El futuro del complejo hotelero de Chapadmalal volvió a encender una disputa política que excede largamente la gestión de un predio estatal. La decisión del Gobierno nacional de avanzar con su concesión a largo plazo abrió un nuevo frente de conflicto, con la Unión Cívica Radical proponiendo un camino alternativo que incorpora a la Universidad Nacional de Mar del Plata en el esquema de uso del espacio.
El senador nacional Maximiliano Abad se posicionó en el centro de esa discusión al respaldar una iniciativa presentada en el Concejo Deliberante local por el bloque UCR + Nuevos Aires. El proyecto plantea la cesión de una parte del complejo para el desarrollo de un campus universitario, con infraestructura académica y residencias para estudiantes, retomando una idea que ya había comenzado a circular en 2025.
La propuesta aparece como una respuesta directa al rumbo fijado por la Casa Rosada. Desde el Gobierno, el vocero presidencial Manuel Adorni confirmó la intención de concesionar los hoteles por un plazo de 30 años, bajo el argumento de atraer inversiones privadas, modernizar las instalaciones y reducir el costo de mantenimiento estatal. En esa lógica, Chapadmalal deja de ser concebido como una política de turismo social para transformarse en un activo con potencial económico.
Pero la discusión no es solamente técnica ni presupuestaria. El complejo arrastra una carga simbólica difícil de ignorar: durante décadas fue uno de los emblemas del acceso al turismo para sectores populares. Su redefinición abre un debate más profundo sobre el rol del Estado y el destino de los bienes públicos.
En Mar del Plata, además, el movimiento del radicalismo no pasa desapercibido. La incorporación de la universidad en la disputa introduce un actor con legitimidad social, pero también revela que detrás del proyecto académico hay una puja más amplia por el control de un territorio estratégico. No es cualquier terreno: es costa, es historia y es, inevitablemente, negocio.
A ese escenario se suma una preocupación que no desaparece, por más discursos que circulen: la situación laboral. La falta de definiciones concretas y la paralización del complejo vienen generando incertidumbre entre trabajadores y sectores vinculados a su funcionamiento. Cada anuncio, lejos de aclarar el panorama, profundiza la sensación de que el desenlace puede impactar directamente en el empleo.
Así, Chapadmalal vuelve a condensar varias tensiones en simultáneo: modelo de desarrollo, uso del espacio público, intereses económicos y disputa política. Milei empuja la concesión, el radicalismo propone una alternativa universitaria y, en el medio, queda una pregunta bastante incómoda: si esto se define por inversión, por historia o por quién tiene más poder para quedarse con la lapicera.