miércoles 10 de agosto de 2022 - Edición Nº1344

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Lado B

“Caminito”: la historia oculta detrás de uno de los tangos más famosos de nuestra historia

El mítico poema escrito por Gabino Coria Peñaloza y musicalizado por Juan de Dios Filiberto llegó al disco en la voz de Carlos Gardel y, aunque muchos asocien la historia con el famoso sendero boquense, el nieto del poeta contó el verdadero origen: una historia de pasión a comienzos del siglo pasado en Olta,en los Llanos riojanos. *Escuchá las sorprendentes versiones en italiano, polaco y japonés.*



“‘Caminito’ se inspiró en un sendero de aquel pueblito de Olta, en La Rioja, donde alguna vez transité allá por mis años mozos”, explicó varios años después de haber escrito el poema Gabino Coria Peñaloza, el autor del tango que lleva ese nombre y que alcanzó fama internacional.

Está sobradamente probado que el poema “Caminito” fue inspirado por un amor en esa zona ubicada al sur de la capital riojana, en la región de los Llanos. Olta es una pequeña localidad situada a 30 treinta kilómetros al sur de Chamical, a 170 de la capital provincial y limita al este con Córdoba.

El espacio vital que dio origen al tango tiene poco más de siete mil habitantes, pero apenas contaba con unos quinientos cuando el muchacho se embelesó con la joven.

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La topografía olteña difiere en gran medida de otras poblaciones de esa región de los Llanos riojanos, porque esta se encuentra en un vallecito rodeado de montañas bajas con vegetación verdosa, regada por canales de aguas frescas, y presidida por quebradas y diques. Durante la primavera los perfumes ofrecidos por flores de plantas nativas se entreveran con los regalados por la plaza principal, el lugar donde en 1863 fue expuesta en una pica la cabeza del Chacho Peñaloza, cortada por los coroneles del general Bartolomé Mitre.

Gabino, el poeta enamorado de una belleza de Olta, es descendiente por vía materna de ese general de las Montoneras federales. Su madre fue María Natividad del Señor Peñaloza, nacida en Tama, otra localidad recostada sobre las sierras que cruzan los Llanos. Su padre, Eusebio Coria, era mendocino, de La Paz, el mismo pueblo que lo vio nacer en 1881.

El escritor nació en Mendoza, se aquerenció en Buenos Aires y se radicó en La Rioja, más precisamente en Chilecito. El poema “Caminito” es fruto del amor y la desazón de un joven que no sobrepasaba los 20 años.

El “sendero” en dirección sudeste desde Olta hacia Loma Blanca (donde asesinaron al Chacho) tenía una acequia al costado y era el lugar elegido por Gabino y la joven, cuyo nombre jamás hizo trascender el escritor, para verse furtivamente. Alejados de la vigilancia de los padres, vivieron un intenso romance, con derivaciones insospechadas por ambos protagonistas.

Antes de la consagración, Coria Peñaloza había sido recaudador de impuestos nacionales en el sector vitivinícola de Mendoza, San Juan y La Rioja.

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Una historia de amor

Como suele pasar cuando se carece de documentación o testimonios directos de los personajes centrales de la historia, aparecen las tradiciones orales, fijadas, cambiadas y contradictorias, y con varios propaladores con versiones encontradas. En este caso, ocurre lo mismo. Cada testimonio da su visión.

A 96 años de la aparición del tango convertido rápidamente en fenómeno popular, es casi un arcano intentar conocer identidades definidas sobre quién fue en la experiencia del mundo real la joven con la que Gabino se veía a hurtadillas en medio del monte que besaba el pueblo.

El joven amaba la música, la poesía y el periodismo. “Desde chico escribía poesías para sus compañeritas de escuela”, dice Álvaro Coria Peñaloza, uno de los nietos del poeta.

La tradición oral de la familia del escritor cuenta que Gabino estuvo en Olta, de paso, cuando conoció a la joven. Es muy posible porque allí tenía familiares por parte de madre. Los detalles de cómo se vinculó con la muchacha provienen también de fuentes orales.

Al parecer, el recaudador de impuestos fue a una tertulia o a alguna de las dos únicas casas donde había un piano. Álvaro cuenta que es en ese contexto en que pidió que alguien tocara una pieza y una mujer (profesora de piano, que no podía hacerlo por haber enviudado recientemente) le sugirió que podía llamar a una de sus alumnas. “Tendría entre 16 y 17 años, hija de una familia muy conocida y pudiente de Olta”, evoca.

El muchacho quedó impactado por la belleza de la alumna de piano y con la ejecución de un par de canciones.

“Empiezan a tener una relación clandestina, porque la chica estaba comprometida para un militar de Olta, y por eso se veían en un lugar poco transitado. En un caminito con acequia, rodeado de mucha vegetación, es donde se encontraban. Todo un entorno ideal para los enamorados fugitivos que duró varios días”, relata Álvaro.

Gabino partió con el juramento de su regreso en un par de meses, pero cuando volvió ella se había ido. Rumiando tristeza, se dirigió a Villa Mercedes, San Luis, donde vivían parientes, y allí escribió la poesía. Era 1903 y debieron pasar varios años para que Juan de Dios Filiberto le pusiera música a esos versos.

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Gracias a Corsini

El sainete es una obra teatral que exige jocosidad y enredos, y si bien es de origen español, en la Argentina se reconfiguró un género criollo, utilizado por el radicalismo con fines políticos y electorales, y después repotenciado hacia la década de 1920 cuando ese partido político es gobierno nacional. Era una eficaz herramienta para mantener y profundizar la inserción en la sociedad de entonces por parte del movimiento liderado por Hipólito Yrigoyen. La naciente radio no tenía aún la masividad que sí consiguió en la década posterior.

La escritora Noemí Ulla asegura que “las representaciones del sainete ‘Los dientes del perro’, de José González Castillo y Alberto Weisbach, introducen en 1918, en Buenos Aires, el primer tango con letra, ‘Mi noche triste’, de Pascual Contursi. Recién entonces el público porteño recibe como cosa suya la expresión popular que es la letra de tango”.

En medio de un gran crecimiento de la industria cultural en el país en las primeras décadas del siglo pasado, “Caminito” fue cantada también por primera vez por el entonces actor Ignacio Corsini en el sainete “¡¡Facha tosta!!”, cuando ese intérprete todavía no había alcanzado la popularidad que sí tuvo después.

El fenómeno según el cual el tango cabalga sobre el sainete convertido en género popular se remonta a años antes. Esa inclusión de canciones forma parte de las innovaciones que se registran en ese tipo de obra teatral.

La primera señal del éxito que habrá de tener la canción data de 1926, cuando gana el primer premio en el Concurso de Canciones Nativas del Corso Oficial de Buenos Aires. El 26 de noviembre de ese mismo año “Caminito” es grabado por Carlos Gardel, pero sin la repercusión esperada. Una vez que el tango tuvo aprobación del público, Gardel insistió y lo grabó dos veces más: el 20 de julio y 20 de agosto de 1927.

Pero Corsini es quien inicia el éxito de “Caminito” el 5 de mayo de 1927 cuando lo interpreta en aquel sainete, con gran aprobación de los espectadores reunidos en el Teatro Cómico de la avenida Corrientes (todavía angosta), espacio que después se lo conocerá como “Lola Membrives”. De inmediato, la industria discográfica intuye el negocio y lleva a Corsini al estudio de grabación. A partir de entonces, “Caminito” conquista la popularidad nacional e internacional. La crítica especializada y los investigadores coinciden en que “El Choclo” (1903), “La cumparsita” (1915) y ‘Caminito’ (1926) figuran entre los tangos más famosos del mundo.

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