sábado 11 de abril de 2026
- Edición Nº2684

Columnistas

El miedo a ser reemplazado por IA: qué está pasando de verdad en oficinas, industrias y equipos de management

10:07 |¿La inteligencia artificial vino a ayudar o a reemplazar? Para Rocío Fernández Martín, el punto de partida está menos en la tecnología que en el clima interno que generaron las organizaciones.


por Rocio Fernández Martín



por Rocio Fernández Martín


La escena se repite en empresas grandes, pymes y áreas corporativas: reuniones sobre automatización, demos de nuevas herramientas y una pregunta que ya recorre pasillos, chats internos y comités ejecutivos. ¿La inteligencia artificial vino a ayudar o a reemplazar? Para Rocío Fernández Martín, el punto de partida está menos en la tecnología que en el clima interno que generaron las organizaciones. “Hay más ansiedad que evidencia, y esa ansiedad la estamos fabricando nosotros mismos con el silencio”.

La definición no es menor. Mientras el debate público suele quedar atrapado entre el alarmismo y la promesa fácil, los datos muestran un escenario bastante más complejo. El World Economic Forum proyecta que, entre 2025 y 2030, la transformación del mercado laboral afectará al 22% de los empleos actuales: se crearían 170 millones de puestos y se desplazarían 92 millones, con un saldo neto positivo de 78 millones. A la vez, 40% de los empleadores prevé reducir personal cuando la IA pueda automatizar tareas, aunque la mitad planea reorientar su negocio en respuesta a esta tecnología. 

Ese es el punto donde Fernández Martín corre el foco del fantasma clásico del reemplazo total. “Lo que sí está pasando hoy, en tiempo real, es que las organizaciones que no están haciendo nada están perdiendo competitividad. Ese es el riesgo real. No que la máquina te saque el trabajo. Que tu competidor use la máquina mejor que vos y te deje afuera del mercado”.

La evidencia internacional acompaña esa idea. La OIT actualizó en 2025 su medición global y concluyó que uno de cada cuatro trabajadores está en ocupaciones con algún grado de exposición a la IA generativa, pero remarca que, en la mayoría de los casos, los puestos serán transformados más que eliminados. 
 En paralelo, LinkedIn estimó que para 2030 cambiará el 70% de las habilidades usadas en la mayoría de los trabajos, y que desde 2022 la velocidad con la que los profesionales agregan nuevas skills a sus perfiles creció 140%.

Ahí aparece uno de los mayores errores corporativos. “Lo primero que está fallando es tratar esto como un proyecto de tecnología. No lo es. Es un proyecto de cultura”, advierte Rocío. Y agrega una frase que pega de lleno en la discusión de management: “Están implementando IA sin tener claro qué van a hacer con las personas cuyas tareas se automatizan. Eso no es transformación digital, es improvisación cara”. “La IA sin personas formadas para usarla bien es una herramienta cara que nadie aprovecha al máximo”.

La resistencia, de hecho, no siempre está donde se la busca. “Desde mi punto de vista es perder el poder, pero probablemente nadie lo dice porque suena mal admitirlo”, dice sobre los equipos de conducción. Su hipótesis es que la IA no sólo automatiza tareas: también erosiona viejos monopolios internos del saber. “La inteligencia artificial está democratizando el conocimiento de una manera que ninguna otra tecnología había logrado antes”.

Sin embargo, la contracara también empieza a medirse. PwC relevó casi mil millones de avisos laborales y concluyó que las industrias más expuestas a IA muestran un crecimiento de ingresos por empleado tres veces mayor y salarios creciendo dos veces más rápido que en las menos expuestas. 
El mensaje es incómodo, pero claro: la IA puede destruir valor cuando se usa sólo para recortar, y crearlo cuando se combina con reconversión, capacitación y rediseño del trabajo.

Por eso, la advertencia final de Fernández Martín apunta menos a la máquina que a la falta de estrategia. “Que algunos puestos van a desaparecer y no todos van a ser reemplazados dentro de la misma organización. Eso es verdad y hay que decirlo”. Pero enseguida completa la idea con otra definición clave: “La IA no es el problema. El problema es que muchas empresas llevan años sin invertir en el desarrollo real de su gente”.

En esa tensión se juega la discusión de fondo. La automatización avanza, sí. Pero en oficinas, industrias y directorios, lo que define quién queda afuera no es sólo la tecnología: es la velocidad con que cada empresa decide aprender, explicar, reconvertir y liderar.

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