El mercado de alquileres transita una etapa de reconfiguración marcada por dos dinámicas que conviven: contratos aún vigentes bajo la derogada Ley de Alquileres, con ajustes anuales por el Índice de Contratos de Locación (ICL), y nuevos acuerdos posteriores al DNU, con actualizaciones más frecuentes y esquemas más flexibles.
En ese contexto, abril llega con subas que vuelven a poner en discusión el nivel real de los precios y el equilibrio entre oferta y demanda. El ajuste anual previsto para abril se ubica en 33,3%, una cifra que empieza a alinearse con la dinámica inflacionaria.
Según expertos, el impacto de estos ajustes ya se puede medir sobre un caso testigo. Para un alquiler actual de $600.000 en un tres ambientes, los incrementos se distribuyen de la siguiente manera: ajuste anual por ICL (33,3%), correspondiente a contratos aún vigentes bajo la Ley de Alquileres: pasa a $799.800; ajuste trimestral (6,2%), bajo esquemas acordados tras el DNU: pasa a $637.200; ajuste cuatrimestral (8,5%), en contratos post DNU: pasa a $651.000; y ajuste semestral (12,5%), también en acuerdos posteriores al DNU: pasa a $675.000.
La diferencia entre esquemas no es menor. Mientras el contrato anual concentra el aumento en un solo salto, los acuerdos más cortos reparten la suba en el tiempo, aunque con acumulación progresiva. La frecuencia del ajuste gana peso en la negociación.
El mercado muestra señales de estabilización, con un volumen de unidades disponibles que se mantiene prácticamente sin cambios frente al año pasado. La oferta se mantuvo estable, con apenas una caída del 1,45%. Esto opera como un límite a la suba de precios y genera mayor competencia entre propietarios.
En términos de referencia, los valores actuales se ubican en: monoambiente: $465.000; dos ambientes: $600.000; tres ambientes: $782.500; y cuatro ambientes: $900.000. La brecha entre zonas sigue presente, aunque con matices.
Las expensas ganan protagonismo y, en muchos casos, alcanzan niveles similares al valor locativo. Es clave analizar qué incluyen, porque hay casos donde representan un costo equivalente al alquiler.
La negociación caso por caso se impone como regla, con mayor peso de variables como expensas, condiciones contractuales y capacidad de pago. La combinación de ajustes más previsibles, oferta estabilizada y mayor margen de negociación configura un escenario distinto al de años anteriores.
En ese marco, el mercado muestra una transición hacia un esquema más flexible, pero también más complejo. La tensión entre propietarios e inquilinos no desaparece, pero se canaliza de otra manera, con acuerdos más dinámicos y adaptados a cada operación.