La reacción del intendente interino de General Pueyrredón, Agustín Neme, volvió a tensar la relación entre Mar del Plata y la Provincia de Buenos Aires. El jefe comunal cuestionó con dureza el anuncio del gobierno de Axel Kicillof, que confirmó una hoja de ruta para transferir el complejo balneario a la órbita municipal, aunque recién después de avanzar con un proceso de licitación, obras de infraestructura y modernización del predio.
Neme eligió responder desde X, donde afirmó que “hace décadas que desde La Plata administran Punta Mogotes como si Mar del Plata no existiera”. También sostuvo que, durante los últimos dos años, la Provincia intentó discutir el futuro del complejo “lejos de los marplatenses” y que ahora, luego de haberse saldado la deuda y de que la Justicia comenzara a ordenar el escenario, el gobierno bonaerense “descubrió de golpe el diálogo”.
Hace décadas que desde La Plata administran Punta Mogotes como si Mar del Plata no existiera.
— Agustin Neme (@agustin_neme) May 13, 2026
Durante los últimos 2 años, y a pesar de 3 instancias judiciales, intentaron discutir su futuro lejos de los marplatenses.
Ahora, después de haberse saldado la deuda hace años y de que… pic.twitter.com/WVV6pJtJSb
El planteo del intendente interino se inscribe en un reclamo que no es nuevo. Desde el oficialismo marplatense vienen exigiendo que Punta Mogotes vuelva a ser administrado por General Pueyrredón sin intermediaciones, sin demoras y sin decisiones tomadas desde La Plata. Sin embargo, el anuncio provincial abrió una situación políticamente incómoda: Kicillof dijo que el complejo será transferido a Mar del Plata, pero esa definición no fue recibida como un avance, sino como una nueva provocación.
Allí aparece el nudo de la discusión. El problema, para Neme y el sector político que representa, no es solamente si Punta Mogotes vuelve o no vuelve a la ciudad. El conflicto está en quién conduce el proceso previo, bajo qué condiciones se licita, qué obras se hacen antes del traspaso y cuánto margen real tendrá el Municipio para definir el futuro del predio una vez que la Provincia deje encaminado el nuevo esquema.
La Provincia, a través del ministro de Producción, Augusto Costa, planteó una secuencia de pasos: primero el concurso de ideas, luego el vencimiento de las concesiones actuales, después la licitación pública, las obras de modernización y finalmente la oferta de transferencia del complejo al Municipio. En el discurso bonaerense, ese camino busca ordenar la situación, preservar fuentes de trabajo, mejorar la infraestructura y garantizar una transición previsible.
Desde Mar del Plata, en cambio, esa hoja de ruta fue leída como una maniobra para condicionar el futuro del complejo antes de devolverlo. Neme acusó a la Provincia de “simular participación” y de querer seguir tomando decisiones lejos de la ciudad. La frase busca instalar una idea fuerte: que el diálogo anunciado por Kicillof no sería una verdadera apertura, sino una forma elegante de conservar el control hasta dejar todo atado.
El punto es que esa respuesta también deja ver una contradicción. Durante años, el reclamo fue que la Provincia reconociera el derecho de Mar del Plata sobre Punta Mogotes. Ahora que el gobierno bonaerense plantea una transferencia, la discusión se desplazó hacia las condiciones del traspaso. Es decir: el anuncio no resolvió el conflicto porque el oficialismo local no reclama solo la devolución, sino la devolución inmediata y sin intervención previa de la Provincia.
La posición de Neme quedó alineada con las críticas que ya habían expresado el senador provincial Guillermo Montenegro y el diputado Diego Garciarena. Ambos cuestionaron que la Provincia pretenda avanzar con licitaciones antes de transferir el complejo y reclamaron que Punta Mogotes pase directamente a la administración municipal. Para ese sector, cualquier paso previo decidido desde La Plata representa una intromisión sobre un espacio que consideran patrimonial, turístico y simbólicamente marplatense.
Del otro lado, el exintendente y actual concejal Gustavo Pulti defendió el anuncio bonaerense y lo presentó como un avance concreto después de décadas de indefinición. Según esa mirada, el proceso abierto por la Provincia permite encaminar una salida institucional, con participación del Municipio, intervención del Colegio de Arquitectos y previsibilidad para trabajadores, concesionarios y usuarios del complejo.
Ese contraste expone dos lecturas muy distintas sobre el mismo hecho. Para Kicillof y los dirigentes que respaldan la propuesta, la Provincia abrió una puerta que antes no existía: la posibilidad concreta de que Punta Mogotes vuelva a Mar del Plata luego de un proceso de ordenamiento. Para Neme, en cambio, esa puerta está demasiado regulada, demasiado condicionada y demasiado manejada desde La Plata como para ser aceptada sin resistencia.
La reacción del intendente interino, entonces, no solo expresa el enojo local por una historia larga, sino que funciona también como una forma de marcar territorio político. En un tema sensible para la identidad marplatense.
Pero la dureza del mensaje también tiene un costo: deja al oficialismo local parado ante una escena compleja. Si la Provincia no hablaba de traspaso, se la acusaba de retener Punta Mogotes. Cuando habla de traspaso, se la acusa de hacerlo mal, tarde y con trampas, pero también aparece una reacción política que parece más interesada en no concederle ningún punto a Kicillof que en reconocer que por primera vez en mucho tiempo, hay una propuesta formal sobre la mesa.
En definitiva, Punta Mogotes volvió a quedar atrapado entre dos lógicas. La Provincia intenta ordenar el proceso antes de transferirlo. El Municipio exige que se lo devuelvan antes de cualquier definición. En el medio, Neme endurece el discurso y capitaliza el reclamo local, aunque con una incomodidad evidente: la misma administración que pedía una respuesta ahora rechaza la respuesta porque no llega en los términos que esperaba.
El debate recién empieza. Y, como suele ocurrir cuando una disputa combina territorio, playa, poder político y temporada turística, nadie parece dispuesto a ceder ni un centímetro de arena.