La política local tiene esa capacidad casi artística de autodestruir sus propias mayorías. Esta vez le tocó a Morón, donde el intendente Lucas Ghi decidió dinamitar la unidad que sostenía a Fuerza Patria desde 2019 y quedarse, curiosamente, con menos de lo que tenía. Una jugada arriesgada o una necesidad inevitable, según quién la cuente.
El quiebre se formalizó este 25 de marzo mediante un memorándum presentado en el Honorable Concejo Deliberante. Allí, los concejales Miguel Agustín Ramponelli, Claudio Román, José María Ghi, Alfonso Martínez, Vanina Moro y Adrián Colonna anunciaron la conformación de un nuevo bloque denominado PJ-MDF (Partido Justicialista – Movimiento Derecho al Futuro). Como detalle nada menor, Ramponelli fue designado presidente del espacio.
La imagen institucional del documento no logra disimular lo evidente: el oficialismo voló por los aires. Donde antes había una mayoría de 13 concejales, ahora el intendente conserva apenas seis alineados. El resto del mapa quedó fragmentado en tres piezas: el luquismo (ahora formalizado), el sabbatelismo y el Frente Renovador.
Sí, tres oficialismos dentro de un mismo oficialismo. Nada que sorprenda demasiado en la fauna política bonaerense.
La decisión de Ghi, según operadores cercanos, responde a una lógica de “sacarse el lastre” y redefinir alianzas. Traducido: romper antes de que lo rompan. En ese movimiento también se lee una estrategia más amplia, marcada por la disputa interna con figuras que ya proyectan candidaturas, como Martín Sabbatella y Martín Marinucci.
Pero el problema de las jugadas de ajedrez es que después hay que jugar la partida completa. Y en este tablero, el Concejo Deliberante quedó convertido en un rompecabezas.
El nuevo bloque PJ-MDF reúne perfiles diversos, por decirlo de manera amable: desde el propio hermano del intendente, José María Ghi, hasta el concejal del PRO Adrián Colonna, pasando por figuras del peronismo local como Román y Ramponelli. También se suma Vanina Moro, una dirigente de estrecha cercanía con el intendente, y Alfonso Martínez, vinculado al sindicalismo gastronómico.
Una mezcla que parece más una necesidad matemática que una construcción política coherente.
Mientras tanto, el sabbatelismo conserva su propio bloque y el massismo mantiene la presidencia del cuerpo en manos de Sibila Botti, lo que convierte cada votación en una negociación fina, casi quirúrgica.
El primer gran test será el Presupuesto 2026, la herramienta que el propio Ghi definió como clave para su gestión. Sin mayoría propia, el intendente deberá hacer lo que evitó hasta ahora: acordar con quienes acaba de dejar atrás.
La escena es bastante clara: un oficialismo fragmentado, un intendente en minoría y un Concejo que dejó de ser un trámite para convertirse en un campo de batalla.