Los partidos tradicionales tienen una obsesión curiosa: cada tanto necesitan “volver a ser”, como si en algún momento hubieran dejado de existir del todo. En ese espíritu, la Unión Cívica Radical bonaerense se reunirá este jueves 9 en La Plata con un objetivo que suena ambicioso y, al mismo tiempo, urgente: reorganizarse y encontrar un rumbo en medio de su propia crisis interna.
El encuentro, convocado para las 19 en el espacio RÍA Eventos, reunirá a dirigentes de peso del radicalismo provincial, especialmente de la Primera, Tercera y Octava sección electoral. Allí se espera una discusión que no será cómoda: cómo resolver las tensiones internas y, sobre todo, qué estrategia adoptar frente a un escenario político dominado por el oficialismo libertario y un peronismo que sigue siendo competitivo.
El partido que conduce el senador nacional Maximiliano Abad llega a esta cita con más preguntas que certezas. “Necesitamos unidad, un partido valiente y dirigentes que estén a la altura de las circunstancias. Estamos viviendo un mundo de ruptura. Y si la UCR no comprende los nuevos tiempos, vamos a perder representación”, advirtió el propio Abad en un reciente encuentro en Mar del Plata. Traducción política: el margen de error ya no existe.
La reunión contará con la presencia de figuras históricas como Daniel Salvador, ex vicegobernador bonaerense, y Gustavo Posse, ex intendente de San Isidro, en un intento de mostrar volumen político en un momento donde el radicalismo busca recuperar centralidad.
Pero el problema no es solo hacia afuera. La UCR bonaerense arrastra una crisis interna que viene desde las elecciones partidarias de octubre de 2024, un proceso atravesado por cuestionamientos, denuncias de irregularidades y anulaciones parciales que dejaron al partido en una situación institucional frágil.
Para sostener la estructura, en mayo de 2025 se conformaron órganos transitorios —un Comité y una Convención de Contingencia— encargados de conducir el partido hasta normalizar su funcionamiento. En ese marco, se había fijado inicialmente el 6 de septiembre de 2026 como fecha para las elecciones internas. Sin embargo, una decisión tomada el pasado 6 de marzo adelantó los comicios al 7 de junio, lo que volvió a encender la disputa interna.
El cambio no fue pacífico. Sectores del partido, encabezados por el coordinador del Comité de Contingencia, Miguel Ángel Fernández, llevaron el conflicto a la Justicia electoral, argumentando irregularidades en la convocatoria y la ruptura de acuerdos previos. Sin embargo, el tribunal federal con competencia electoral en La Plata desestimó los planteos y validó el adelantamiento de las elecciones.
Con ese fallo, el radicalismo logró cerrar —al menos formalmente— un capítulo de su crisis. Pero la tensión política sigue latente y se cuela en cada discusión sobre el futuro del partido.
En paralelo, el contexto nacional tampoco ayuda. Con el gobierno de Javier Milei atravesando turbulencias y el peronismo reorganizándose, la UCR enfrenta una pregunta incómoda: si será un actor central en la reconfiguración política o apenas un espectador con pasado glorioso.