domingo 03 de marzo de 2024 - Edición Nº1915

País

afecta a casi 19 millones de argentinos

Según la UCA, la pobreza alcanzó el 44,7%

El último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA mostró los avances y retrocesos del país en el ámbito socioeconómico. Al mismo tiempo abrió el telón de cómo podría ser el 2024.



En el cierre del año, y a días del cambio de gobierno, la UCA dio a conocer su informe anual, en el que observó que la Argentina tiene un 44,7% de pobreza y un 9,6% de indigencia. Es decir que en la actualidad, más de 20 millones de argentinos no cumplen con las necesidades básicas de salarios, salud, educación y alimentación.

Este martes, la Universidad Católica Argentina (UCA) presentó el informe “Argentina siglo XXI: deudas sociales crónicas y desigualdades crecientes. Perspectivas y desafíos”, en el que dio a conocer los números de la pobreza en el país, que han tenido un leve avance respecto al 2022.

Este trabajo va en paralelo al que realiza, de manera oficial, el INDEC. Por eso, sirve como complemento para el análisis de la radiografía que muestra cuál es la situación de la clase media y baja en el país.

En principio, el informe de ODSA que acaba de salir a la luz refleja datos del segundo semestre de 2023, muy contundentes, respecto al panorama social y económico de la población de los aglomerados urbanos de 5.760 hogares en la Argentina.

Los datos son concluyentes: al día de hoy, el 44,7% de la población está en la pobreza y no logra cubrir la Canasta Básica Total (CBT) de bienes y servicios. Esto se traduce en unos 18.700.000 personas aproximadamente. Hubo un leve avance respecto a 2022, cuando ese guarismo dio 43,1% (1,6%+).

Respecto a la indigencia, el número también tuvo un leve aumento, ya que este año arrojó un 9,6%. Traducido en personas, se trata de un estimado de 4.000.000 de argentinos que no logran cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En 2022, esta cifra fue del 8,1% (1,5%).

De este modo, entre pobres e indigentes, se puede inferir que en la Argentina unas 22 millones de personas se encuentra en ese espectro socioeconómico y tienen, por lo menos, algún tipo de carencia ya sea en la asistencia social, educación y salud.

Según Agustín Salvia, director de ODSA, “estamos viendo un fin de ciclo socioeconómico que arrancó en los ´90 con la convertibilidad” y que tras la crisis de 2001, “hubo expansión del consumo mientras subió la inflación, en contrapartida no hubo generación de empleo ni inversiones” para mover el sistema productivo laboral, explicó.

Este combo de caída de la inversión, estancamiento del empleo pleno y el fuerte gasto público (especialmente en materia social) es el que disparó en los últimos años los niveles de pobreza.

Pobreza e indigencia: el impacto de la cobertura de los planes sociales
La ayuda social, especialmente la que ofrece el Estado a través de programas y planes, se ha constituido como el gran elemento de contención de la pobreza y la indigencia en el país.

De acuerdo a los números de ODSA de 2023, la tasa de indigencia treparía del 9,6% observado al 20,1% si no tuviera la cobertura de planes sociales como AUH, pensiones no contributivas ni otro tipo de apoyo.

En lo que respecta a la pobreza, el 44,7% estimado se convertiría en un 49,1% si no tuviera la contención de la AUH y otros programas sociales y pensiones no contributivas. Esto además fomenta una retracción del mercado del empleo formal y un avance del empleo informal e inestable, es decir, las “changas” o tareas temporales que permiten generar algún ingreso de subsistencia.

“La pregunta ya no es por qué aumenta la pobreza, más bien deberíamos preguntarnos cómo es que no aumentó aún más la pobreza”, consideró Salvia, en el diagnóstico de la situación socioeconómica.

Por otra parte, el empleo pleno, aquel que le genera a la persona una remuneración fija y en blanco con todos los beneficios, se mantuvo en el 40,4%. Mientras que el empleo precario fue del 26,5%.

Asimismo, el subempleo inestable (las changas) tuvo un leve ascenso y alcanzó el 24,3%, sumado al 8,8% del desempleo.

De este modo, en 2023, el 33,1% de las personas ocupadas tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza, de los cuales se suma también que el 32,5% viven en hogares pobres. “No hay un gobierno más responsable que el otro, no es cuestión de color político el aumento de la pobreza. Tampoco es cuestión de si es un modelo pro mercado o pro Estado. La gente se defiende creando su propio trabajo”, remarcó Agustín Salvia, como el fenómeno de la informalidad en el mundo del empleo, como forma de subsistencia ante la crisis.

Para 2024, el diagnóstico desde ODSA indica que la tendencia a la suba de la pobreza seguirá. Advierten que, a partir de un período de ajuste y saneamiento de la macroeconomía del país habrá un crecimiento de este factor aunque no será un salto importante en las cifras. Para Salvia, “los más afectados serán aquellos que forman parte del 30/40% de la población socioeconómica más vulnerable, a los que habrá que prestarle atención”, aclaró.

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