La política bonaerense comenzó a moverse con anticipación. A tres años de la elección que definirá al sucesor del gobernador Axel Kicillof, el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, decidió dar el primer paso y plantear abiertamente su aspiración de competir por la gobernación.
“Me gustaría ser candidato a gobernador”, afirmó durante una entrevista en el streaming político Uno Tres Cinco. Pero más que una expresión personal, la frase encierra un posicionamiento estratégico dentro del peronismo bonaerense: la idea de que el próximo liderazgo provincial debería surgir de los intendentes del conurbano.
Menéndez sintetizó ese argumento en una consigna clara: “Llegó la hora de que un intendente sea gobernador de la Provincia”.
No se trata de una frase improvisada. En el esquema de poder del peronismo bonaerense, los jefes comunales siguen siendo el núcleo territorial más sólido del movimiento. Controlan estructuras políticas locales, gestionan distritos de alta densidad poblacional y sostienen redes de militancia que resultan decisivas en cualquier elección provincial.
Desde esa lógica, el intendente de Merlo intenta instalar una discusión que atraviesa al PJ desde hace años: si el liderazgo bonaerense debe seguir concentrado en figuras con proyección nacional o si debe volver a apoyarse en el poder territorial del conurbano.
La referencia no es casual. La gestión de Kicillof representó un liderazgo político con fuerte impronta nacional dentro de la provincia, algo que algunos intendentes consideran una excepción dentro de la tradición del peronismo bonaerense.
En paralelo, Menéndez también trazó una lectura sobre el momento que atraviesa el movimiento tras la derrota electoral de 2023 frente al presidente Javier Milei.
El jefe comunal planteó una autocrítica hacia el interior del peronismo al sostener que “en nuestros errores generamos las condiciones para que Milei llegue al poder”. La frase refleja un diagnóstico que empieza a repetirse en distintos sectores del PJ: la derrota no solo respondió al avance libertario sino también a problemas internos del propio espacio.
A pesar de sus aspiraciones provinciales, Menéndez evitó cuestionar la centralidad política de Kicillof dentro del peronismo. De hecho, sostuvo que hoy el único candidato presidencial del espacio es el actual gobernador bonaerense, aunque consideró saludable que aparezcan otras figuras competitivas.
Ese equilibrio discursivo muestra otra dimensión de la jugada: posicionarse sin confrontar con el liderazgo vigente.
Sin embargo, Menéndez no es el único dirigente que comienza a perfilarse dentro del tablero peronista bonaerense. Entre los nombres que circulan aparece la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, la dirigenta del Movimiento Evita que logró consolidar su liderazgo en uno de los distritos más complejos del conurbano.
Fernández representa otro tipo de construcción política dentro del peronismo: una combinación entre gestión municipal, militancia territorial y articulación con organizaciones sociales. Su proyección también refleja el peso creciente de esos espacios dentro de la estructura del PJ.
El trasfondo de estas señales tempranas es una discusión más profunda: quién conducirá al peronismo bonaerense en la etapa posterior a Kicillof.
En ese escenario aparecen tres posibles caminos. Uno es la continuidad de un liderazgo con proyección nacional, alineado con la figura del actual gobernador. Otro es el ascenso de un intendente del conurbano con fuerte estructura territorial. El tercero, todavía más difuso, es una síntesis entre ambos modelos.
Menéndez intenta instalarse dentro de la segunda opción. Su discurso a favor del protagonismo de los intendentes y su defensa de la reelección indefinida de los jefes comunales apuntan en esa dirección.
La carrera, sin embargo, recién comienza. Y en el peronismo bonaerense las candidaturas suelen definirse mucho más cerca de la elección que de las declaraciones iniciales.
Por ahora, lo que empieza a configurarse es el clima político previo: movimientos tácticos, posicionamientos públicos y dirigentes que comienzan a insinuar su ambición.