afirmó. Para ella, no existe una escena ideal para comenzar ni una aceptación garantizada de antemano. Lo que existe, en todo caso, es la decisión de ocupar espacios.
“Nosotras mostrándonos, nosotras imponiéndonos en espacios, tanto profesionales como en redes sociales, como en los medios de comunicación, ya sea la tele y plataformas. Nosotras somos la lucha, nosotras somos la resistencia”, sostuvo.
Y cerró con una idea que resume buena parte de su recorrido: “Si sentís que no encajás, no es problema tuyo, sino que es problema de los demás. Si sentís que no encajás, no es porque vos estés mal, sino que es por un estándar establecido de hace muchísimos años por la sociedad”.
En un mundo digital donde la belleza todavía se mide demasiadas veces con una vara estrecha, La Marrona decidió correrse del intento de parecerse a lo esperado. Su apuesta es otra: hacer visible la piel marrón, mostrar el esfuerzo detrás del contenido, discutir la estética dominante y convertir la moda en una forma de decir acá estoy. Sin aclarar la foto, sin bajar la voz y sin aceptar que el algoritmo tenga la última palabra.