Una denuncia por una presunta estafa masiva sacude al sector turístico argentino y ya se encuentra bajo investigación judicial. La agencia Traveling Turismo —también vinculada a la firma New Road— habría ofrecido paquetes turísticos a destinos internacionales, recaudado importantes sumas de dinero y posteriormente interrumpido toda comunicación con sus clientes, según relatan los damnificados.
El caso, que involucra a más de 260 personas —aunque el número podría ascender a cerca de 380 si se contabilizan grupos familiares—, se tramita en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 27 bajo el expediente 14508/2026. La investigación busca determinar si existió una maniobra fraudulenta sistemática detrás de la operatoria denunciada.
De acuerdo a los testimonios, la empresa habría comercializado paquetes turísticos con destinos como Brasil y el Caribe, incluyendo opciones hacia Punta Cana por valores cercanos a los 2.200 dólares por persona. En muchos casos, los pagos se habrían realizado mediante transferencias bancarias a cuentas a nombre de Violeta Navarro, mientras que la cara visible del emprendimiento sería Diego Navarro.
Sin embargo, lo que diferencia este caso de otras denuncias similares es un elemento que, en términos humanos, complica todo más de lo que debería: la confianza previa. Varios clientes ya habían viajado con la empresa en años anteriores, lo que habría reforzado la credibilidad del servicio y desactivado cualquier sospecha inicial.
“No fue ingenuidad, fue confianza”, sintetizan varios damnificados en redes sociales.
Una experiencia previa que generó confianza
Giuliana, una de las afectadas, relató en diálogo con Infomiba que conoció la empresa en 2024 y que incluso había viajado con Traveling Turismo sin inconvenientes.
“Había contratado dos viajes a Brasil para abril de 2025 y cumplieron con todo lo pactado. Eso me dio confianza para volver a contratar”, explicó.
Ese antecedente positivo fue clave: en agosto de ese mismo año decidió adquirir cuatro nuevos paquetes. “La empresa figuraba como legal, con habilitaciones y legajo. Sumado a mi experiencia previa, eso generó confianza. Incluso la recomendé a amigas”, recordó.
Los paquetes incluían traslado, hospedaje y desayuno en Brasil, con fechas de salida previstas para fines de marzo y principios de abril de 2026. El monto total rondó los 334 mil pesos, transferidos de manera directa debido a que Giuliana reside en el interior y no podía acercarse a la agencia.
El silencio como única respuesta
Las primeras señales de alerta aparecieron días antes del viaje. “El 20 de marzo escribí para consultar horarios y los mensajes no llegaban. Pensé que era algo puntual, pero después directamente no hubo respuesta”, relató.
La situación escaló rápidamente. Según su testimonio, ex empleados de la empresa comenzaron a advertir que la agencia habría cerrado y que sus responsables estarían desaparecidos.
“Intenté comunicarme por todos los medios posibles: teléfonos, coordinadores, dueños… nada. La respuesta fue siempre la misma: silencio total”, afirmó.
El comportamiento en redes sociales tampoco ayudó a disipar las sospechas. “Comentábamos para advertir a otros y nos bloqueaban. En Instagram, Facebook, TikTok… borraban todo. Incluso el dueño tuvo tiempo para cambiar la foto de perfil, pero no para contestar. Parece una provocación”, agregó.
Impacto económico y emocional
Más allá de lo económico, el impacto emocional aparece como uno de los ejes más duros del caso. “Lo más difícil fue tener que decirle a mis papás que no iban a poder viajar. Sentí culpa porque yo había recomendado la empresa”, contó Giuliana.
La planificación, el ahorro y las expectativas quedaron truncas de un momento a otro. “No fue un gasto menor, fueron meses de organización e ilusión. De repente, todo se cayó. Fue un shock”, describió.
Ante la falta de respuestas, los damnificados comenzaron a organizarse. Hoy conforman un grupo que busca avanzar en acciones legales y visibilizar el caso. “Somos alrededor de 380 personas si contamos grupos familiares. Yo decidí aportar desde la comunicación, viralizando la situación para alertar a otros”, explicó Giuliana, quien incluso utilizó herramientas aprendidas en cursos de redes sociales para amplificar el reclamo.
Mientras tanto, la Justicia deberá determinar si existió una estructura deliberada de fraude o si se trató de un colapso empresarial con irregularidades.
Advertencias para evitar nuevos casos
Con el caso aún en investigación, los propios damnificados dejan una advertencia que suena incómodamente lógica en retrospectiva: la confianza previa no alcanza.
“Es difícil detectar señales a tiempo cuando ya hubo una experiencia positiva. Pero hoy creo que no hay que confiar solo en eso. Hay que verificar constantemente la situación de la empresa”, reflexionó Giuliana.
El episodio, además de sus consecuencias individuales, despierta las alarmas sobre los mecanismos de control y fiscalización en el sector turístico, donde la delgada línea entre promoción atractiva y posible engaño sigue siendo, aparentemente, demasiado fácil de cruzar.