por redacción
por redacción
Según informes de instituciones como BBVA Research y BBVA Research Argentina, el mercado inmobiliario cerró 2025 con mejoras impulsadas por el regreso del crédito hipotecario y el repunte de la demanda residencial, aunque la construcción aún muestra ritmo débil en comparación con la operación inmobiliaria. Esta dinámica plantea interrogantes sobre si este año puede convertirse en un punto de inflexión para quienes desarrollan proyectos de pozo y qué factores definirán su rumbo en 2026.
Para entender este momento, Mariela López Dulce, CCO de Grupo López, afirma: “Ya pasó un trimestre del 2026 y estamos esperando normativas o decisiones políticas que favorezcan al mercado inmobiliario. Podrían ser beneficios impositivos, agilización en gestiones municipales y de aprobación de planos, y/o nuevas líneas de créditos para el usuario final que incluyan a los emprendimientos de pozo o para los desarrolladores. Si esto no ocurriese, el 2026 va a ser un año de grandes desafíos para nuestro mercado”. Mariela pone el foco en la necesidad de señales claras del entorno macro y regulatorio para que los desarrolladores puedan planificar con previsibilidad.
Uno de los nudos más complejos del mercado hoy es el costo de construcción, que mantiene una tendencia alcista. Datos oficiales del Índice del Costo de la Construcción (ICC) muestra que en el Gran Buenos Aires los materiales y la mano de obra acumulan incrementos relevantes en los primeros meses de 2026, con subas que se reflejan en componentes clave como materiales (+1,5 % mensual) y mano de obra (+1,6 % mensual), lo que apunta a una presión constante sobre los costos totales de las obras. En ese contexto, Mariela explica que “las desarrolladoras medianas o grandes que podemos realizar compras al por mayor de materiales o servicios, somos las que más vamos a poder mantener la relación precios/calidad. Las pequeñas van a tender a dejar de construir y/o frenar sus obras transitoriamente porque no van a poder competir con los metros de usados y/o deberán bajar la calidad de sus productos”.
La discusión sobre el rol del financiamiento es central para este año clave. Si bien el mercado de créditos hipotecarios mostró cierta recuperación en 2025 y continúa siendo una variable fundamental, su expansión aún es moderada y depende de condiciones macro y bancarias. Mariela plantea que “podría aportar líneas de créditos con normativas claras, requisitos posibles para la mayoría de la población, dando posibilidad de incorporar co-deudores o co-garantes para poder sumar ingresos en las familias que cobran salarios por fuera del sistema financiero y que la cantidad de dinero a prestar tenga buena relación ingresos/cuota/propiedades”. Esta visión subraya la importancia de que el sistema financiero facilite el acceso tanto a compradores como a desarrolladores, para sostener la actividad de pozo.
Si el financiamiento no mejora, existe el riesgo de que la oferta de vivienda nueva se reduzca en los próximos años, con impactos significativos en empleo y en la capacidad de respuesta a la demanda habitacional. Según Mariela, “las desarrolladoras durante muchos años dimos créditos privados y nos auto-generamos nuestro propio trabajo. Esperemos que haya otras condiciones que nos permitan poder seguir haciendo financiación privada. Preferiríamos que haya financiación de banco también, porque favorece a que haya comercializaciones en el mercado inmobiliario, la construcción da trabajo a muchos rubros, colabora con la economía del país y también beneficiaria a paliar la necesidad habitacional que viene sufriendo la Argentina hace tantos años”.
En conjunto, las señales de recuperación del mercado inmobiliario argentino en 2025 ofrecen una base para pensar que 2026 puede ser un año de consolidación, pero la construcción de nuevos proyectos de pozo dependerá de factores estructurales: claridad normativa, acceso a financiamiento, gestión eficiente de costos y condiciones macroeconómicas estables que permitan a los desarrolladores planificar con certidumbre.