Un equipo del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) avanza en el relevamiento de cavas o canteras abandonadas e inundadas en la provincia de Buenos Aires. El objetivo es determinar si esos espacios pueden reutilizarse para la cría de pejerrey y para iniciativas de socio-ecoturismo, según informó el CONICET La Plata. Se estima que hay unas 300 canteras cubiertas de agua en todo el territorio bonaerense.
La iniciativa surgió de un acuerdo entre el organismo científico y la Subsecretaría de Minería de la Provincia de Buenos Aires. El convenio apunta a analizar las características de las cavas: profundidad, forma y relieve del lecho, calidad del agua y otros parámetros físicos y biológicos. Con esos datos se definirá cuán viable es implementar las alternativas de aprovechamiento previstas en cada lugar.
Desde el CONICET explicaron que el proyecto une dos líneas de trabajo. Por un lado, la trayectoria del ILPLA en acuicultura ecológica, un enfoque que busca reproducir peces de forma sustentable sin dañar los ecosistemas acuáticos. Por otro, el interés del gobierno provincial y los municipios en regular el uso que las comunidades hacen de las canteras y los riesgos que eso implica. “Además de utilizarse para la cría de peces, podrían ser revalorizadas en el marco de iniciativas sociales, educativas y de ecoturismo”, señalaron.
Las canteras son ambientes acuáticos artificiales que aparecen tras la actividad minera. Cuando finaliza la extracción de tosca, conchilla u otros materiales, quedan grandes excavaciones que se inundan por lluvias o por acción del agua subterránea. “Se trata de espacios con los que las personas de las comunidades que los rodean comienzan a interactuar. La gente va a bañarse, a pescar, a observar aves. Se da un vínculo que, si no está regulado u organizado, puede ser peligroso”, explicó Javier García de Souza, investigador del CONICET en el ILPLA.
Por ese motivo, una de las opciones es la siembra de pejerreyes. A fines de los años ’90, el ILPLA desarrolló un método de cría de esa especie autóctona en lagunas pampeanas. Consiste en colocar jaulas flotantes con una bolsa de red fina donde se alojan miles de larvas. La red protege a los ejemplares de otros peces, pero permite el intercambio de agua y la entrada de zooplancton, su principal alimento. En unos cuatro meses se obtienen alevinos que luego se liberan al ambiente.
Aplicar ese método en canteras requiere estudios específicos. “Llevar adelante ese método en canteras implica un estudio pormenorizado acerca de las características de esos espacios acuáticos, no solo de su forma y estructura sino también de los microorganismos que los habitan, ya que pueden diferir ostensiblemente de las que presentan las lagunas”, detallaron desde el CONICET en su sitio web.
Las diferencias entre lagunas y cavas son marcadas. “La laguna de Chascomús, por ejemplo, ronda las 3 mil hectáreas de superficie, mientras que una de las cavas en las que estamos trabajando, ubicada en la localidad de Samborombón, tiene 7 hectáreas. Son escalas claramente distintas”, indicó Darío Colautti, investigador del CONICET y director del ILPLA. Además, las canteras no tienen aportes tributarios como arroyos: es agua más quieta, con paredes verticales de 90 grados que dan reparo del viento. Las lagunas, en cambio, son ambientes abiertos y muy expuestos al clima.
“Cada tipo de ambiente supone restricciones y posibilidades para realizar acuicultura”, agregó García de Souza. Según el investigador, las cavas ofrecen buenas oportunidades porque son espacios más chicos y menos expuestos a las inclemencias, lo que permite un procedimiento más controlado. También suelen tener agua de buena calidad, sin arrastre de contaminantes y con menor riesgo de competencia de otras especies.
Sin embargo, esa misma quietud del agua genera un problema: hay menos disponibilidad de zooplancton. “En las lagunas pampeanas, hay una mezcla permanente que hace que la producción primaria generalmente sea altísima”, explicó Colautti. Por eso, el desafío del equipo es adaptar el método de cría. “El desafío es adaptar el método para aprovechar las virtudes de las cavas sustituyendo las condiciones que son favorables en las lagunas”, señaló.
En una primera etapa, el proyecto analizará 20 de las cerca de 300 canteras inundadas que tiene la provincia. Fueron seleccionadas previamente por Minería. “De las que ya estuvimos relevando, la mayoría se utilizó para la extracción de tosca y conchilla”, comentó Ailén Solanas, becaria del CONICET en el ILPLA. La especialista aclaró que todavía no hay un patrón común: “Las características son muy variables. Una vez que tengamos el análisis hecho podremos decir cuáles son aptas para la cría de peces y cuáles no”.
Para las cavas que no cumplan las condiciones biológicas o físicas, se prevén otras alternativas. “Se pueden implementar actividades de socio-ecoturismo, ubicación de cartelería o senderos ambientales interpretativos. Es decir, intervenir sobre el ambiente de una manera más integral para generar nuevos atractivos para cada región”, explicó Solanas. La idea es que, aun sin peces, esos espacios dejen de ser zonas de riesgo y se transformen en lugares de uso comunitario regulado.
Actualmente se realizan campañas de muestreo en canteras de Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata, asociadas principalmente a la extracción de materiales para la construcción. En las recorridas, el equipo toma muestras de agua y de microorganismos, y estudia la estructura y el relieve del fondo. Para eso utilizan ecosondas, instrumentos que emiten pulsos acústicos que rebotan en el fondo y cuyo eco es captado en la superficie para elaborar mapas batimétricos.