por Ximena Gauto
por Ximena Gauto
El fenómeno ya tiene números. A nivel global, el 75% de los trabajadores del conocimiento usa IA en el trabajo y el 46% empezó a hacerlo hace menos de seis meses. Pero el mismo relevamiento detectó un problema de fondo: mientras los empleados avanzan, muchas organizaciones todavía no tienen un plan claro para transformar ese uso en productividad, negocio y ventaja competitiva.
En Argentina, la escena es parecida. Uno de cada cuatro trabajadores ya usa IA para buscar información, analizar datos o generar contenidos. Sin embargo, solo el 16% de las empresas tiene una estrategia formal de adopción y menos del 15% ofrece capacitación. Al mismo tiempo, el 89% de quienes la usan asegura que mejora su desempeño laboral. La adopción avanza. La transformación, bastante menos.
Ahí es donde Ximena Gauto Acosta pone el foco. Para ella, las empresas que mejor están aprovechando esta tecnología no son las que compran más licencias ni las que más hablan de innovación, sino las que entienden que la IA no se incorpora por decreto. “Lo que veo en las que realmente logran resultados es que no se quedan solo en la tecnología. Se preguntan cómo integrarla a la cultura, cómo alinearla con lo que la organización ya es y quiere ser.”
La definición baja todavía más a tierra cuando explica qué hacen distinto esas organizaciones. “Y hay algo que marca mucha diferencia: rediseñan los flujos de trabajo junto con las personas que están a cargo de esa tarea. No les bajan una herramienta de arriba — co-diseñan el cambio con ellas. Eso es lo que genera impacto real.” En otras palabras: el diferencial no pasa solo por la tecnología, sino por la forma en que una empresa reorganiza tareas, decisiones y equipos para que esa tecnología produzca valor.
Por eso también una pyme puede correr más rápido que una gran corporación. “Las pymes tienen una ventaja que no siempre se nombra: la necesidad. Y lo digo como dueña de pyme desde hace más de 26 años — en una pyme tenés que hacer más con menos, siempre. Esa restricción, bien aprovechada, es un motor enorme. Con un liderazgo que empuje las decisiones, equipos dispuestos a repensar cómo trabajan, y una inversión no tan grande, los resultados llegan mucho más rápido.”
Del otro lado, en muchas organizaciones grandes, el tamaño deja de ser fortaleza y se convierte en freno. Procesos eternos, líderes con poco apetito de riesgo y pilotos que nunca llegan a escala. No es casual que Microsoft haya advertido que la presión por mostrar retorno inmediato está volviendo más lentas a muchas empresas, incluso cuando sus propios líderes reconocen que adoptar IA ya es una necesidad competitiva.
El problema es que el mercado laboral no espera. El Foro Económico Mundial proyecta que para 2030 se crearán 170 millones de empleos y se desplazarán 92 millones, mientras que cerca del 40% de las habilidades requeridas en el trabajo cambiarán. La brecha no va a estar solo entre empresas que usan IA y empresas que no, sino entre organizaciones capaces de reconvertir a su gente y organizaciones que lleguen tarde.
En ese punto, Gauto Acosta plantea una advertencia central: “El verdadero desafío es transformar con equilibrio: balancear la urgencia con la intención, y sumar a las personas para que esa intención aterrice en resultados concretos.” La frase pega en un momento en que la ansiedad por “hacer algo con IA” empuja a muchas compañías a invertir sin revisar cultura, liderazgo ni formación.
También rechaza una lectura apocalíptica sobre el empleo. “El riesgo real hoy no es el reemplazo masivo e inmediato. Es no acompañar a las personas en la transición antes de que la brecha entre quienes se adaptan y quienes no se vuelva irreversible.” El dato dialoga con la evidencia más reciente: Anthropic detectó que la IA todavía está lejos de cubrir todo lo que teóricamente podría hacer, encontró evidencia limitada de impacto visible en desempleo y sí observó señales tempranas de menor ingreso de jóvenes a ocupaciones más expuestas.
La conclusión incómoda para muchas empresas es que la ventaja no se compra solamente. Se construye. Y se construye antes en la cultura que en el software. Gauto Acosta lo resume con una imagen precisa: “Todas las organizaciones están en la misma tormenta. Pero cada organización es un barco diferente. El liderazgo es el timón.”