La decisión de Karina Milei de frenar la creación de la Agencia Nacional de Migraciones dejó expuestas las tensiones internas dentro del universo libertario y reconfiguró el mapa político en la provincia de Buenos Aires, donde ya comienza a perfilarse la disputa por la sucesión del gobernador Axel Kicillof.
El proyecto, anunciado en noviembre de 2025 por la entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich, preveía la creación de un organismo especializado que concentrara funciones de coordinación fronteriza, inteligencia migratoria y control de amenazas transnacionales. Incluso se había avanzado en el diseño institucional y en los nombres que integrarían su estructura.
Sin embargo, el decreto nunca verá la luz del Boletín Oficial. La orden de frenar la iniciativa salió directamente del despacho de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, quien decidió bloquear tanto la creación de la agencia como las designaciones que estaban en marcha, entre ellas la del exintendente de Tres de Febrero Diego Valenzuela, quien iba a encabezar el organismo.
La decisión responde a una combinación de factores políticos. Por un lado, la creciente interna en torno al diseño del nuevo organismo, donde chocaban dos visiones opuestas. Por otro, la incomodidad de Karina Milei con el perfil político de Valenzuela y con la dinámica de poder que comenzaba a gestarse alrededor de la nueva estructura estatal.
Las diferencias se expresaron principalmente entre el equipo que respondía al entorno de Seguridad y el grupo técnico que trabajaba junto a Valenzuela.
La actual ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, impulsaba una agencia de perfil acotado, con estructura reducida y competencias limitadas, buscando evitar superposiciones con su cartera y mantener el control político de la agenda migratoria.
Valenzuela, en cambio, promovía una estructura con mayor peso institucional y proyección estratégica. Entre sus propuestas figuraba la creación de una Policía de Migraciones, inspirada en el modelo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), lo que implicaba ampliar significativamente las capacidades operativas del organismo.
Ese diseño implicaba también la conformación de un organigrama robusto y un equipo técnico especializado, con capacidad de intervención en seguridad fronteriza e inteligencia migratoria. El contraste entre ambos enfoques alimentó una disputa que comenzó a incomodar en la Casa Rosada.
Para Karina Milei, que ejerce un rol central en la arquitectura del poder libertario, el conflicto representaba un riesgo político innecesario. La agencia ni siquiera había sido creada formalmente y ya estaba generando tensiones internas que amenazaban con trasladarse al plano público.
A ese escenario se sumó otro elemento: el perfil político de Valenzuela. El exintendente de Tres de Febrero es uno de los dirigentes con mayor proyección territorial dentro del ecosistema libertario en la provincia de Buenos Aires. Su salto desde el PRO hacia La Libertad Avanza lo convirtió en uno de los primeros referentes con experiencia de gestión municipal en alinearse con el proyecto de Javier Milei.
Sin embargo, su visibilidad y cercanía con el Presidente no terminan de convencer a Karina Milei, quien privilegia un esquema de liderazgo centralizado y bajo control político directo y el de su mano derecha, Sebastián Pareja.
Según trascendió en diversos medios bonaerenses, la secretaria general le hizo saber a Valenzuela que la exposición pública de su vínculo con el jefe de Estado no era considerada un activo político dentro del esquema de conducción que impulsa el oficialismo.
La advertencia refleja la lógica interna del gobierno libertario: el poder se ordena alrededor de la figura presidencial, pero su administración cotidiana pasa por el filtro de la secretaria general, conocida dentro del oficialismo como “El Jefe”.
La decisión de congelar la nueva agencia deja a Valenzuela nuevamente en el escenario político bonaerense. El dirigente había asumido su banca como senador provincial por la Primera sección electoral el 9 de diciembre pasado, pero pidió licencia inmediatamente con la expectativa de encabezar la futura Agencia Nacional de Migraciones.
Con el proyecto archivado y el freezer en modo ON, finalmente regresará a la Legislatura bonaerense en las próximas sesiones.
La cancelación de la Agencia Nacional de Migraciones funciona, en ese contexto, como un mensaje político hacia adentro del oficialismo. Más que un simple freno administrativo, la decisión confirma que el control del poder dentro del gobierno de Javier Milei pasa por el despacho de Karina Milei y que ningún proyecto institucional de peso avanza sin su aval directo.
En un oficialismo todavía en construcción, donde conviven dirigentes provenientes de tradiciones políticas distintas, la secretaria general parece decidida a mantener el equilibrio interno bajo una regla clara: el crecimiento político individual no puede desbordar el esquema de conducción centralizada.