jueves 16 de abril de 2026
- Edición Nº2689

País

Educación

En Argentina se pierden más de 30 días de clase al año y el ausentismo ya equivale a un año completo de primaria

10:53 |Un informe de CIPPEC y Argentinos por la Educación revela que cada alumno pierde 30 días de clase al año y acumula un año entero menos en toda la primaria por ausentismo.



En Argentina los estudiantes pierden más de 30 días de clase durante cada año escolar. La cifra surge del informe “Tiempo escolar: evidencia internacional y diagnóstico para la Argentina”, elaborado por Cecilia Veleda de CIPPEC, junto a Tomás Besada y Martín Nistal de Argentinos por la Educación. El dato es contundente: a lo largo de toda la primaria, un alumno pierde en promedio 195 días de clase, el equivalente a un año completo de escolaridad.

El documento sistematiza evidencia internacional sobre la relación entre tiempo escolar y aprendizajes, y presenta estadísticas locales a partir de las evaluaciones Aprender y PISA, calendarios escolares provinciales y relevamientos disponibles. Los autores remarcan que el tiempo efectivo de clase es una condición central para aprender, pero en Argentina se ve afectado por múltiples factores que reducen las oportunidades reales en el aula.

Entre las principales causas aparecen el ausentismo estudiantil y docente, los paros, las suspensiones por problemas climáticos o de infraestructura y otras interrupciones del calendario escolar. Cada una de estas variables recorta horas de enseñanza y deja a miles de chicos sin la continuidad pedagógica necesaria para consolidar contenidos básicos como lectura, escritura y matemática.

Para estimar la magnitud del ausentismo estudiantil en primaria, el informe tomó la información publicada por tres jurisdicciones: CABA, provincia de Buenos Aires y Mendoza. Los calendarios escolares fijan en promedio 185 días de clase al año. Sin embargo, los datos muestran que los estudiantes faltan cerca de 30 días anuales, lo que baja el tiempo efectivo de escolarización a unos 155 días.

Esa pérdida representa cerca del 17% del tiempo previsto por calendario. El problema se agrava porque la mayoría de las jurisdicciones del país todavía no publica este tipo de información. La falta de datos consolidados impide contar con un diagnóstico completo a nivel nacional y limita la posibilidad de diseñar respuestas específicas para cada territorio.

El impacto del ausentismo se acumula a lo largo de toda la trayectoria. Si el nivel de inasistencias se mantiene durante los seis o siete años de primaria, según la provincia, los alumnos pierden aproximadamente 195 días de clase. Es decir, un año entero de contenidos, explicaciones, evaluaciones y vínculo pedagógico con el docente que no se recupera.

El informe revela que el ausentismo estudiantil es percibido como el principal problema por los directores de escuelas primarias. Está por encima de otros factores como las dificultades de convivencia o la falta de recursos pedagógicos. De acuerdo con las pruebas Aprender 2023 de 6° grado, el 49,3% de los directores lo considera el factor que más afecta los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Las ausencias y los paros docentes también impactan de manera significativa en el tiempo de enseñanza. En 2024, el promedio nacional fue de 13 días de paro, aunque con fuertes diferencias entre provincias. Además, según datos de PISA 2022, Argentina se ubica entre los cuatro países donde el ausentismo docente es percibido como una problemática grave: el 48,9% de los directores considera que limita el aprendizaje.

Solo en tres de los 81 países que participan de PISA se registran porcentajes mayores que en Argentina. El dato expone que el problema no es solo de los alumnos: cuando el docente falta, la clase se suspende, se reemplaza con actividades parciales o directamente se pierde. El resultado es menos tiempo neto de enseñanza y más discontinuidad en las trayectorias.

“El tiempo escolar importa. Lo vimos con el cierre de escuelas durante la pandemia. Y, sin embargo, hoy se pierde demasiado tiempo de aprendizaje por muchas causas”, afirmó Cecilia Veleda, investigadora del programa de Educación de CIPPEC y coautora del informe. Mencionó desde el incumplimiento de las normas en la planificación del ciclo lectivo hasta problemas de infraestructura, paros, ausentismo y rutinas de la vida escolar que recortan horas.

Veleda sostuvo que no se puede “banalizar la importancia de cada hora de clase” y que hay maneras de proteger integralmente el tiempo neto de enseñanza. “Hay mucho por hacer desde la política educativa”, remarcó. El informe plantea que no alcanza con ampliar el calendario: es necesario garantizar el uso efectivo del tiempo dentro del aula, con clases que empiecen y terminen a horario y con foco en los aprendizajes.

El documento destaca una deuda estructural: Argentina carece de un sistema nacional integrado y público que permita monitorear de manera continua la asistencia de estudiantes y docentes. La información disponible es fragmentada y no permite comparar entre jurisdicciones ni seguir la evolución del fenómeno en el tiempo.

Si bien muchas provincias cuentan con registros administrativos de asistencia en las escuelas, en la mayoría de los casos esos datos no están consolidados a nivel nacional ni disponibles de manera pública y periódica. Esa opacidad impide dimensionar con precisión el problema y obstaculiza el diseño de políticas focalizadas para reducir el ausentismo donde más golpea.

En contraste, países como Chile y Uruguay cuentan con sistemas de información nominal que registran de manera digital la asistencia diaria. Eso permite un seguimiento más preciso del fenómeno y mejora la capacidad de intervención de las políticas educativas. Los autores proponen avanzar en esa dirección para que el Estado tenga alertas tempranas y pueda actuar antes de que las inasistencias se cronifiquen.

A partir de la evidencia internacional, el informe señala que aumentar el tiempo de clase puede mejorar los aprendizajes, especialmente en contextos vulnerables. Pero advierte que sumar días al calendario sin controlar qué pasa dentro de la escuela tiene un impacto limitado. La clave está en la calidad y continuidad del tiempo pedagógico, no solo en la cantidad nominal de jornadas.

“Proteger el tiempo de aprendizaje tiene que ser una responsabilidad compartida y urgente”, sostuvo Cristina Carriego, doctora en Educación y profesora de la Universidad Torcuato Di Tella. Invitó a trabajar por una alianza entre la escuela, la familia y el Estado para fortalecer el tiempo de oportunidad que brinda la escuela. “Las escuelas deben ofrecer experiencias enriquecedoras y considerar estrategias preventivas frente a las ausencias”, agregó.

Carriego también pidió fortalecer redes de apoyo que conecten educación con salud y desarrollo social. “Ningún contexto de vulnerabilidad puede robarles a las infancias y adolescencias el derecho a estar presentes”, dijo. El informe coincide: sin acompañamiento integral, el ausentismo se naturaliza y se vuelve un círculo difícil de romper para los sectores más golpeados.

Para Andrea Goldin, investigadora del Conicet y de la Universidad Torcuato Di Tella, los datos obligan a reaccionar. “No tenemos muchos consensos en nuestra sociedad. La escuela es el dispositivo que diseñamos para transmitir conocimientos claves: leer, escribir, manejar números, pensar críticamente, convivir con otros”, planteó. “Si pretendemos lograrlos, no podemos no hacer nada cuando cada alumno de primaria pierde ¡un año! de clases”.

Paulina Calderón, exministra de Educación de San Luis, coincidió en que el tiempo escolar debe analizarse más allá del calendario oficial y enfocarse en el tiempo real en el aula. “El ausentismo de estudiantes y docentes es uno de los principales obstáculos para el aprendizaje sostenido, por lo que garantizar la asistencia es tan crítico como la planificación misma del ciclo lectivo”, opinó.

Finalmente, Mónica Prieto, profesora de la Escuela de Educación de la Universidad Austral, remarcó que disponer de tiempo real de enseñanza es indispensable para cualquier aprendizaje. Señaló que muchos directivos reconocen en los problemas de infraestructura y de ausentismo estudiantil la causa de los bajos resultados. “Además de garantizar un mínimo de días de clase, el liderazgo pedagógico del directivo es fundamental para enfrentar los problemas de aprendizaje”, concluyó.

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