Desde sus redes sociales, el mandatario publicó un mensaje bajo el título “Batalla cultural” en el que, fiel a su estilo confrontativo, agradeció irónicamente a los empresarios por “dejar en evidencia” lo que definió como un sistema económico corrupto heredado. En el mismo posteo, utilizó apodos para referirse a Paolo Rocca, Javier Madanes Quintanilla y Roberto Méndez, a quienes rebautizó como “Don Chatarrín de los Tubitos Caros”, “Don Gomita Alumínica” y el “Señor Lengua Floja”.
El detonante de la ofensiva presidencial fueron las declaraciones del CEO de Neumen, Roberto Méndez, quien en una entrevista reconoció que el sector vendió neumáticos a precios artificialmente elevados durante los años de restricciones a las importaciones. “Estábamos robando las multinacionales y nosotros, porque teníamos un mercado que no era real”, afirmó. La frase cayó como combustible sobre una escena política ya inflamable.
BATALLA CULTURAL
— Javier Milei (@JMilei) February 26, 2026
Agradezco profundamente con todo mi alma, las contribuciones enormes que han hecho Don Chatarrín de los Tubitos Caros, Don Gomita Alumínica y el Señor Lengua Floja en los últimos 30 días. Han dejado en evidencia al sistema corrupto que hundió a los argentinos de…
Méndez, además, respaldó públicamente al ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y sostuvo que el nuevo escenario obligará a las empresas a abandonar márgenes de remarcación del 70% para adaptarse a una rentabilidad “normal” del 20%. Para la Casa Rosada, esas declaraciones confirmaron su diagnóstico: que durante años existió un esquema de privilegios empresariales sostenido por regulaciones y barreras comerciales.
El vínculo con el sector industrial ya venía deteriorado. El anuncio del cierre de una planta de Fate, comunicado por Javier Madanes Quintanilla en la antesala del debate de la reforma laboral en el Congreso y en coincidencia con un paro de la CGT, fue interpretado en el Gobierno como un gesto político. En el entorno presidencial no hablaron de crisis productiva sino de “provocación”. Milei respondió en X con una frase breve y punzante: “¿Conspiranoico yo? Fin”.
El conflicto revela una fractura que excede lo discursivo. Mientras el Ejecutivo impulsa una agenda de desregulación y apertura económica, parte del empresariado industrial advierte sobre el impacto de la competencia externa y el nuevo esquema de costos laborales. En el medio, la discusión por la reforma laboral actúa como catalizador de tensiones acumuladas.
La narrativa presidencial se apoya en la idea de que no solo existe una “casta política”, sino también una “casta empresarial” que habría prosperado bajo un modelo cerrado y protegido. El mensaje es claro: si hay ajuste, debe alcanzar a todos.