El reordenamiento del PRO en Tres de Febrero no es un episodio aislado ni un simple pase de facturas entre dirigentes locales. Es, en realidad, la expresión concreta de una tensión más profunda que atraviesa al partido amarillo en la provincia de Buenos Aires: la disputa por su identidad, su estrategia y, sobre todo, su supervivencia política en un escenario cada vez más fragmentado.
La irrupción de Sergio Iacovino como articulador de un espacio crítico hacia el intendente en uso de licencia Diego Valenzuela marca un punto de inflexión. No se trata de un outsider ni de un actor marginal: Iacovino fue parte del núcleo que consolidó al PRO en el distrito. Su ruptura, por lo tanto, tiene un peso simbólico y político que desordena el tablero interno.
Las acusaciones no son menores. “Abandono de la gestión”, “intereses personales”, conducción cerrada. En el lenguaje político, esas frases no solo describen una crítica, sino que construyen una narrativa: la de un liderazgo que perdió anclaje territorial mientras prioriza acuerdos de corto plazo.
Y ahí aparece uno de los ejes centrales del conflicto: el acercamiento de Valenzuela a La Libertad Avanza. En un contexto donde el PRO aún no termina de definir si se integra, compite o negocia con el espacio libertario, la movida del exintendente fue leída por sectores internos como una cesión de identidad. Traducido al castellano político: dejar de ser PRO para sobrevivir.
Ese giro no cayó bien en los sectores alineados con Jorge Macri y Soledad Martínez, que apuestan a sostener una estructura partidaria más orgánica en la provincia. El respaldo a Iacovino no es casual: es parte de una estrategia más amplia para evitar que el PRO bonaerense se diluya en una alianza desigual con el oficialismo nacional libertario.
El conflicto también tiene una dimensión electoral concreta. Las diferencias se arrastran desde las decisiones tomadas en los comicios de 2025, donde el armado de listas y los acuerdos políticos generaron malestar en sectores históricos. La crítica es clara: se priorizó la coyuntura sobre la construcción a largo plazo. O, en términos menos elegantes, se improvisó.
Pero la interna no se queda en la rosca partidaria. El nuevo espacio opositor busca anclarse en críticas a la gestión municipal: problemas en servicios, falta de mantenimiento urbano y una conducción que consideran distante. En política, cuando la discusión baja al territorio, deja de ser ideológica y empieza a ser peligrosa.
La situación institucional del distrito agrega otra capa de complejidad. Con Valenzuela desempeñándose como senador bonaerense y Rodrigo Aybar a cargo de la intendencia interina, el poder aparece desdoblado, aunque dentro del propio PRO reconocen que el exjefe comunal sigue influyendo en las decisiones. Un esquema que, lejos de ordenar, alimenta la percepción de desdibujamiento en la conducción.
Lo que ocurre en Tres de Febrero, en definitiva, funciona como un laboratorio de lo que puede pasar a escala provincial. El PRO enfrenta una disyuntiva incómoda: redefinirse como fuerza autónoma o subsumirse en una alianza con La Libertad Avanza que le garantice competitividad electoral, pero a costa de su identidad.
Mientras tanto, dirigentes como Iacovino ya juegan a 2027.